Zoológico de contacto, la real politique

El mundo es así, la diversidad junta los indefensos, los pequeños, los gigantes, los tontos y los locos. Unos atractivos en colores pero de poca gracia en su desempeño, otros son extrañamente expresivos, y muy jocosos, Al menor descuido uno toma la comida de otro y luego le persiguen como a cualquier ladrón. Otros roban y nadie los puede perseguir. Varios no hacen nada más que beber, comer y atesorar peso y quién no recuerda los rapaces, voladores y terrestres obligados, que escogen sus presas entre los más vulnerables. Eso pensaba mientras recorría un zoológico de contacto, y llegué a la simple conclusión que no somos los humanos tan diferentes a esa gama de animales. Asi como en el zoológico de contacto, llegamos a pensar que en el mundo hay una armonía maravillosa. La realidad es que sus espacios también están definidos por territorios que le son propios y es solo en la confusión de tanta gente viendo el espectáculo, creemos que no se percatan de las diferencias tan grandes entre una tortuga y un enorme caimán del Orinoco.

Ese día me sorprendieron varios carteles que decían:"Se agradece tener cuidado con el gallo". ¿Y los tigres? pregunté hacia mis adentros. Asi pasé recorriendo el espacio y disfrutando la armonía inventada y la diversidad real. Finalmente me conseguí con el famoso gallo. Era blanco gigante, con una cresta roja enorme que nunca he sabido, en mis pocos estudios de zootecnia, para que sirve. Guardé distancia porque al tratar de acercarme, sus plumas se erizaron y se colocó en una extraña posición algo inclinada hacia un solo lado, se me vino encima y picoteó mis pantalones rústicos. No tuvo esa misma suerte una chica en pantalones cortos a quien le causo una punción y un enrojecimiento de la parte afectada del picotazo. Allí conversamos con ella, quien imbuída en la belleza del zoológico de contacto no leyó ningún aviso sobre la peligrosa conducta de este gallo. Vi así a un animal pequeño, engreído y vanidoso creyendo resaltar sobre los demás.

Contaba uno de los cuidadores del ambiente artificial que siempre se tiene novedades del gallo, y que una mula con cara de tonta recibió unos picotazos en sus patas delanteras y solo se movió un poco hacia adelante, entonces el gallo, vino desde atrás a picotear las patas traseras de la mula, y esta le lanzó una patada solemne que lo aventó lejos, posiblemente más lejos que los efectos del golpe porque el gallo recordó que aunque pesado puede volar algo con dificultad. Luego lo recogieron conmocionado y estuvo zarandeado varios días hasta su nueva liberación. Asi habían sucedido varios eventos en ese zoológico. La chica sintió algo de beneplácito al saber que alguien la vengó antes de su acontecido picotazo. Luego agarrada de mi hombro la llevé hasta donde suponía se encontraría con los suyos. Estaban, felices de tanta diversidad. Pero al enterarse de lo acontecido hubieran querido torcer el pescuezo del gallo, que descubrimos le llamaban Valiente. Uno de los familiares de la chica apuntó con el dedeo índice de su mano derecha hacia un letrero que estaba justamente sobre la cabeza de los hablantes:"Se agradece tener cuidado con el gallo". Se fueron caminando hacia la salida del zoológico, cada quien hizo el esfuerzo de agacharse a mirar la herida y sugerir que no dejaría cicatriz.

Regresé caminando por otra ruta y llegué hasta donde había un elefante en una área grande pero limitada por barras de hierro que le impedían salirse de su espacio de semi confinamiento. Allí llegó Valiente y comió algunas cotufas esparcidas en el suelo, pero lo que realmente quiso hacer fue picar al elefante. Creo que el elefante no sentía nada, pero el número de repeticiones de los picotazos fue alto y el elefante alzó la pata herida y la bajó de un solo sopetón y aplastó a Valiente.

Así, en una bolsa de plástico negra, el cuidador que antes nos había contado historias de Valiente, lo colocó dentro, y entre lágrimas balbuceó: "Muchas veces te dije que a los grandes y poderosos hay que atacarlos con inteligencia". Mejor papel hubiera tenido en un gallinero cortejando y defendiendo su territorio.

Fue entonces cuando comprendí que las reglas de la armonía artificial son importantes para sobrevivir, sin dejar de ser quien eres y defender tus principios y tu razón de ser, por pequeño y soberbio que seas; pero, en sentido inverso también funciona... si dudan, recuerden como David venció a Goliat.



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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