No es de Edgar Allan Poe, es real…

Aquella "la salida", y la quema de un enfermito mental en Mérida…

En aquellos meses de 2014, uno de los mayores horrores lo sufrió Mérida, principalmente, por todo el espinazo que comprende La Liria, Las Marías, la "Urbanización Cardenal Quintero", El Campito, junto con el Viaducto Campo Elías que conecta todo este sector con el centro de la ciudad.

En aquellos meses, se veía fuego y humo por doquier, desde allí hacia norte, hasta La Hechicera, pasando por Santa Ana, lo que se conecta con los Chorros de Milla, pasando por la Alberto Carnevali hasta llegar a la Avenida Universidad, La Hollada, por sus costados, y más allá.

Cerca de El Campito, está el CC Plaza Mayor en el que durante unas protestas, en cuyos escalones, turbas de vándalos, por las noches, y durante algunas jornadas de receso (después de haber incendiado y saqueado gran parte del Centro) se reunían para evaluar los resultados de sus "gestas" y pillerías. En una de esas noches, algunos de aquellos revoltosos, sacaron a relucir sus trofeos consistentes en varias botellas de ron, whisky o vino. Uno los define como malandros, pero a fin de cuentas vienen siendo en su mayoría muchachos de familias de clase media que han recibido cierta educación tanto en sus casas como en liceos o colegios privados a los que han asistido y obtenido cartas de buenas conductas como también buenas calificaciones, muy católicos la mayoría. Creyentes tanto en Dios como en Satanás, pero en esencia muchachos "buenas gentes", "buenas personas", que encontrándose solos son capaces de matar solidaridad automática con sus compañeros.

Pues allí, en las escalinatas del CC Plaza Mayor, se encontraban la referida noche, en unas de esas faenas en las que revisaban las proezas de sus robos y destrucciones, cuando se les acerca un muchacho del sector, que sufría de trastornos mentales. El pobre muchacho quería unirse a la macabra celebración, intimar y que de algún modo se le tomara en cuenta, en su equivocada creencia de que aquello es lo que debe emularse; él lo veía como una fiesta victoriosa, algo parecido a una carnavalada, de las que tanto se celebran durante las Ferias del Sol. Alguien grita en la ventolera de la diversión, advirtiendo que se debe tener cuidado porque aquel joven podía ser un falso enfermo y se más bien un "infiltrado". Alguien va más lejos y lo define con una expresión muy de moda entonces "¡ENCHUFADO!". Un tercero, por su vestimenta, lo cataloga sin muchos miramientos de "CHAVISTA". El pobre trastornado, se ríe al creer, confundido, y hasta llegando a pensar, quizá, que las chanzas son porque lo quieren incluir en el grupo. No saben que aquellos guarimberos se están enfureciendo, saliéndose de control. El muchacho entonces quiere retirarse, pero retienen, lo invitan a echarse un palo, y bajo un acuerdo tácito de los malandros, lo van rodeando. Uno de los zagaletones que quiere dar inicio a la fiesta, irascible pide rodear al "intruso", a sabiendas de que evidentemente por sus torpezas y desvaríos se trataba sólo de un enfermito mental.

El asunto clave para la banda es la oportunidad que se le presenta para ejecutar lo que desde hace tiempo vienen buscando: "MATAR Y QUEMAR UN CHAVISTA". Ya han visto que esta es una práctica ejecutada en varias ocasiones en ciudades como Caracas, Barquisimeto, San Cristóbal, Maracay y Valencia, y es un grito que se ha estado haciendo muy popular en protestas, marchas y trancas en las calles: "¡VAMOS A QUEMAR CHAVISTAS!". A todos aquellos manganzones se les hace claro el mensaje, por lo que optan por llevarlo a cabo en aquel personaje que se les presenta a las mil maravillas, más aún si se trata de un simple loco.

Es así como se le da inicio a la bárbara tunda, que con sevicia, con toda clase de monstruosidades proceden a realizar: comienzan por darles empujones, luego propinarles golpes en la cara, al estómago y después utilizar un palo con el que le dan en la cabeza. Pese a la tremenda paliza el pobre enfermito a veces se ríe, a veces dice que él sabe bailar y cantar, y le piden que lo haga. El muchacho medio mareado procura dar unos pasos, se forma una rueda a su alrededor para írselo pasando en una ronda de golpizas; cuando está casi desfallecido y se va de bruces, lo apedrean. Van viendo que casi no se mueve, que parece un saco ensangrentado y oscuro en el suelo y en suponiendo que está muerto o medio muerto, se lanza el espantoso grito, de moda en aquel momento en la oposición: "¡A quemarlo, es un maldito chavista!".

Lo rocian con gasolina, forman otro círculo más extenso, se da la orden de prenderle fuego y estallan pavorosas llamaradas alrededor de la cual se danza.

Nadie investigó aquel espantoso crimen. Era tal el horrendo escenario de escarnio y de virulenta guerra mundial mediática contra el gobierno, con canallas artistas celebrando la muerte de chavistas en Los Grammys, en Los Óscar y conciertos con el pensamiento dominante de que los chavistas son unos malditos que merecen la muerte y ser quemados; se estaba tan aturdido en el país, envilecida las almas a fuerza de que nos encontramos en medio de tanta sangre y horrores, que muchos asesinatos se dejaron a la buena de Dios, más bien deseando olvidar tanta crímenes, porque se veía imposible que alguien en la tierra pudiera hacer justicia, siendo que Estados Unidos y la Unión Europea ven como heroico, justo, valiente, grandioso y sublime todo cuanto Leopoldo López y su banda ha venido ejecutando en Venezuela… "para lograr el respeto de los derechos humanos, la libertad y la restauración de la democracia".

¡VERÍDICO!

 



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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