El guaidosismo coquetea con los militares y el madurismo intriga contra Figuera


Estamos en la hora de las grandes definiciones, la crisis reclama un cambio drástico. El madurismo, agotado, no atina a otra cosa que la batallita personal, el chisme, buscar enemigos en su entorno. Su barco hace agua en el mar de mentiras y fracasos. El guaidosismo, que es una franquicia gringa y europea, conspira con finura; no nos engañemos, guaidó no es guaidó, se trata de una mampara que oculta los servicios de inteligencia, los tanques pensantes extranjeros; lo que declara guaidó, sus movimientos, son programados. El asesoramiento al madurismo es precario, las potencias no se restean con los debiluchos, sólo los acompañan hasta la orilla.

El guaidó lanza mensajes al interior de los militares, les habla del Esequibo, de su piche sueldo, de la invasión por paramilitares colombianos en territorio venezolano, en las vidas que esa invasión cuesta, se monta en la ola de nacionalismo barato que crea el madurismo. Lógico es pensar que lo que se ve tenga su correspondiente oculto, sus conversaciones en los subterráneos de la conspiración.

Sucede que la crisis llega a su desenlace y tienen la palabra los factores decisivos, el fusil, los militares, es por eso que los gringos coquetean con ellos. Las medidas son presiones, habrá también halagos.

El madurismo corre entregando las riquezas al capitalismo, revirtiendo las acciones de Chávez, procurando reuniones con los gringos. La propuesta del madurismo es sencilla: “nosotros podemos administrar al capitalismo, déjenos gobernar”. Su esperanza vana es que biden sea diferente de trump, fracasarán, así como fracasaron pensando que trump era diferente de obama.

El foco de la política está ahora en los militares, ese es el factor principal, es allí que se dilucidará el futuro, de ellos depende el rumbo. Si aparece un estallido de masas, algo que es esperable, serán ellos los que le darán el rumbo, es la única fuerza organizada capaz de dirigir. Pero su accionar puede ser preventivo también, actuar para evitar mayores daños, dando por sentado que el madurismo está agotado, que no tiene solución para nada, que su futuro es la extinción, y entonces actúa para evitar que su hundimiento se lleve al foso a todo el país.

Los militares pueden formar parte de tres rumbos posibles:

Uno, quedarse paralizados, como hasta ahora, no hacer nada y dejar que el país entre en el caos, en ese caso la solución vendrá del exterior con una fuerza de ocupación.

Dos, puede actuar y servir de bomberos del capitalismo, instaurar una dictadura para avanzar en el capitalismo salvaje. Ya el plan político de esa posibilidad está en la calle, se resume en lo que ellos llaman unas elecciones libres, es decir, el primer objetivo del golpe serían unas elecciones burguesas capaces de narcotizar a la masa, distraerla con peleas subalternas.

Tres, la posibilidad más deseable, la que ahorraría los mayores desastres, es que el espíritu militar chavista, el del Samán de Güere, lo más puro del 4 de febrero, el del Plan de la Patria, el de la lucha contra la lógica del capital, el que devolvió a los militares el decoro de la independencia, el reconocimiento y el amor de la población, ese espíritu que seguro permanece allí, aunque maltratado por el madurismo, actúe y nos devuelva al rumbo perdido. Entonces, brillará en el cielo de la Patria de nuevo la aurora de 1810.





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Toby Valderrama Antonio Aponte

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