Colapsan las emisiones de CO2 de Venezuela

Las emisiones de CO2 de Venezuela por consumo de combustibles fósiles se redujeron en 60% entre el 2015 y el 2020, un aparente logro cuyo motivo provocó un inmenso sufrimiento a la población venezolana.

Tras 23 años de negociaciones, en diciembre 2015 se concretó el Acuerdo de París en la Organización de Naciones Unidas. Su objetivo es evitar que el aumento de la temperatura superficial promedio exceda los 2°C para finales de siglo, haciendo lo posible por limitarlo a 1,5°C. El 2020 cerró con un aumento de temperatura de 1,2°C sobre el promedio de la época pre-industrial (IPCC AR6 2021). El margen disponible es peligrosamente limitado.

Las tendencias actuales implican que el límite de 1,5°C se excederá en apenas 10 años, el de 2°C para el 2050, con un aumento de 4°C para finales de siglo, un escenario infernal que no se ha registrado desde finales del Mioceno, hace 10 millones de años, cuando los humanos no existían y el nivel del mar se encontraba 24 metros por encima del que conocemos (1). Las tendencias actuales conducen a la transformación del mundo que le dejamos a nuestros descendientes inmediatos en un planeta hostil y desconocido para la especie humana.

Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando. Para el 2019 habían superado las 50.000 millones de toneladas anuales, con las de CO2 por consumo de combustibles fósiles excediendo las 36.000 millones de toneladas/año. En el 2020 se registró una breve reducción de emisiones como consecuencia del impacto económico global de la pandemia del COVID-19.

En las negociaciones del Acuerdo de París se han hecho múltiples promesas, casi en su totalidad incumplidas. En el supuesto de que todos los países cumplan todas sus promesas, un escenario altamente improbable, se registraría un aumento de temperatura de 3°C para finales de siglo, poniendo en peligro la seguridad de la humanidad y condenando a millones de especies de plantas y animales a su desaparición. La última vez que se registró un aumento de temperatura de 3°C el nivel del mar se encontraba entre 14 y 16 metros por encima del que conocemos.

Limitar el aumento de temperatura a 1,5°C es poco probable, especialmente ante la falta de solidaridad internacional para que los países en desarrollo, donde se encuentra la mayor parte de la humanidad, puedan cumplir con sus obligaciones sin condenar a sus poblaciones a la pobreza y el endeudamiento perpetuo (3). Limitar el aumento de temperatura a 1,5°C requiere reducir las emisiones a la mitad para el 2030 con respecto a las de 1990, y alcanzar emisiones netas cero para el 2050 en todos los países del mundo (IPCC AR6 2021). Para lograrlo se requiere la inversión de aproximadamente 3 billones de dólares anuales durante al menos 10 años consecutivos (3).

Son muy pocos los países capaces de alcanzar estos objetivos, salvo los más avanzados económica y tecnológicamente. Sin embargo, las emisiones de CO2 de Venezuela por consumo de combustibles fósiles se han reducido en 60% en apenas 5 años (2015-2020), mientras que Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, Japón, entre otros, sólo las han podido reducir en un 15% promedio en el mismo período.

Ningún otro país ha reducido sus emisiones de CO2 de manera tan drástica en tan poco tiempo. ¿Puede esto catalogarse como un logro por parte de Venezuela, de su gobierno, de su población?

La reducción de las emisiones de CO2 en un 50% para el 2030 con respecto a las de 1990 es objetivo central del Acuerdo de Paris para evitar la catástrofe climática asociada a las tendencias actuales del calentamiento global. Venezuela es el único país en desarrollo que ya las redujo en un 40% con respecto a las de 1990, mientras que Estados Unidos las ha reducido sólo en un 10% y Japón en 6%. ¿Será acaso Venezuela ovacionada por sus incomparables logros en la reducción de sus emisiones de CO2 en la próxima Conferencia de las Partes del Acuerdo de París (COP-26) a celebrarse en Glasgow este noviembre? ¿Cómo logró Venezuela semejante proeza?

Las emisiones de CO2 provienen fundamentalmente del consumo de energía fósil. El consumo de energía es a su vez la sangre que impulsa el desarrollo económico e industrial de cualquier país. En Venezuela el consumo de energía proveniente del petróleo se redujo en 70% del 2014 al 2020, mientras que el de gas se redujo a la mitad.

El desarrollo económico es condición ineludible para el alcance de otros objetivos, como la erradicación de la pobreza, la generación de empleo, el fortalecimiento de servicios públicos de educación y salud; para reducir la mortalidad infantil, combatir enfermedades, garantizar y mejorar el suministro de agua potable, transporte, energía, comunicaciones y demás servicios públicos.

El desarrollo económico es también esencial para impulsar las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático, en particular para la des-carbonización de la economía: la costosa sustitución de la matriz energética actual, basada en el consumo de combustibles fósiles, por otra fundamentada en energías alternativas, como la solar, la eólica, el hidrógeno y la nuclear.

La drástica reducción en las emisiones de CO2 de Venezuela es consecuencia de la acentuada contracción del consumo de energía, producto del dramático colapso de la economía nacional, un colapso de magnitudes propias de un país en guerra. El colapso de la economía nacional ha severamente empobrecido tanto al estado como a la inmensa mayoría de la población. Las pérdidas acumuladas 2015-2020 superan los 300.000 millones de dólares.

El salario mínimo mensual se redujo de ser el más alto de América Latina a un par de dólares equivalentes en la actualidad. La inmensa mayoría de los venezolanos se encuentran, desde este punto de vista, en estado de pobreza.

Los ingresos nacionales por exportaciones se redujeron en el 2020 a apenas 1% de los registrados en el 2014. El 95% de las exportaciones nacionales del 2014 correspondían a empresas del estado, fundamentalmente Petróleos de Venezuela (PDVSA) y sus dependencias. Los ingresos del estado por exportaciones de petróleo y sus derivados se redujeron de 56.000 millones de dólares en el 2013 a 0.5 mil millones en el 2020.

El Producto Territorial Bruto se redujo en 68% entre el 2014 y el 2020. Ningún otro país ha sufrido un colapso económico tan catastrófico en décadas, al menos desde la Segunda Guerra Mundial. Salvo países en guerra, como Iraq, Libia, Siria o Afganistán. La reducción de las emisiones de CO2 se debe al brutal colapso económico del país. No es el producto de políticas nacionales de mitigación de emisiones.

Tras 15 años de intentos frustrados por desalojar del poder a la revolución bolivariana, en mayo del 2015 el gobierno norteamericano decretó que Venezuela constituía una "amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional de Estados Unidos". Esta resolución sirvió como marco jurídico para la imposición de una cascada de 450 sanciones unilaterales, arbitrarias y contrarias al derecho internacional, para imponer una férrea asfixia económica, comercial y financiera contra Venezuela.

Estados Unidos impuso también sanciones contra cualquier país, organización, empresa o individuo que comercie con Venezuela o que le preste servicios. Utilizó su hegemonía económica global para excluir a Venezuela del sistema interbancario SWIFT, impidiéndole realizar transacciones financieras para importar o exportar cualquier producto o servicio. Venezuela quedó imposibilitada de exportar petróleo o cualquier otro producto, o de importar alimentos, medicinas, materias primas, repuestos o insumos para la empresa petrolera y demás infraestructura industrial del país.

Simultáneamente, Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea no sólo secuestraron todas las cuentas bancarias de Venezuela en esos países, por un total de 7.000 millones de dólares. Expropiaron también tres refinerías propiedad de PDVSA-CITGO localizadas en Estados Unidos, con capacidad para refinar 850.000 barriles de petróleo extra-pesado por día y valoradas en 15.000 millones de dólares. El Banco de Inglaterra secuestró además las reservas de oro de Venezuela depositadas en sus bóvedas y valoradas en 1.300 millones de dólares.

El gobierno de Estados Unidos alardea sobre el éxito de su grotesca política de asfixia contra la economía venezolana. Un comunicado del Departamento de Estado de enero 2018 celebra el éxito del cerco financiero contra Venezuela de acuerdo con la Orden Ejecutiva 13808:

"La campaña de presión contra Venezuela está funcionando. Las sanciones financieras que hemos impuesto han obligado al Gobierno a caer en default, tanto en la deuda soberana como en la deuda de PDVSA, su compañía petrolera. Lo que estamos viendo es un colapso económico total en Venezuela. Entonces nuestra política funciona, nuestra estrategia funciona y la mantendremos"

William Brownfield, ex embajador de Estados Unidos en Venezuela, declaró en octubre 2018: "Si vamos a sancionar a PDVSA, tendrá un impacto sobre el pueblo entero, el ciudadano común y corriente. En este momento la mejor solución sería acelerar el colapso, aunque produzca un sufrimiento mayor por meses o quizás años"

Richard Black, senador republicano, confesó en el Congreso de Estados Unidos en interpelación sobre la política hacia Venezuela:

"Hemos desmonetizado su moneda, y a través del sistema bancario internacional, hicimos que la moneda venezolana careciera de valor. Luego decimos: ‘Miren lo malo que es este gobierno, su moneda no vale nada’ Bueno, no fueron ellos, fuimos nosotros quienes hicimos inútil su moneda"

(Sputnik 09-12-2019)

John Bolton, asesor de seguridad de Donald Trump, confesó en enero 2019: "Congelamos todos los bienes de la empresa estatal PDVSA en territorio estadounidense (CITGO), bloqueamos $ 7.000 millones en activos, más $11.000 millones en ingresos estimados por exportaciones durante este año"

"Desde finales de 2019, Estados Unidos le ha solicitado a los proveedores de combustible de Venezuela que suspendan el envío de gasolina a esta nación, a pesar de la crisis. A principios de marzo 2020 repitieron la prohibición, a pesar del empeoramiento de las condiciones humanitarias en el país" Reuters, 8 de abril 2020

Craig Faller, Jefe del Comando Sur, declaró ante el Senado Norteamericano el 17 marzo 2021: "Se intentó la destrucción de la economía venezolana"

El colapso de las emisiones de CO2 de Venezuela es un logro de Estados Unidos, consecuencia de su bárbara política medieval de asfixia económica contra un pueblo indefenso, en su intento por doblegarlo. Provocó deliberadamente un inmenso sufrimiento a la población venezolana.

No deberíamos sorprendernos si John Kerry, enviado especial del presidente norteamericano Joe Biden a la COP-26, reclame para Estados Unidos los créditos por la drástica reducción de las emisiones de Venezuela.

En cualquier caso, la delegación venezolana debería reconocerle a Estados Unidos, en plenaria, los créditos por la reducción de emisiones registrada en el período 2015-2020 en Venezuela, a cambio de que Estados Unidos a su vez reconozca que la reducción de emisiones es un efecto colateral de una política destructiva que ha provocado una debacle económica y un inmenso sufrimiento al pueblo venezolano.

Esta denuncia debería realizarse en plenaria, ante los ojos del mundo, como una contribución para que estos crímenes no continúen impunes.

Refiriéndose a las brutales sanciones impuestas en plena pandemia contra Venezuela, entre otros países vulnerables acosados por Estados Unidos y sus cómplices europeos, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, declaró en el más reciente Foro de Valdai:

"¿Dónde están los principios humanistas de occidente?

Es pura charlatanería"













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jc-centeno@outlook.com

Octubre 2021


Julio César Centeno – ingeniero venezolano licenciado en la universidad de Nueva York; estudios de maestría y doctorado en la Universidad de California. Profesor de la Universidad de los Andes. Asesor de la Conferencia de Naciones Unidas para Medio Ambiente y Desarrollo [UNCED]. Director Ejecutivo del Instituto Forestal Latino Americano. Representante de Venezuela en negociaciones internacionales sobre bosques y cambios climáticos. Investido por la casa real de Holanda con la Orden del Arca Dorada. Galardonado por el Proyecto de Naciones Unidas para el Medio Ambiente con la condecoración GLOBAL 500. Vicepresidente de la Fundación TROPENBOS, Holanda. Miembro del Consejo Directivo del Forest Stewardship Council, FSC. Miembro del Consejo Directivo de SGS-Forestry, Oxford. Profesor visitante de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Profesor visitante del Departamento de Política y Economía Forestal de la Universidad de Viena, Austria. Miembro del Consejo Asesor para Ambiente y Desarrollo de PDVSA-Bitor. Asesor internacional.



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