La gran traición al sindicalismo venezolano

Con una visión muy clara sobre la importancia del movimiento sindical en el mundo, Betancourt se propuso dividir las organizaciones obreras en manos de los comunistas, para luego dominarlas a su antojo. En la estrategia política que trae para imponerse en 1944, no quiere en absoluto que los sindicatos puedan ejercitar sus derechos, con capacidad de llegar a colocar contra la pared a los patronos y al propio gobierno; tal ejercicio, le daría una figuración política y protagonismo estremecedor que fortalecería el músculo de sus acciones revolucionarias, haciéndoles adquirir conciencia de lucha, de su poder. Lo suyo era castrarle, porque Rómulo tenía muy claro que él iba a ser el próximo mandatario de Venezuela y debía tener sujeta a esa bestia que eran los trabajadores, los obreros, para después hacerla andar por el camino que él ordenara. A Betancourt le interesaba siempre lo oscuro, lo turbio, lo confuso, y con una habilidad especiosa y contundente supo desarticular a los 93 poderosos sindicatos del país en la convención realizada por la Confederación de Trabajadores de Venezuela, CTV, en marzo de 1944, y en la que los comunistas tenían mayoría. La táctica del momento, fue la consigna planteada por Valmore Rodríguez (y que luego admirablemente supo en reiteradas ocasiones aplicar Betancourt), de que DIVIDIR ES UBICARSE.

El Presidente Isaías Medina Angarita, quien en este terreno era completamente ignorante, cometió el gravísimo error de permitir la ilegalización de estos 93 sindicatos, los cuales en un alto porcentaje, los controlados por los comunistas, apoyaban a su gobierno. Al debilitar este frente, Medina podía caer en picada sin poder asirse a ningún frente obrero o social. Con arte de filigrana, tejiendo muy finamente, Betancourt le quitó este piso al pobre Medina, quien se fue de bruces el 18 de octubre, y el pueblo no salió a defenderlo.

Lo grave era que el gobierno disolvía a estos 93 sindicatos acusándolos de violar la Ley de Orden Público, y Betancourt se frotaba las manos lleno de gozo, y eufórico, pletórico de alegría, felicitaba a Ramón Quijada quien con sus maniobras y trácalas apabulló y aplastó a los comunistas en aquella convención.

Esto sólo se puede comprender si se analiza a Betancourt en la línea pro-derechista que viene a desempeñar contra el gobierno, y en su filoso plan para derrocar al gobierno. ¿Cómo podía aceptar gozoso el supuesto Betancourt anti-gomecista, el que Medina Angarita para esta acción se apoyase en la burda y degenerada Ley Lara, que era un vil instrumento jurídico de López Contreras, elaborada exclusivamente para reprimir al pueblo? Una Ley en cuyas disposiciones, para celebrar una reunión por lo menos 5 de sus promotores debían, con 24 horas de anticipación, participarlo por escrito a la primera autoridad civil, la cual estaba facultada para conceder o no el uso de las calles, plazas o cualquier otro lugar. Debía igualmente solicitar auxilio de la autoridad para impedir actividades ilícitas en las reuniones y de no hacerlo, los promotores, organizadores y directores serían responsables de las infracciones en razón de su objeto o de los discursos pronunciados. Prohibía las huelgas con fines políticos, las huelgas generales o paros generales y las huelgas de funcionarios o empleados públicos, con penas que oscilaban entre 1 y 6 años de prisión. En el capítulo IV, titulado "De la propaganda política ilegal" destacaban los artículos 33 y 37. El primero expresaba lo siguiente: "El que verbalmente, por escrito o por impresos, por medio de difusión, dibujos, carteles, mítines u otros medios de publicidad, o haciendo uso de algún servicio público, haga propaganda de las doctrinas o métodos comunistas, anarquistas, nihilistas o terroristas, o de aquellos que por su afinidad o sus medios de acción se equiparen a éstas, serán penados con prisión de 1 a 3 años". En cuanto al segundo artículo en el mismo se afirmaba: " Los dueños, directores o administradores de empresas periodísticas, emisoras de radio o cualquier otra publicidad cuya organización se su use para cometer alguno de los delitos previstos en este capítulo, serán penados con multas de 1.000 a 5.000 bolívares; en caso de reincidencia serán duplicadas las multas".

En el capítulo V, "Del uso de la fuerza pública", en su artículo 38 señalaba que el procedimiento para disolver una agrupación o reunión, se hacía con sujeción a los siguientes preceptos: " a) Se avisará de viva voz que se van a dar 3 toques de atención y que ellos servirán de intimidación para la disolución de los congregados. b) Dado el aviso se procederá a dar los toques de atención con intervalos de 10 minutos. c) Si al tercer toque de atención no se disolviere la agrupación o reunión se hará uso de la fuerza. d) Si fuere necesario hacer fuego se anunciará con un nuevo toque de atención. La primera descarga se hará al aire". El artículo 43 señalaba la ocasión en la que los agentes de la autoridad no necesitaban orden judicial para entrar en un hogar doméstico. En las disposiciones generales los 2 últimos artículos rezaba lo siguiente: "Artículo 45. Se considera agravante de todo delito o falta el haberse cometido con infracción de la presente Ley, sin perjuicio de la aplicación de las penas en ellas establecidas" y "Artículo 46. La pena de prisión impuesta por los tribunales de justicia de acuerdo con las disposiciones contenidas en los capítulos III y IV de esta Ley, podrán conmutarse, a petición del Ministerio de Relaciones Interiores, por la expulsión del territorio de la República. A este fin se computará un día de prisión por tres de expulsión del territorio de la República. Si el expulsado volviere al país durante el tiempo de su condena se le aplicará la pena del presidio por el doble del tiempo que le falte para cumplir la condena".

Pues bien, el gran revolucionario Rómulo Betancourt, el que tanto llegó a protestar contra esta monstruosa Ley Lara, ahora la apoyaba, y nada más y nada menos para que mediante su aplicación se disolvieran a 93 sindicatos. Los diarios de la derecha El País (adeco), El Universal y Ahora, apoyaron entusiastamente esta disolución. Así como Betancourt había logrado desintegrar a la FEV, estaba dispuesto a pulverizar a la CTV, para después reestructurarla para sus fines y antojos. Esta dispersión, desintegración, de los movimientos sindicales no era para otra cosa sino preparar el golpe de Estado.

Lo más sorprendente es que Betancourt alegue que la disolución es positiva porque esos sindicatos en manos de los comunistas “están creando un estado artificial de zozobra y alarma, planteando conflictos sin base seria.[1]” Añade que los sindicatos no se deben usar para actuaciones políticas, y se molestó horriblemente por estos sindicatos en la Convención había presentado una moción para que se pidiera una declaración contra el Eje, es decir contra Hitler y sus aliados.

¡Insólito!

Por su puesto que en absoluto Betancourt estaba intentando que no se le crearan problemas al gobierno de Medina al que él estaba haciendo lo imposible por derrocar. Sus planes eran otros. Miguel Otero Silva refutando a Rómulo le dice: “Grave es la división en esta época de ofensiva reaccionaria en que la dispersión de las fuerzas democráticas es más suicida que nunca… es la hora de la fraternidad democrática y no del insulto, de la compactación sobre los puntos que nos unen y no de la polémica estéril, de la unidad sindical y no de la dispersión de las fuerzas obreras, de la unidad nacional a base de la mutua comprensión y del mutuo respeto.[2]”

Pero esta reacción de MOS hace indignar a Betancourt quien le replica: “Digo y ratifico que los dirigentes sindicales comunistas, aun cuando lo niegue Otero Silva, estaban condiciendo el movimiento obrero por caminos de aventurerismo irresponsable. El entreguismo sumiso en el campo político tenía una contrapartida: la agitación permanente, y sin ningún resultado positivo para los trabajadores, en el campo de las relaciones entre capital y trabajo.[3]”

Y como Miguel Otero Silva dijera que Rómulo era un traidor al Partido Comunista, éste le contestó, metiéndole el puñal a MOS hasta más allá de lo meramente personal: “En Costa Rica, viviendo hace doce años esa hora de sarampión juvenil porque atraviesa todo luchador social, me afilié a un romántico grupo de estudiantes e intelectuales comunistas, sin contacto alguno con la III Internacional de Moscú. La desesperación del estudiante proscrito que veía retardarse indefinidamente la desaparición de Gómez, halló su cauce en ese grupo. No pasó mucho tiempo sin que arribara al convencimiento de que no era ese el camino por dónde debía trajinarse para alcanzar la liberación de nuestros pueblos, convencimiento compartido por mis amigos costarricenses, quienes disolvieron aquel juvenil y afiebrado grupo de 1932, y forman hoy el partido “Vanguardia Popular”, de programa estrictamente democrático y el cual compartirá seguramente responsabilidades de Gobierno con el recién electo presidente Picado. En Venezuela jamás he militado en el Partido Comunista, y así lo afirmaba textualmente el periódico El Martillo, órgano oficial clandestino de esa organización (1938): “RÓMULO BETANCOURT NO ES MIEMBRO DEL PARTIDO COMUNISTA Y NO HA MILITADO NUNCA EN SUS FILAS”. Pero no siendo comunista, rechazando categóricamente la necesidad de un partido comunista en Venezuela, hago una vida acorde con mis ideas y sentimientos. Estoy al lado del pueblo, y por eso, en un país donde enriquecerse es fácil tarea para el político o el intelectual venales, soy hombre sin más dinero que un precario sueldo de periodista. Algo fundamentalmente distinto de los poetas rojos, terribles revolucionarios con carnet comunista, quienes escriben poemas incendiarios para ser recitados en veladas proletarias y salen de ahí a disfrutar de burguesa vida sibarita, gracias al regalo que les hizo la vida de millones amasados con sudor de injusticias.”

MOS acusa el golpe, y le contesta a Rómulo (en artículo titulado “Hacia el final de una polémica” publicado el 30 de marzo de 1944) que no entiende porque desvía la discusión por otro lado cuando él lo que hace es pedir la unidad democrática, nacional: “A ese recuerdo de su pasado político es que se ha lanzado Betancourt a vociferar que mi padre es millonario, siguiendo la misma ruta de ataque personal contra mí que han empleado repetidas veces todos los pasquines reaccionarios. Ante eso no tengo sino que responder… que el dinero de mi padre no es obstáculo para que yo trabaje ocho horas diarias en mi profesión de periodista, no ha influido jamás en mis actitudes políticas, ni en mi posición firme al lado de la clase obrera, ni me ha llevado a considerar como “sarampión juvenil” los principios filosóficos que contribuyeron a mi formación política y humana”. Pero Betancourt se torna más implacable en su respuesta (en su artículo “Hacia el comienzo de una polémica” del 31 de marzo de 1944), prácticamente se ríe de su adversario y considera que lo ha pulverizado con su pluma. En el mortal ataque Rómulo le contesta: “En cuanto a la “lealtad de Otero Silva a los principios filosóficos” del comunismo, no la pongo en duda. Es fácil ser leal a una “filosofía” de justicia social y transgredirla en la práctica. Eso es tan viejo como las Escrituras, en las cuales los fariseos aparecen rasgándose la túnica llenándose de cenizas las frentes cuando atenta contra la “filosofía” de una praxis religiosa por ellos incumplida a conciencia. Porque no es sólo el dinero “de su padre” el que usufructúa el poeta proletario sino su propio dinero. El 1º de noviembre de 1942, en el Juzgado de Comercio de Barcelona, se registró la “Compañía Anónima de Luz Eléctrica” monopolio de un servicio público, empresa en la cual tiene 200 acciones mi contrincante en esta polémica… y en cuanto a la imputación de Aquí está de que yo -¡es el colmo!- estoy coludido con la Estándar contra los obreros petroleros de Jusepín, les contesto que si El Nacional está basado en una empresa capitalista como afirma Otero Silva, es porque el producido de los royalties petroleros ha hecho posible la existencia de ese capital.[4]”
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[1] “Diez grandes polémicas en la historia de Venezuela”, Manuel Caballero, Fondo Editorial 60 años, Caracas, Venezuela, 1999, pág. 336.

[2] Ut supra, pág. 337.

[3] Ut supra, pág. 340.

[4] Ut supra, pág. 351.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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