Una mujer de un hogar adeco en defensa del inolvidable Aristóbulo

"El hombre es como la espuma del mar,

que flota sobre la superficie del mar y

cuando sopla el viento se desvanece

como si no hubiera existido.

Así arrebata la muerte nuestras vidas".

Khalil Gibran

Una amiga, quien anda rondando los 70 años, pero mantiene la vitalidad y la lucidez de cualquier pensante en la flor de su vida; nació y se levantó en un hogar adeco, de esos, que orgullosamente mantenían en la sala de su humilde vivienda un afiche de Rómulo Betancourt, con su inconfundible pipa en la mano; me decía algo asombrada, sin poder entender los mensajes cargados de odio a raíz de la muerte de un mensajero de la paz, y combatiente por las causas justas, hasta el último día de su vida: ARISTÓBULO ISTÚRIZ ALMEIDA.

En la amena conversación con esta mujer, de hablar pausado, sin ninguna militancia política, pero, consciente del torbellino creado por el imperialismo por medio de sus títeres de la oposición, me contó parte de la militancia de sus padres en AD: "Vivíamos en el centro de Acarigua, y de cualquiera actividad política nos enterábamos rápidamente. Los vecinos, la mayoría eran compañeros de mis padres, y a tres casas estaba un comité de COPEI, que parecía una bodega en quiebra. Nunca escuché a ninguno de mi familia alegrarse por la muerte de cualquier adversario político"

A medida que íbamos dialogando, la matrona resaltaba las cualidades de Aristóbulo, haciendo énfasis en su manera de expresarse a través de los distintos medios: "Nunca le escuche una mala palabra, a pesar de los ataques despiadados cargados de odio a través de las redes, por un sector de la oposición, que la única manera de hacer política es insultando, y además se alegran, hasta festejar la muerte de cualquier militante de PSUV; porque la andanada de insultos, no son solamente contra Aristóbulo al morir, es contra la persona que exprese alguna simpatía por lo que ellos llaman: dictadura. A mí cada rato me ofenden, porque resalto las cosas buenas del gobierno"

La mujer, casi no me dejó hablar, demostrando conocimiento y elocuencia para expresar sus ideas, y admiración por un hombre nacido en el pintoresco pueblo barloventeño: Curiepe del estado Miranda, para dejar marcada su huella de un combatiente con el temple probado en los momentos más difíciles, que le tocó vivir; como el día, cuando el imperialismo y la oposición dieron por momentos un golpe y en pocas horas enseñaron de lo que son capaces, porque el odio visceral de ahora, es el mismo lanzado en aquel entonces, como los volcanes, cuando entran en erupción.

En el momento, cuando me despedía de la amiga, se acercó un conocido de ella; un hombre corpulento, que solamente con mirarlo mete miedo, y sin saludar lanzó una expresión, para terminar de darle argumentos a la dama para hablar del comportamiento de estos energúmenos, que antes la muerte de cualquiera persona, que no comulguen con ellos se presentan, como los verdaderos buitres ¡Otro que se va, ni falta que hace, el negro ese! La respuesta se la dio la dama, con tanta certeza, que parecía tenerla guardada para la ocasión, sin alterarse con una sonrisa medio irónica, como para taparle la boca por el mensaje cargado de odio y racismo propio de un desquiciado ¡Lástima que te parió una negra, pero, era tan buena y noble, como Aristóbulo! La mujer le dio la espalda con un desplante, recordándome a los buenos toreros.



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Narciso Torrealba


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