Enemigos de la revolución

Adulantes y pseudoexpertos constituyen enemigos muy importantes de la revolución, pues por un lado ocultan las deficiencias, los desaciertos y los desafueros del proceso y, por la otra, racionalizan las fallas y perversiones para justificarlas con los argumentos más absurdos y estúpidos, y descalificaciones inaceptables de quienes las denuncian, lo que en lugar de sumar, que es lo que le interesa al proceso, resta y divide, para beneplácito de esa oposición que quiere convertir a Venezuela en un Puerto Rico cualquiera.

Hay contradicciones gubernamentales que no pueden ser despachadas con la calificación de “intelectual tradicional”, hecha a Margarita López Maya, por haber rechazado la idea de la Ley Habilitante, por uno de estos “expertos” de apellido extraño sin explicar más nada, sin decir el origen de su apreciación, sin nada substantivo; sólo el uso de calificativos en la misma forma que se utilizaban contra la gente progresista y revolucionaria en el pasado. ¡Una Asamblea sin diputados opositores, dedicada sólo a legislar y hay necesidad de una Ley Habilitante! Además de sorpresa es para preguntarse: ¿Por qué? El “experto” del calificativo descubre el agua tibia y nos dice: “porque el pueblo está apurado” en que le resuelvan sus problemas de años.

Por supuesto que está impaciente, ante una deuda social que sigue creciendo. Es lógico que este apurado, pues a los 40 años de espera del puntofijismo se le sumaron 8 años de este proceso, sin que las promesas se cumplan. ¿Y por qué no se cumplen? Si es por falta de leyes, la mayoría de los diputados no han debido de ser reelegidos, pues son los responsables de este hecho. Y si los electos no pueden hacer rápidamente las leyes requeridas, a pesar de no tener quien se les oponga, hay que disolver la Asamblea y elegir otra, más capaz y mucho más comprometida. Pero pregunto: ¿Fue por falta de leyes que el ministro Carrizalez no construyó las viviendas debidas? ¿Fue por eso que lo ratificaron y designaron ministra a su esposa?

Pareciera que el apuro popular no se resuelve con la Ley Habilitante. Es un problema de la escogencia de ministros y funcionarios por sus conocimientos, dedicación y compromiso ético y no por las simpatías que despierten en el Presidente.


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Luis Fuenmayor Toro


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