La Fuerza Armada, custodia de nuestra herencia

La historia militar, su sentido y valor, se estudia de forma universal. Todos conocen "El arte de la Guerra" de Sun Tzu (curiosamente se aplica en para competencia capitalista), o el tratado "De la guerra" de Clausewitz; las enseñanzas de Napoleón; ¡Bolívar!, hasta Zamora y "La Batalla de santa Inés" se estudian en las academias militares. Por otro lado, el campo de batalla siempre ha sido el terreno donde se forja la nobleza de los que entregan su vida por una causa, aun no siendo esta causa tan noble; la inteligencia, una inteligencia que busca la victoria, sea a cañonazos, con psicología, diplomacia; sea una victoria deportiva representando un país o nación, o una revolución social representando la causa de los oprimidos, el que lucha es honrado por su esfuerzo y pundonor. También por las guerras se han moldeado las naciones y cada una tiene una historia gloriosa o vergonzosa que contar. El asunto es que nosotros en Venezuela tenemos nuestra herencia y una historia digna a la cual nos debemos, y además una institución militar importante.

Para nuestros militares profesionales, para los oficiales de hoy, no hay muchos secretos ocultos que encierre la historia y el arte de la guerra (de las batallas y las guerras), pero la razón de ser de un ejército depende de saber qué es aquello a lo cual juran fidelidad, a qué le son leales.

En Venezuela nuestra historia militar nace casi en el mismo momento en que nace nuestra nacionalidad, justo con la Venezuela moderna y con ella la historia de nuestra gesta libertadora. Con momentos de pérdidas profundas de vidas humanas y peor aún, la caída entrecortada del espíritu de lucha, de razones para la lucha, donde la sociedad casi se ha diluido por completo. Sin embargo el espíritu de libertad siempre ha vuelto renacido de las cenizas, con Zamora, con Castro, con Fabricio Ojeda, con Chávez, y sus pueblos: la herencia sigue ahí, como un brillante irreductible, por eso tenemos fe en nuestro pueblo y en nuestro ejército.

La unión cívico militar proclamada por Chávez es una idea bolivariana la cual pertenece a nuestra tradición fundada en tiempos de nuestra independencia. Ningún ejército se hubiera embarcado en una campaña militar tan dura y larga, como lo hizo el ejército de Bolívar, sin un enorme apoyo civil y enorme esperanza de cambiar la sociedad colonial y oligarca de entonces. Tuvo que haber una razón suprema para que toda una sociedad sirviera a las campañas de Bolívar y Sucre y demás capitanes de tropas, sin mezquindad. Si no toda, una inmensa cantidad de gente creyó en la guerra de independencia y en sus líderes, el terreno donde se forjaron pero también donde se sembraron y crecieron, todos nuestros héroes hasta hoy.

Tenemos esa suerte como nación, como pueblo contamos con esa herencia y esa memoria. Chávez rescató ambas, la memoria y la herencia de pueblo rebelde, ya ese solo hecho le otorga una distinción.

Nuestros soldados tienen una tradición, una memoria y una herencia de dónde aprender doctrinas militares y morales propias; razones sagradas para la lucha. Nuestros oficiales que saben que Venezuela fue y es una referencia ampliamente documentada de lucha, de valor y resistencia; que su fama se fue a Europa y América con sus proezas libertadoras, produciendo admiración y mucho recelo de las potencias imperiales, hasta hoy.

Pero en la traición también se honra al soldado. En la antigüedad se exaltaba, y eso lo sabemos por homero, el sentido heroico que hay detrás del guerrero. Mucho antes de que existieran los ejércitos profesionales o mercenarios romanos y fenicios, de la idea misma del soldado, estas huestes eran un cuerpo moral casi indestructible. La lucha era una carnicería, pero ennoblecida por el valor, el coraje de los contendores y sus reláficas orales y escritas lo testimonian. Al ponerse el sol se encendían fogatas y los enemigos de día, de noche se sentaban como camaradas unos frente a otros, y contaban historias que enaltecían sus linajes, Diomedes hijo de Tideo con su contrario Eneas hijo de Anquises y Afrodita, orgullosos cada quien de la estirpe de su contendor. El respeto al enemigo enaltecía el propio valor, y consolaba del olor a sangre y muerte de la diosa violencia.

Lo mismo harían, 2000 años después, los soldados desde la soledad de sus trincheras en la primera guerra mundial. Conversaban por mampuestos, se contaban historias a gritos. Un veterano de esa guerra, un militar del bando que fuera, era un compañero de destino y de valores, marcado para siempre. En ese destino común del soldado la guerra tiene un lado humano superior; un ejército sin enemigos no se justifica, pero este enemigo no es realmente el soldado, es la idea que lo obliga, son las razones expuestas para que haya esa guerra. Al soldado vencido se lo debe honrar.

Por eso resulta miserable cebar el odio y el resentimiento en el soldado vencido, o en el preso. Bastante tiene el hombre de castigo con la cárcel física, y con el castigo social. En el caso de los presos militares, pero tampoco hay que ensañarse con el preso común, no están encarcelados por cobardes sino por quebrantar la ley y por sus causas, sea cual sea esta causa, no las juzgamos ahora, ¿No pagan con la cárcel?

El que arriesga por una causa, el enemigo franco, es más apreciable frente a las legiones de aduladores, aprovechadores y pícaros, sin una moral clara. Esto lo debería saber nuestro ejército que se debe a una causa que debe conocer bien, la obediencia es a esa causa superior. Ese preso es lo más cercano a un amigo y más honesto con lo que contamos en un mundo ya harto de mentiras y disimulos, de traidores, de volubilidad. Hoy día vale más un contrario corajudo que un espíritu voluble y manso. Inclusive, vale más un inmoral que un ser sin moral que se acomoda por un sentido práctico a cualquier causa.

La cultura militar debería estar íntimamente ligada a la causa de nuestra independencia como pueblo, como nación. Esa es su religión oculta. La manipulación se cuela hacia el soldado común, pero los oficiales y soldados de carrera, son los custodios del diamante de nuestra herencia.

¡Viva Chávez, heredero de Bolívar!



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Marcos Luna

Dibujante, ex militante de izquierda, ahora chavista

 marcosluna1818@gmail.com

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