La violencia del estado y la clase empresarial nacional y transnacional

La violencia que se ejerce contra el pueblo trabajador, pensionados y jubilados se materializa en los niveles de precio de la mercancía trabajo, pagándose la pensión a dos dólares por mes, y el salario mínimo a cuatro dólares por mes, esto depreciándose cada vez en menor valor, ya que tenemos una hiperinflación inducida por múltiples factores, el dólar paralelo, la disminución de divisas disponibles en el país, la especulación, la guerra económica, las sanciones o mejor dicho medidas de coerción unilaterales. Para marzo de 2020 el CENDAS calculo la canasta básica alimentaria en Bs.35 millones en bolívares soberanos, si mal no recuerdo, pero estoy segura que me aproximo bastante a la cifra, en todo caso puede ir a la fuente primaria.

Según la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela la canasta básica alimentaria debe ser la referencia para establecer el salario mínimo en Venezuela. Se introdujo un amparo ante el Tribunal Supremo de Justicia de esta nación para proteger a la población venezolana ante tal nivel de deterioro de su poder adquisitivo que lo coloca en una situación de semiesclavitud, con salario cero. pero el Tribunal Supremo de Justicia tiene dos año en mora sin ofrecer la resolución de dicho amparo. Y los responsables de tal violencia son los empresarios nacionales y las multinacionales que hacen vida en el país, y también el gobierno nacional que no aplica las medidas necesarias para financiar lo que no se puede eludir más. Es preciso imaginar una familia viviendo con dos salarios mínimos, o una pareja de pensionados, las familias con hijos, comiendo carbohidratos de la bolsa CLAP, y teniendo que comprar más carbohidratos por qué lo que viene en la bolsa de comida que subsidia el gobierno no alcanza para un mes. Sin consumir proteínas. Sin poder comprar ropa y calzado para los niños en crecimiento. Sin poder comprar fórmulas de leche para aquellos niños que rechazan el pecho materno por diferentes razones.

Los empresarios sobre todo las grandes empresas y multinacionales pueden reposicionarse geográficamente, las nacionales apostaban a una transición rápida que no perturbara sus ganancias, pero aunque arrebatan toda la plusvalía que pueden al trabajador, aumentando sus ganancias, por otra parte el mercado de consumo interno solo tiene movimiento en el ámbito de la comida y las necesidades más básicas. Sumado a que la conspiración también ha encarecido el costo de las materias primas, muchas empresas han dejado de producir por no tener materia prima al no tener divisas para importarla, en el mercado de intercambio la única mercancía que no está sujeta a la hiperinflación es el salario, todos los productos suben en relación al dólar del mercado negro. La economía esta dolarizada, por qué todo se vende en dólares, o calculado al precio del dólar del mercado negro. Mientras tanto en el hogar la familia come racionado, algunas dos veces al día, otras solo una vez, otras aguantan hambre. Se vino la pandemia del coronavirus, y además de que el agua esta racionada, o brilla por su ausencia por una, dos, tres semanas, no hay dinero para comprar suficiente jabón y cloro para desinfectar las cosas necesarias para garantizar que el virus de desaparezca del ambiente o reducir al máximo la exposición al mismo. Se vino la cuarentena y con ella la capacidad para producir dinero extra, ya que con dos trabajos, hace falta un tercero ya sea vendiendo algo, recibiendo alguna remesa por pequeña que sea o trabajando remoto a bajo costo pero ganando algunos pocos dólares que al cambio en bolívares es mucho más que un salario mínimo.

El pasaje superficial aumenta y debe ser pagado en efectivo, dicho efectivo no se consigue en el banco con suficiencia para poder pagar dicho pasaje, pero eso sí y solo si tenemos fondos para poder retirar algo de efectivo. No se flexibiliza totalmente el trabajo, pero estamos, como cuando escaseo la gasolina, se nota menos el efecto. No tenemos ni siquiera para garantizar el pago del pasaje superficial. El metro de caracas era la única forma de transportarse, los tapabocas los confecciono la gente, pero los guantes que exigen para ingresar al metro cuestan dinero y muchos no tienen para comprarlos y se rompen fácilmente.

Pero ahora con el distanciamiento social debemos usar el transporte superficial, aunque quisiéramos y pudiéramos no podemos ir a trabajar por qué no nos alcanza el dinero para pagar el pasaje mensual que representa dirigirnos y regresar al y del trabajo respectivamente, es cierto que la empresa privada hizo ajustes a los salarios de sus trabajadores por encima del salario mínimo, algunas, otras igualaron todos los salarios al salario mínimo y no volvieron a hacer ajustes, pero ni siquiera esos ajustes llegan a garantizar el costo de la canasta básica.

Los conspiradores trazaban entre sus planes un alzamiento popular, que paradójicamente se produjo antes en EEUU, pero no tenemos ni vacuna contra el coronavirus, ni vacuna contra la insurrección popular contra el hambre, ya se produjeron algunos conatos de saqueo en el interior del país. Pero es un asunto de sentido común, es necesario aumentar el salario al costo de la canasta básica, e indexar el salario de acuerdo al costo de la misma.



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Greti Richard

Educadora y Comunicadora Popular. TSU en Administración. Activista Social. Artista Plástico.


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