Auditórium

Carta abierta al Pdte, Nicolás Maduro

"La rebelión a los tiranos es obediencia a Dios".

Benjamín Franklin.

Señor Presidente: En las mucha ocasiones que he compartido el mismo espacio con mis compañeros de pagina, en www.aporrea.org siempre por razones políticas, no le he faltado de mi parte el respeto, y de usted, y sus altos funcionarios la cortesía siempre hasta ahora hacia mi persona.

No pecaré de ingenuo, si no comento, las últimas acciones policiales, una opinión no solicitada en la que usted afirmó ser: "disciplinados con la cuarentena". El gesto quedó grabado en mi memoria como una muestra poco común de impresión digna de analizar.

No está motivado entonces este mensaje o carta, en otro sentimiento que no sea el deber de intentar silenciar el áspero, y discordante sonido de la injusticia para que retumbe, ¡Al fin!, llegó el dulce, y armonioso gesto de la justicia social.

Esta carta abierta señor presidente está inspirada en esa necesitada fe del común del pueblo venezolano, que nos obliga a ejercitar la corrección fraterna para evitar que se siga hundiendo en el pantano quien sigue errático, y con políticas equivocadas; y donde es mayor la obligación, si el equivocado, tiene la altísima responsabilidad de conducir el destino de el país.

El puesto de mayor relevancia e importancia en Venezuela es el de Presidente de la Republica; y debe ejercerlo, precisamente, en favor de aquellos que hoy son víctimas de la injusticia del alto costo de la vida, y la falla absoluta de todos los servicios públicos, la especulación, la escasez y venta de gasolina en $ por parte de ciertos efectivos del GNB, cuestión esta que es vox populi, y la dolarización de la economía de facto, versus los salarios en bolívares; porque buscar justicia para el gobierno es bueno, pero buscarla para el sufrido pueblo es aun mejor.

No es aconsejable la indiferencia de un confinamiento del ‘#quédate en casa’, con la nevera vacía, que deja a cada venezolano llevar su cruz a cuesta, en un encierro sin trabajo sin ayuda, y con dadivas muy precarias, ya que hasta el más perfecto de los hombres tuvo su cirineo. La historia nos ha enseñado que cuando el estado de derecho se tuerce contra alguna persona, rara veces se endereza para todos los demás venezolanos.

Puede entenderse la imposibilidad de prevenir la hiperinflación genocida que azota a nuestro pueblo, pero jamás se debe aceptar la renuncia a luchar contra ella, hasta derrotarla. Yo he protestado públicamente, ante el hecho de venezolanos injustamente acusados por delitos prefabricados, pierdan su libertad, y no reciban garantías del debido proceso, con derecho a la legítima defensa, y así comprobar su inocencia ante las instancias jurisdiccionales.

La ausencia de justicia para muchos venezolanos por cuestiones banales de índoles políticas, demuestra que tenemos una Venezuela de víctimas, y victimarios; y en una nación así nadie puede sentirse seguro, porque una injusticia contra cualquiera ciudadano, es una amenaza para cualquier venezolano.

El mapa de la geografía de la naturaleza humana del venezolano, nos mantiene divididos en dos republicas, la del bien, y la del mal en una constante ‘guerra civil contra el hambre’ en el cuerpo, y alma del pueblo venezolano. El bien es la fuerza contenida en el espíritu libertario, y de calidad de vida del pueblo venezolano. El mal es la furia desatada por los cuerpos militares, paramilitares, y policiales. En la Venezuela del bien la ley debe ser la soberanía popular. En la Venezuela del mal, la fuerza (furia bolivariana) impone la ley, a trote y moche.

En un país como Venezuela donde la institucionalidad, está muy lejos de los contrapesos del poder, se impone con deprimente frecuencia la nación del mal; entonces, comienza a gobernar la furia desatada; y cuando se impone la fuerza, sabemos que deja de funcionar con equidad la justicia.

Los funcionarios civiles, y militares con poder, se convierten en lobos para los otros venezolanos, porque muchos se creen que el ejercicio de un cargo público les otorga una condición divina; pero olvidan también, que como simples mortales henchíos de defectos, las resultas de tan auto ilimitado poder, es la de la degradación moral continua, y acelerada hacia el abismo.

La corta memoria del pueblo mucha de las veces ayuda a olvidar pasados abusos, pero esa misma inclinación para el olvido produce la repetición futura de los mismos abusos. El inventario de injusticias que estamos viendo a diario es largo, pero los sucesos recientes de los últimos días demuestran la permanente manipulación política de las instituciones judiciales.

Leyes violadas e indebidos procesos, intentan siempre el sujetar la voluntad oficial de imponerse por los deseos de revancha, o del ventajismo político. Las instituciones no deben servir para aplastar los derechos constitucionales de los ciudadanos venezolanos. La suspensión sin precedente de las libertades de circulación por el territorio nacional, estadal, y municipal, es la ocasión para demostrarlo una vez más, la fragilidad del estado de derecho.

El Psuv todo lo califica como un sabotaje. Dicho, y hecho sin pruebas algunas. Las fuerzas policiales, y militares comienzan de inmediato a fabricar saboteadores mediante detenciones ilegales, bajo falsos cargos, y con interrogatorios soportados a base de chismes de soplones. Siempre en todos los casos, y con pocas horas de investigación, tienen supuestos autores, y hasta cómplices.

La mayoría de los detenidos por motivos políticos son mantenidos en prisión durante un plazo mayor a las cuarenta, y ocho horas concedidas por la Constitución para someterlos a la justicia penal, o ponerlos en libertad, y/o bajo investigación. La mayoría por decisiones políticas pierden irregularmente su libertad. La mayoría de las veces la recuperan con decisiones políticas basadas en el chantaje.

La más vil forma conocida de injusticia, es la de una justicia manipulada, porque se une a la impotencia, la desesperanza. La mentira siempre ignora que es imposible regresar desde donde es llevada la mentira; porque el problema no es solo mentir, sino que nadie podrá creerle nada nunca jamás.

Hay que abolir a los continuos perpetradores de atentados, contra los derechos de los ciudadanos por cuestiones políticas, sin sufrir esos verdugos ninguna consecuencia; porque siguen impertérritos en sus cargos, simulando servir al interés de la revolución. Los ciudadanos comienzan a preguntarse, si solo son simples agentes de una voluntad superior.

El país se dirige a un proceso de paralización que puede representar los ‘Sísifo’ de unos líderes políticos que se creen eternos; pero la historia los mira todavía con misericordia al extenderle tiempo suficiente para la rectificación.

Señor presidente para finalizar por el bien de Venezuela, y de nuestros hijos, nietos, y bisnietos, muchos podrán olvidar, pero la historia no olvidará jamás. El gesto más conveniente, para solventar este marasmo de los párrafos que le tocan, es activar una rectificación contra los factores causantes de tanta injusticia, como se lo han solicitado en cientos de artículos un grupo de articulistas de www.aporrea.org . Porque de lo contrario, su inacción también puede ser su condena.



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Edgar Perdomo Arzola

Analista de políticas públicas.

 Percasita11@yahoo.es      @percasita

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