Venezuela, el rugido del ratón

Escuchando ayer a Rudy Giuliani, el ex-alcalde de Nueva York y abogado de Donald Trump para el presunto fraude en las elecciones de Estados Unidos, de pronto tuve esa sensación que tiene uno cuando es espectador de alguna comedia disparatada pero divertida o de esos comics surrealistas que ven nuestros hijos pequeños en esos canales neocoloniales, carentes de asidero racional.

Giuiliani (recuerdo también a una abogada de campaña de Trump) acusó nada menos que al Comandante Chávez del fraude en comento, a guisa de las artimañas algorítmicas que una empresa financiada por el régimen chavista habría consumado para perpetrar semejante desenlace. También acusó a una componenda de Maduro con Cuba para dar el golpe de gracia al esperpéntico de Trump.

Todo esto me hizo acordar la célebre comedia "The Mouse That Roared", película que, bajo el título en castellano de "El rugido del ratón", protagonizó magistralmente Peter Sellers en varios roles, donde unos desesperados habitantes del Ducado de Grand Fenwick le declaran la guerra a Estados Unidos, después que sus exportaciones de vino se desplomaran por la competencia desleal de California, convencidos que todo Estado que entra en guerra con esa potencia termina recibiendo algo así como un "Plan Marshall" o ayudas para la "reconstrucción". Lo que no esperaban estos paladines armados con aprestos medievales era que, gracias a unas circunstancias descabelladas, iban a ganar la guerra, y su plan se desbarataría sin saber qué hacer con tan absurda como improbable victoria.

Desde que el Premio Nobel de la Paz, no tan noble pero bastante edulcorado, Barack Obama, declarara a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria, este pequeño país ha pasado a ser toda una potencia que ruge como ratón. ¡Y cómo! Tanto como para que el team de campaña de uno de los dos partidos históricamente propietarios de la política interior y exterior de los Estados Unidos forme una grisapa acusando al gobierno de Maduro de haber torcido el resultado de las elecciones. Y eso que allá está cerrada la embajada de Venezuela, cuyo imperialismo ratonesco tendría que practicarse por medios virtuales, aunque no por ello menos ratoniles.

El problema para Venezuela es el riesgo ya cierto de ganar esa guerra, victoria traducida en el definitivo y tracalero triunfo de Biden. Porque, lo mismo que el Ducado de Grand Fenwick, se trata de una victoria colosal pero inaudita. ¿Será que Biden no querrá darle en la cresta a esos atrevidos caballeros del irredento ducado? Mas,¡cuidado!, porque los ratones están rugiendo…

land.salvat@gmail.com



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Alejandro Landaeta Salvatierra


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