El ladrón y la ladrona de libros

"Mire señor, vuelva al interior de la librería, deje los libros que lleva debajo de su palto, o páguelos en la caja, por favor". Era la voz queda de un empleado de la librería, o tal vez un funcionario de seguridad. Fuese una de esas dos posibilidades, la cuestión es que lo sucedido me batió contra el suelo, no sólo por los títulos que llevaba bajo mi brazo izquierdo, cubierto con un viejo paltó adquirido en Sears. La voz del hombre se me clavo en lo más profundo de mi ser. Por eso tardé en reaccionar. Hacía una hora aproximadamente había entrado a una librería grande ubicada a la altura de las Torres del Parque Central de Caracas, con una intención en mi mente.

Dentro de el establecimiento lleno de libros por doquier, comencé a pasearme por los pasillos, en la medida que me detenía a manosean algún libro que llamaba mi atención. Lo tomaba con cariño en mis manos y comenzaba a hojearlo, lentamente, como si el tiempo no contara. Fue así como tome en mis manos a Metamorfosis de Frank Kafka. No dude en llevarlo, sigilosamente, después de haber volteado hacia un lado y hacia el otro, al refugio destinado para tal fin. Me sentí seguro. Caminé un poco más allá, y tomé El hombre en la busca de sentido, de Viktor Frankl, casi sin hojearlo. Tenía tiempo buscando ese libro, pues me habían hablado muy bien de él. "Te gustará, es un libro especialmente para un hombre como tú que termina de salir de la cárcel y andas como perdido", me dijo un amigo. "Vitkor Frankl, te sumerge en un mundo donde el reinó, a pesar de las grandes vicisitudes por las cuales tuvo que pasar".

"Yo le inquirí que me hablara un poco más sobre algo más del libro". "Como, no", me respondió. "Oye bien, ese libro El hombre en busca de sentido, es tremendamente ilustrativo de lo que puede aguantar el ser humano, cuando está llevo de las ganas de vivir. El libro en cuestión no es más que un relato sobre la experiencia del autor en los campos de concentración. "Durante todos esos años de sufrimiento, sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda, absolutamente desprovista de todo, salvo de la existencia misma. Él, que todo lo había perdido, que padeció hambre, frío y brutalidades, que tantas veces estuvo a punto de ser ejecutado, pudo reconocer que, pese a todo, la vida es digna de ser vivida y que la libertad interior y la dignidad humana son indestructibles. En su condición de psiquiatra y prisionero, Frankl reflexiona con palabras de sorprendente esperanza sobre la capacidad humana de trascender las dificultades y descubrir una verdad profunda que nos orienta y da sentido a nuestras vidas". "Por cierto, amigo, Frankl creó lo que se llama La logoterapia (el era uno de los más connotados psiquiatras de Austria), método psicoterapéutico el cual se centra, y n por casualidad, en el sentido de la existencia y en la búsqueda de ese sentido "por parte del hombre que asume la responsabilidad ante si mismo, ante los demás y ante la vida…", "Así, pues, búscalo, Cómpralo o róbatelo, sin no tienes conque pagarlo. Un señor llamado Karl Jaspers, creo que es filósofo dijo: Uno de los pocos grandes libros de la humanidad".

"Con esa tremenda exposición de mi amigo, no salí a buscar mi sentido, sino a buscar el libro fuera como fuera". "No se preocupe, señor", respondí, con la cabeza agacha. Deme unos tres minutos para ver los libros que hay detrás de la vidriera". "El hombre aceptó, y se retiró muy lento, unos metros de donde yo estaba. Clavé mi vista en los innumerables libros que vestían tapas llamativas y títulos subjetivos. De pronto allí estaba un libro que me impacto: La ladrona de libros, de Markus Zusak. Respiré profundo y me dije para mí mismo:" No estoy solo en esto". Y entré a la librería. Coloqué, ahora sin pena alguna, los tres libros en un lugar cualquiera, y tomé el libro que me interesaba. Leí en su contrata la siguiente: "Erase una vez un pueblo donde las noches eran largas y la muerte contaba su propia historia. En el pueblo vivía Liesel, una niña que quería leer, un hombre que tocaba el acordeón y un joven judío que escribía cuentos hermosos para escapar del horror de la guerra. Al cabo de un tiempo, la niña se convirtió en ladrona de libros y regalaba palabras. Con estas se escribió una historia hermosa y cruel que ahora ya es una novela inolvidable".

"Me dirigí, orondo hacia la caja registradora. Extraje el poco dinero que tenía en el bolsillo y le pregunté a la cajera, "cuánto cuesta". La mujer lo tomó en sus manos, vio el título y me clavó su mirada, como diciéndose a sí misma: "Dios los cría y ellos se juntan".

Querétaro, México, 11 de mayo del 2020.

 



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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