Escenarios en el 2021 para la Oposición del G4 si no van a elecciones

Está claro que para el 2020 habrá elecciones parlamentarias puesto que finaliza el período constitucional de la Asamblea Nacional (AN) 2015-2020 como lo indica el artículo 192 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV). Un ciclo para una institución que zozobró en la turbulenta y escasa seriedad legislativa lo que la hizo colocarle en los murales de la irresponsabilidad por parte de la mayoría de sus legisladores precisando que ese Poder no fue concebido para derrocar gobiernos como se pretendió hacer en el momento de querer salir del presidente de la República en menos de seis meses o forzar cualquier instrumento para convalidar un falso supuesto.

La Oposición tuvo una gran oportunidad; incluso, mejor que la del golpe de abril del 2002 con la victoria que obtuvieron en el 2015, puesto que desde ese parlamento la derecha hubiese comenzado a desmantelar jurídicamente la bases legales de la Revolución; pero prefirieron irse por las vías de la insensatez presuntuosa convirtiendo prontamente la victoria en una imperecedera y testaruda derrota. Ahora vuelve es mismo escenario y lo más lamentable para la Oposición del G4; es decir, Acción Democrática (AD), Voluntad Popular, Primero Justicia y Un nuevo Tiempo (UNT) es que no se prepararon para ésta contienda electoral porque sólo se suscribieron en su agenda derrocar al gobierno de formas inconstitucional y con ayuda de entes extranjeros.

El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) a través de la Sala Constitucional mediante sus facultades constitucionales declaró la inconstitucionalidad de la omisión legislativa por parte de la AN como lo establece el artículo 336 numeral 7 de la CRBV; puesto que la misma no logró ponerse de acuerdo dentro de su seno para elegir con sus 2/3 partes a los integrantes (rectores) del Consejo Nacional Electoral (CNE) lo que devino en una completa negligencia de sus atribuciones en omitir su responsabilidad establecida en el artículo 296 de la CRBV para designar a las autoridades del Poder Electoral. La AN en su debacle estancado en no lograr cumplir con el artículo constitucional in comento, no podía paralizarse tal situación a modo indefinido o in saecula saeculorum desatendiendo sus deberes; es por ello que el constituyentista de forma sabia solucionó este conflicto que podía sobrevenirse y; así garantizar la protección de la Constitución bajo el artículo 336.7 declarando las omisiones legislativas. Algo que no ha sido nuevo en la historia reciente de Venezuela, ya que en los años 2003, 2005 y 2014 el TSJ declaró la omisión legislativa por las mismas razones; es decir, hay experiencia de ello. Lo contradictorio es que los actuales diputados de la AN fueron adjudicados y proclamados por el CNE designado por el TSJ en el 2014.

La Oposición de la alta burguesía reaccionaria o llamada G4 ha manifestado no querer participar en las elecciones porque según fueron designados los integrantes del CNE de manera fraudulenta. A decir verdad, tal argumentación se centraliza en lo banal con un alto sentido de inmadurez y prepotencia, puesto que rompe con los esquemas democráticos como método de elección que sirve para solucionar los problemas que hoy en día existen en Venezuela; e irónicamente a su vez, contradice lo que ellos han manifestado en ser mayoría; esa "mayoría" no puede quedarse estancada en un discurso, debe ser demostrable; y eso se demuestra en las urnas electorales y no sólo en los micrófonos, en redes sociales o en medios de comunicación. ¿Qué más demostración la que hizo el comandante HUGO CHÁVEZ cuando se enfrentó con más de 41 años de dominio institucional con el otrora Consejo Supremo Electoral (CSE) en 1999?. Definitivamente, la mayoría es demostrable en las elecciones.

La AN cayó en su peor momento de credibilidad política, una institución que perdió la brújula de la seriedad abandonando hasta su reserva moral; puesto que en la actualidad dos sectores de Oposición se pelean la representación de la misma: el diputado Luís Parra, designado presidente del Poder Legislativo apoyado por la Oposición que busca salidas democráticas y electorales donde el discurso se centra en que los problemas de Venezuela los resuelve el venezolano. Y el segundo sector del diputado Juan Guaidó, quien se centra en una política tutelada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos (EE.UU) aspirando el derrocamiento de la Revolución por vía de la intervención extranjera.

EE.UU le ha ordenado a Guaidó continuar con su discurso y plan de ser presidente imaginario de Venezuela; ya que así, administrativamente le sirve al país norteamericano justificar, sostener y ampliar sus sanciones unilaterales con apoyo de sus aliados bandidos para apoderarse de los activos en el extranjero del Estado Venezolano manteniendo aislada o arrinconada al país suramericano; es decir, un descarado robo a nivel internacional bajo la complicidad de algunas naciones. Es por ello que, Guaidó para poder obedecer la orden de Washington tuvo que romper las reglas de la lógica del sistema constitucional que dicta nuestra Constitución en manifestar que seguirá en la presidencia de la AN y la presidencia imaginaria bajo el "principio de continuidad"; principio que no existe en la carta magna ni siquiera en la portada. Al menos que se refiere a la constitución de la República Sainetista de Narnilandia.

EE.UU sabe que a través de las elecciones es imposible ganarle a la Revolución y bajo ésta premisa prefieren seguir apostando por el camino de la intervención por tres razones: primero, saben que no tienen la mayoría, por lo que una derrota electoral consolidaría el fortalecimiento de la Revolución. Segundo, prefieren a un Guaidó como presidente narniano de manera perpetua que llevarlo hasta el campo de las elecciones arriesgando la derrota y con ello acabar con la presidencia imaginaria. Y tercero, reconocer la derrota de Guaidó en unas elecciones es reconocer al presidente Nicolás Maduro y responder por todas las actuaciones aberrantes e ilegales que han hecho con los activos en el extranjero de Venezuela; es decir, tendrían que rendir cuentas y ese escenario no lo quieren experimentar.

Guaidó y su veintena de diputados se encuentran en una encrucijada política, donde decidir participa en las elecciones parlamentarias del 2020 es todo un dilema dicotómico a pesar que ya han manifestado no participar, pero como en política lo que es hoy quizás mañana ya no lo es…. A ver, entendamos: si esos poco más de 20 diputados que están con Guaidó deciden de manera definitiva no participar en las elecciones se conseguirán con un año 2021 donde la AN ha sido legitimada para un nuevo período constitucional; lo que quiere decir que aquel que no participó es como el que perdió y el diputado que no participó ya en el 2021 simplemente no es diputado. Ese futuro ex diputado no podrá seguir haciéndole el juego a Guaidó en sus sesiones de asambleas guasonas por el simple hecho de que ya no es diputado y en Venezuela el delito de usurpación se paga con prisión.

El futuro ex diputado que quiera pasársela de listo pensará primero que él no tiene la misma protección que le ha otorgado EE.UU a Guaidó; de hecho, no tendrá la misma protección que el Estado Venezolano le ha otorgado a Guaidó en no querer ponerlo preso aun. Una segunda razón del futuro ex diputado es que muchos de ellos tienen sus intereses económicos y familiares arraigados en Venezuela; lo que pensar en un auto exilio sería una opción algo incomoda e indeseable porque no tienen la riqueza para aguantar un auto destierro como sí lo tiene Guaidó con todo ese dineral que ha recibido. Un factor importante es los financistas quienes les prestan la logística; puesto que suministrar o alquilar un establecimiento para realizar una sesión donde se esté usurpando funciones el delito de complicidad también se castiga. Así que Guaidó es quien menos arriesga entre los futuros ex diputados debido a que ya él tiene su Green Card con Estado Unidos; un pie en un avión y le garantizan su estadía en el lugar él elija. En cambio los demás futuros ex diputados (a excepción de dos quienes han comido en el mismo plato y con la misma distribución de comida) no les alcanzarán el dinero para un auto exilio con las migajas que dejó Guaidó en el suelo mientras comía.

En el G4 se viene manifestando una rebelión en sus respectivas granjas; esto porque sus militancias han podido observar que las dirigencias los está llevando al matadero; fue por ello que varios dirigentes optaron por reclamar un derecho interno en sus referentes partidos políticos. Por ejemplo AD; un partido histórico que se encuentra resquebrajado y su dirigencia media intentan rescatar lo poco que queda; quieren participar en las elecciones para lograr salvaguardar el exiguo oxigeno que les queda y así tener la posibilidad de levantar esa organización; eso es válido. En un escenario sin la participación del G4 se pondría a la cabeza una nueva Oposición y eso al parecer se comienza a visualizar; es por ello que AD quiere deslindarse de ese "grupo cuatrero" y de "cuatro" aunque su naturaleza sigue siendo la misma.

La otra Oposición que demuestra ser social demócrata y ambidiestra; en pocas palabra: reformista, ya lleva una ventaja con respecto a sus colegas burgueses del G4; logró colocar representantes principales ante el CNE; 2 de 5, cosa muy interesante puesto que antes no salían 1 de 5; y eso es válido porque en la política a veces la mantequilla es más dura que el concreto. Ahora bien, retomando el 2021 con Guaidó y sus fututos ex diputados ¿Qué harán? ¡Nada!. Porque Guaidó no podrá sesionar con ex diputados que no querrán ir presos. Guaidó tendrá que disfrutar su dinero mal habido como lo hizo Reza Pahlavi cuando abandonó Irán para irse a vivir a EE.UU protegido por este. Si el G4 decide participar ganará lo mismo que ganará la otra Oposición reformista, algunos curules y desde esa trinchera tendrán que comenzar a construir sobre el desastre que ellos mismos dejaron. No participar es ganar la nada y convertirse en la nada.

Dos escenarios favorable para Venezuela en el 2021 es dejar que Guaidó se auto exilie porque en el exterior en inútil para el Departamento de Estado. De quedarse, también es favorable tenerlo preso, primero para que pague por sus crímenes y segundo porque serviría en un futuro negociar su excarcelación si acaso sigue teniendo un valor para su jefe o futuros jefes de la Casa Blanca. De cualquier modo Guaidó en el 2021 es un billete con tachas y enmendaduras y; sus futuros ex diputados estarán pensado acompañarlo sólo hasta al cementerio pero sin la idea de querer enterrarse con él. El reloj continúa andando y no participar en las elecciones sería un chacumbelazo otra vez.



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Carlos Gutiérrez


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