Saberes republicanos

Caraqueño delirante

A propósito de aquel 13 de octubre cuando Bolívar poetiza "Mi Delirio Sobre el Chimborazo"

Sabías que. Nuestro Libertador aparte de haber sido un estratega militar de a caballo y espada, fue un exquisito escritor. Su incansable pluma lo llevó a crear más de 3.500 documentos entre cartas, discursos, proclamas y decretos.

Dicen que Bolívar en esos días estando en el Ecuador subió a la ladera del Volcán Chimborazo, otros piensan lo contrario, pero lo cierto es que entre los papeles conseguidos en la población de Loja con fecha de 13 de octubre de 1822 estaba "Mi delirio sobre el Chimborazo" la obra poética del libertador.

"Yo venía envuelto en el manto de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo.

Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguí las audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que pusieron las manos de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes.

Yo me dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales, ha surcado los ríos y los mares, ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad.

Belona ha sido humillada por el resplandor de Iris, ¿y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra? ¡Sí podré! Y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt, empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo.

Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento: tenía a mis pies los umbrales del abismo. Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior.

Era el Dios de Colombia que me poseía. De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano.

«Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente. Asi siguió derramando poesía el caraqueño delirante. Este es otro saber republicano.



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Douglas Zabala


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