Es tiempo de «lavar la ropa sucia» dando la cara

Comúnmente, a quienes desean que sus «trapitos sucios» no salgan a la luz, les encanta repetir el consabido: «La ropa sucia se lava en casa»; algunos de ellos sintiendo la quemadura de la vergüenza por capítulos de su pasado que los acechan, como reflexionaba el joven Pável Korchaguin, protagonista de aquella inolvidable novela[1].

Es el caso, por ejemplo, de lo que Borges llamaba «la fantasía de abolir el pasado», ante lo que el propio escritor puntualizaba: «el propósito de abolir el pasado ya ocurrió en el pasado y –paradójicamente– es una de las pruebas de que el pasado no se puede abolir.»[2]

Por su parte, Marx, con la agudeza que le caracterizaba, al planteamiento de un antecesor de que ciertos hechos de la historia «aparecen, como si dijéramos, dos veces», le complementó la sentencia: «una vez como tragedia y la otra como farsa.»[3]

De ahí que el padre de la concepción científica de la revolución proletaria y, en palabras de Engels, «el primero que descubrió la gran ley que rige la marcha de la historia»[4], arremetiera con fuerza contra quienes «aparentan dedicarse […] a transformar las cosas, a crear algo nunca visto», porque en «épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal.»[5]

No es de extrañar, por ende, que inmediatamente Marx embistiera contra las superficiales analogías históricas –en especial ante la pretendida reivindicación y reedición de cesarismos y bonapartismos– y exhortara a los comunistas a no levantar como bandera conceptos, episodios o figuras de la sociedad y del Estado que se aspiran a destruir y a superar: «La revolución social […] no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado […], para cobrar conciencia de su propio contenido.»

En este sentido, más recientemente, Cunhal enfatizaba la importancia indispensable de la crítica y la autocrítica en el «estudio de los acontecimientos, de los análisis de la actividad y de la conducta del Partido, de sus organismos y de sus cuadros», para identificar «las deficiencias, las faltas y los errores, y que se encaren las medidas y los esfuerzos para superarlos y corregirlos», porque: «El error es un mal; su repetición siempre es peor.»[6]

REPITIENDO UN ERROR

Ya en un artículo anterior («Espuelazos… a quienes corresponda») se demostró la tragedia del error de haber defendido, argumentado y justificado una subordinada concesión teórica y práctica a las concepciones socialreformistas del que aún algunos asumen como su «Comandante» –constatado en los términos y las definiciones de los principales documentos de los Congresos del PCV en 2006 y 2007–:

Que se habían producido «cambios cualitativos en el contenido del Estado burgués» y que la burguesía era «la clase políticamente dominante del pasado»;

Que la «revolución bolivariana» era «expresión de la más amplia democracia participativa y protagónica» y que era «una revolución que avanza en el camino de la construcción del socialismo.»;

Que ya estábamos en «una fase de transición al socialismo», que «el actual período de transición al socialismo» era de «progresivo establecimiento de los cimientos del socialismo», y que «es inevitable que en la actual transición coexistan diversos modos de producción»;

Que, por lo tanto, ya se estaba dando «la sustitución del modo de producción capitalista, a favor del socialismo», con «la formación y consolidación de las nuevas relaciones de producción y la nueva cultura productiva, para avanzar en la transición al socialismo.»;

Que éste era «nuestro proceso revolucionario», y que «Nuestra revolución ha avanzado victoriosamente […] en el objetivo estratégico del socialismo»;

Que Chávez era «líder del proceso revolucionario, […] de la lucha antiimperialista y por el socialismo», además de «consecuente antiimperialista, antioligárquico, impulsor de la democracia popular y revolucionaria, con visión y perspectiva socialista»; que sus ideas centrales sobre los Consejos Comunales y los Consejos de Trabajadores «han sido apoyadas sin excepción por el PCV»; y enfatizando que contábamos «con el liderazgo indiscutible del Comandante Presidente Hugo Chávez Frías, para avanzar victoriosamente rumbo al socialismo».

Estos elementos ejemplifican cómo se permitió y promovió la enorme influencia de las concepciones chavistas en todos los niveles de la estructura del PCV, llevándolo a desempeñar un papel complaciente y seguidista –por ende, indigno y antihistórico– con respecto a la figura, planteamientos y actuaciones de Chávez, a su reformista «revolución bolivariana» y a los diversionistas enfoques del «proyecto político estratégico» que levantó.

En todo caso, hacerlo una vez fue un mal, pero su repetición es una farsa peor.

Cómo se puede entender que a estas alturas un dirigente nacional del PCV diga: «estamos reivindicando es recuperar el curso nacional liberador del proyecto histórico venezolano. […] el proyecto histórico venezolano que encabezó el presidente Hugo Rafael Chávez Frías, y que nosotros compartimos»; o que «la comparación nuestra es con Chávez, el proyecto histórico nacional liberador, que pudiera abrirle perspectivas a la construcción del socialismo, que levantó Chávez […] ese proyecto estratégico y programático que Chávez encabezó, que nosotros acompañamos y que nos identificamos con él.»[7]

Eso suena bastante a conjurar «espíritus del pasado» y a «veneración supersticiosa por el pasado»; no a que la revolución social saca «su poesía» del porvenir.

Hace cerca de un año ya se había advertido de que: «en estos tiempos, el grupo más peligroso y perjudicial para los intereses de la clase obrera y para el objetivo de la revolución proletaria y popular, es el que está compuesto por personajes que desde distintas posiciones políticas –incluso más de un militante o dirigente de cierto Partido Comunista– utilizan una fraseología pseudo-revolucionaria que consciente o inconscientemente sirve a la perpetuación del poder de algún sector de la burguesía.»[8]

¿IRREVERENTES Y FIRMES?

Unos cuantos, todavía hoy –a pesar de que desde hace años se alertó lo contrario[9]–, creen que en 2007 se desterraron las influencias y corrientes chavistas dentro del PCV, una ilusión alimentada en tiempos recientes por el alarde de algunos acerca de que el 13º Congreso (3 y 4 de marzo de 2007) fue paradigma de independencia ideológica y política frente al «Comandante Presidente», y de ahí que lo utilicen reiteradamente como único ejemplo de que no hubo subordinación a su «liderazgo indiscutible».

Hoy en día, ciertos personajes se pavonean diciendo que «el PCV siempre mantuvo su independencia y autonomía irreverente frente a la dirección del Gobierno del Presidente Chávez», y que «No fueron nada "tibias" nuestras posiciones firmes al negarnos –por decisión del XIII Congreso Extraordinario del PCV– a hacer parte del PSUV»[10].

Sin embargo, al menos para casos como éste, aplica el refranero popular: «Dime de qué presumes y te diré de qué careces».

La «Resolución Política» de ese Congreso –no sé si de manera «tibia», pero sí con una posición salomónica y abierta a diversas interpretaciones, para destrabar las discusiones de la plenaria final, como nos instruyó el secretario general a los dos que la redactamos–, estableció que: «el PCV y la JCV expresan su más firme decisión y voluntad de abonar el camino de la articulación y unidad orgánica de los revolucionarios y revolucionarias, hacia la constitución del instrumento de dirección política colectiva necesario para la construcción del socialismo.»[11]

Además, acerca de la proyectada constitución del PSUV, las tesis aprobadas en ese Congreso enfatizaban: «respaldamos por principio y necesidad política objetiva de la revolución el planteamiento formulado por el Comandante Chávez», y que «el proceso debería avanzar según una metodología sustentada en la conformación de una instancia unitaria […], liderada por el Comandante Chávez […], cuya primera fase culminaría con la realización este año del Congreso ideológico propuesto por el Presidente»[12].

En esa misma línea –desconocida por muchos y ocultada por algunos–, en la primera edición de Tribuna Popular tras el 13º Congreso, el secretario general, que para entonces ya estaba cercano a cumplir 11 años en el cargo, puntualizó que «tenemos que defender el proceso revolucionario que encabeza el Presidente Hugo Chávez Frías»; y consultado sobre «la propuesta que está lanzando el PCV para la construcción del Partido de la Revolución», respondió: «nuestro aporte viene dado, por un lado, por presentar una propuesta que sea una herramienta de debate y, en segundo lugar, por la disposición que tiene el Partido Comunista de aportar, incluso, con cuadros del Partido al proceso de construcción del PSUV.»[13]

Cerrando la entrevista, en la pregunta acerca de «un sector de la burguesía, los empresarios, que están llamando a la conformación del PSUV», con tintes bastante similares al socialismo utópico del «Comandante», señaló: «la vida nos tendría que demostrar que de verdad darán el salto cualitativo de la conciencia, dispuestos a despojarse de la propiedad de los medios de producción y de la explotación del hombre por el hombre para avanzar hacia el socialismo»; y que «sería muy bueno que su nivel de desarrollo los llevara a comprender que la existencia del capitalismo no garantiza el desarrollo de la humanidad y que el capitalismo es una amenaza a la existencia del género humano, en consecuencia, deben poner esos bienes productivos al servicio de la sociedad y el colectivo.»

Adicionalmente, a finales de ese mes de marzo de 2007, en una entrevista televisiva, la muy concreta primera pregunta que le hicieron al secretario general del PCV fue: «¿El PCV se va al PSUV, no se va al PSUV?». Luego de varias vueltas retóricas, en la séptima pregunta se le inquirió: «La respuesta son las no respuestas, porque le estamos preguntando si el PCV se va al PSUV. La respuesta es "Sí" o es "No"», a lo que éste adujo: «es muy difícil que en una interrogante de ese tipo uno pueda decir "Sí" o "No"», y complementó: «cuando fuimos al 13º Congreso, no fuimos a discutir si el Partido Comunista se disolvía a no.»[14]

Pero, claro, en sus respuestas no dejó de enfatizar que el PCV «reivindica, reconoce el papel y liderazgo del Presidente Chávez en el proceso revolucionario venezolano, continental y mundial»; además de que:

«uno de los elementos positivos e importantes que tiene el PSUV es la presencia de Hugo Rafael Chávez Frías, líder de este proceso, […] consecuente, firme, líder de la revolución continental, y nosotros estamos convencidos que él está convencido que hay que avanzar hacia el socialismo.

»una de las grandes conquistas de este proceso, es que Hugo Rafael Chávez Frías, líder de la revolución venezolana y el proceso en sí mismo, […] déjeme llamarlo como es […]: el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías–, es haber contribuido a elevar la conciencia política de este pueblo […]

»entendiendo que lo que plantea el presidente Chávez […] es totalmente distinto a lo que sería un Partido Socialista Obrero Español, a lo que sería un Partido Socialista francés, uno portugués, Partido Socialista chileno, que son partidos socialdemócratas; me atrevo a asegurarlo […]

»quien encabeza el esfuerzo es el líder de la revolución, Hugo Chávez, y crea unas condiciones de debate con una gran influencia de su personalidad y de su papel, porque el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías es el líder de esta revolución que reconocemos todos […]»

No sé al lector, pero a mí no me parecen posiciones irreverentes ni firmes, y mucho menos consistentes con los fundamentos del marxismo-leninismo que muchos militantes y exmilitantes del PCV reivindicamos[15].

CONFUNDIENDO Y DISTRAYENDO

Pero hay muchísimo más, aunque por razones de espacio sólo pueda seguirse mostrando en este texto una reducida selección.

En una declaración pública, a principios de abril de 2007, el propio Buró Político afirmó: «dentro del marco del proceso bolivariano que dirige el Presidente Chávez, al cual reconocemos como máximo líder, estamos en todo el país activamente involucrados […] en el impulso a las nuevas formas de economía no capitalista», en el contexto de «la profundización del proceso revolucionario con miras hacia el Socialismo», y que el PCV estaba «consciente de que las tareas de la defensa nacional y la construcción del Socialismo exigen el concurso de la voluntad mayoritaria de nuestro pueblo y su férrea unidad»[16].

Entonces, no es de extrañar que, a finales del año 2007, todos los diputados del PCV votaran a favor y sin observaciones el rimbombante «Primer Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación, 2007-2013», presentado por el entonces presidente Chávez, «hacia la construcción del Socialismo del Siglo XXI»; basado en la etérea «Suprema felicidad social» como directriz de «un nuevo modelo social» en el «que todos vivamos en similares condiciones»; con la megalómana y risible directriz de «Venezuela: potencia energética mundial», sin diversificación de la economía ni pretensión de atacar su carácter multiimportador, pero sí con definido criterio de fortalecer el rentismo extractivista, porque «El petróleo continuará siendo decisivo para la captación de recursos del exterior» y para «la satisfacción de las propias necesidades de energía»[17].

Es de presumir que ya debió haber quedado claro que no era, como afirmó alguien, la presencia de «Roberto Hernández, presidente del Partido, y cuadros de peso como "Xuman" Faría o Euro Faría» lo que «generó que esos planteamientos [seguidistas y reproductores de las concepciones chavistas] estuvieran en la Línea Política»[18], porque incluso, casi un año después, en febrero de 2008, en las conclusiones del Taller Nacional Ideológico del PCV, se volvió a reiterar: «En Venezuela, el período de transición hacia el socialismo apenas está comenzando», se enfatizó «la clara orientación del líder del proceso Hugo Chávez Frías, para avanzar hacia el socialismo», y con una superficialidad pasmosa se afirmó que: «el tan trajinado "socialismo del siglo XXI" es simplemente el "socialismo en el siglo XXI".»[19]

Estos conceptos y enfoques, divorciados y antagónicos con la cosmovisión marxista-leninista, se promovieron y difundieron nacional e internacionalmente, contribuyendo a la confusión y distracción del proletariado y las masas trabajadoras de Venezuela, Latinoamérica y el mundo, alejándolos de sus genuinos intereses de clase y de los objetivos de lucha de la teoría de vanguardia.

De hecho, el secretario de Relaciones Internacionales del PCV, en un artículo elaborado a finales de 2010, dijo que «el programa que adelanta el gobierno del Presidente Chávez es básicamente el programa propuesto por el VI Congreso del PCV, en 1980»; que «Reconocemos y apoyamos el liderazgo del presidente Hugo Chávez en la lucha antiimperialista […] y el socialismo. Reconocemos que su liderazgo no es únicamente nacional, sino continental y mundial»; y que, para colmo, «Celebramos que […] el Presidente Hugo Chávez y el PSUV se orienten, con cada vez más decisión, a favor del socialismo científico.»[20]

SUPERFICIAL Y TARDÍO

Las posiciones genuinamente comunistas en el PCV tuvieron un repunte a mediados del 2011, con la aprobación de la «Línea Política» del 14º Congreso, en la que se formuló una «re-caracterización del proceso en curso en nuestro país», tras más de 12 años de gestión de Chávez.

Este documento histórico, con meridiana claridad, concluyó que «los cambios ocurridos en estos años son resultado, en gran medida, de una práctica social-reformista», y que «Luego de identificar el carácter y contenido clasista del actual Estado venezolano, queda claro que este no es, de ninguna manera, el Estado que proponíamos y prefigurábamos en nuestro Programa de 1980», por lo que «La esencia del Estado burgués en nuestro país no ha sido alterada. Las modificaciones introducidas a partir de 1999, [...] están enmarcados en un proyecto reformista.»[21]

Sin embargo, la contraofensiva de quienes «aparentan dedicarse a transformar las cosas» empezó a gestarse para «representar la nueva escena», copando espacios, torciendo voluntades, coartando iniciativas y cercando a muchos que en los últimos 10 años lamentablemente se vieron obligados a dejar de militar.

¿Y, para qué? ¿Para hacer retornar al otrora glorioso y combativo PCV al lugar en el que lo tuvieron la primera década del siglo XXI y buena parte de la segunda, como furgón de cola de un proyecto reformista? ¿Para volver a imponer diversionismo ideológico, seguidismo acomodaticio y silencio cómplice ante la práctica socialreformista de un gobernante referencial para el «progresismo»? ¿Para reivindicar el «proyecto político histórico levantado por Chávez»[22]?

No se puede continuar disfrazando la connivencia con el discurso de «la disciplina», sólo con el objetivo de seguir escondiendo la basura debajo de la alfombra.

Para muchos de nosotros está claro que la «confrontación y deslinde» frente al madurismo –de lo cual algunos se jactan como si esto fuese megarevolucionario–, es, en primer lugar, bastante superficial, porque los comunistas debemos deslindarnos de las concepciones e influencias del reformismo chavista en su conjunto; y, en segundo lugar, bastante tardío, porque debió producirse hace unos 15 años.

Por eso, insistimos en la imperiosa necesidad de una profunda y desapasionada autocrítica, que devenga en un razonado y verdadero deslinde, para asumir los requeridos correctivos en políticas y cuadros, y emprender la reconstrucción revolucionaria que lleve al PCV a cumplir su misión histórica como combatiente de vanguardia.


[1] Nikolái Ostrovski, Así se templó el acero (1932), Editorial Raduga, Moscú, 1974.

[2] Jorge Luis Borges, «Nathaniel Hawthorne» (1949), en Nueva antología personal, Editorial Bruguera, Barcelona, 1980.

[3] Karl Marx, «El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte» (1852), en C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos, Tomo I, Editorial Progreso, Moscú, 1976.

[4] Friedrich Engels, «Prólogo a la tercera edición alemana de "El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte"» (1885), en C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos, Tomo I, Editorial Progreso, Moscú, 1976.

[5] Karl Marx, op. cit.

[6] Álvaro Cunhal, Un partido con paredes de cristal (1985), Editorial Anteo, Buenos Aires, 1986.

[7] https://youtu.be/DPWQpAr-V9E?t=985, 23 de agosto de 2020.

[8] «Al pan, pan; y al vino, vino», 9 de mayo de 2020.

[9] «Intervención en el 29º Pleno del Comité Central», 13 de diciembre de 2015.

[10] Prensa PCV, «Respuesta del PCV ante las declaraciones del PSL», 4 de abril de 2021.

[11] «Resolución Política», 13º Congreso (Extraordinario) del PCV, 3 y 4 de marzo de 2007.

[12] «Tesis sobre el partido de la revolución», 13º Congreso (Extraordinario) del PCV, 3 y 4 marzo de 2007.

[13] Tribuna Popular, Nº 134 (XI Época), s/f.

[14] Oscar Figuera G., en entrevista concedida a Vanessa Davies, Venezolana de Televisión (VTV), 28 de marzo de 2007.

[15] «Aún no es tarde para corregir», 11 de mayo de 2020.

[16] Tribuna Popular, Nº 135 (XI Época), 13 al 26 de abril de 2007.

[17] Proyecto Nacional «Simón Bolívar». Primer Plan Socialista (PPS). Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013, Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas, 2008.

[18] Oscar Figuera G., en el 36º Pleno del CC (20 al 22 de enero de 2017), en intervención de 34min, con tiempo establecido de 10min.

[19] Contribución al debate sobre el socialismo en Venezuela, Instituto de Estudios Políticos y Sociales Bolívar-Marx, Caracas, 2008.

[20] «El PCV y la construcción del socialismo en Venezuela», en Revista Comunista Internacional, Nº 2, Partido Comunista de los Pueblos de España, Madrid, 2011.

[21] «Línea Política», 14º Congreso del PCV, 4 al 7 de agosto de 2011.

[22] A pesar de que esta reivindicación no fue mencionada, planteada ni aprobada en el 18º Pleno del CC (1 de agosto de 2020), fue insertada de manera artera en el «Boletín Nº XV-018» por quienes lo redactaron posteriormente.



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Carlos Aquino G.

Dirigente del Partido Comunista de Venezuela PCV. Analista político. Periodista de investigación.

 caquino1959@gmail.com

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