Los caballeros de siete colores

"Aquello parecía a la vez una llama ardiente, una cesta de naranjas, un rayo de sol, un retazo de bosque, un sorbo de mar, una canasta de uvas maduras y el cielo en el crepúsculo. ¡Era fantástico!". - Valores para la Convivencia. Esteve Pujol e Inés Luz González-

Una de las más hermosas fabulas sobre la tolerancia está descrita en el Reino de los Siete Colores, donde el Rey Blanco y Negro y la Reina Rosa, encargaron a sus siete caballeros (rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta) adornar con sus colores la entrada del palacio para festejar el matrimonio de su primogénita hija, la encomienda no se cumplía por la actitud presumida y arrogante de cada caballero en pretender imponer despóticamente su color. Hasta que el Rey en castigo por su inutilidad los expulsó y envió más allá de las nubes, lo cual devino en la formación del arco más bonito y esplendoroso que nadie había visto: el arco iris, aun cuando los caballeros conservaban su color y estaban juntos.

Dicha reflexión es la antesala para referirme a la patria venezolana, sumida en una profunda crisis estructural que no deja de mostrar sus aristas, incluso en momentos, en que la gente permanece en sus hogares a raíz de la pandemia del Coronavirus, por ejemplo, la inexistencia casi absoluta de la gasolina para abastecer autos particulares y como "valor agregado" las denuncias en contra de individualidades militares y policiales que trafican con el combustible, todo lo cual genera angustia e incertidumbre sobre el acontecer futuro, la carencia del combustible puede producir efectos devastadores en nuestra economía productiva, especialmente en la industria agrícola y pecuaria, clave para el abastecimiento alimentario y en general para el desempeño de la sociedad, en estos días de tregua sin excusa, ampliada ahora a un mes, de acuerdo con la información de la vicepresidenta de la nación Delcy Rodríguez Gómez; por cierto, medidas que nos gusten o no, han mostrado resultados óptimos, con cifras de contagiados y fallecidos muy por debajo de la media mundial, a Dios gracias y por las, sin duda, efectivas medidas aplicadas por el presidente Nicolás Maduro al mando del Ejecutivo Nacional, con la decidida colaboración de todas las ramas del Poder Público. El Gobierno ha demostrado, sincronía y efectividad en su accionar para enfrentar y superar la pandemia, en el marco de una crisis de ribetes colosales.

Es precisamente en este contexto donde salen a la luz pública tres noticias en tres momentos consecutivos y que de alguna manera presentan una relación digna de análisis. La primera sobre las denuncias del Gobierno acusando a Colombia y EEUU de "conspirar y planear asesinatos selectivos" en Venezuela, denunciado en voz del ministro de Comunicación e Información de Venezuela Jorge Rodríguez el pasado 25 de marzo donde aparece involucrado el general retirado del Ejército Clíver Alcalá Cordones e incluso hasta la antigua fiscal Luisa Ortega Díaz y el líder opositor diputado Juan Guaidó. Rodríguez indicó que grupos de criminales estarían planificando realizar "asesinatos" y hasta el magnicidio, así como ataques con artefactos explosivos con el objetivo de provocar el caos en Venezuela. Tal situación conllevó al propio Alcalá Cordones a entregarse casi de inmediato a través de la Dirección Nacional de Inteligencia colombiana a las autoridades de los EE.UU. para comparecer ante la justicia de ese país que lo acusa de narcotráfico, habiendo ofrecido 10 millones de dólares por su captura.

Seguidamente El gobierno de Estados Unidos presentó el jueves cargos contra el presidente, Nicolás Maduro, por supuestos vínculos con el narcotráfico y prometió una recompensa de 15 millones de dólares por su captura. Más adelante, concretamente el 7 de abril, el diputado opositor en el exilio José Guerra comentó en una entrevista en el programa de Vladimir Villegas, Vladimir a la 1. "Yo creo que hay que hacer una ley de amnistía general (…) hay gente que quiere ver a Diosdado preso, yo no lo quiero ver preso; a Maduro en La Haya, yo no lo quiero ver en La Haya; quieren ver a Jorge Rodríguez en un psiquiátrico, yo no lo quiero ver allí".

Hasta aquí las cosas se pudiera deducir de los tres acontecimientos la natural condena a los dos primeros. 1. Porque de ser absolutamente cierta la supuesta conspiración y aplicación de asesinatos colectivos, por muy cruenta que sea la diatriba política y sus efectos en la sociedad jamás puede justificarse la violencia como negación a la insistencia del dialogo, porque la crispación del conflicto para superar los males de la nación puede desencadenar situaciones violentas de magnitudes impensables. 2. Porque la amenazas de este tipo por parte de EEUU, aplicadas por cierto en el Medio Oriente con los consabidos resultados, se muestra como una tragicomedia, jamás vista contra gobiernos occidentales y menos aún de nuestro Hemisferio.

Me recuerda tal acontecimiento las películas del Viejo Oeste, Wanted. Pay reward. Que se muevan los caza-recompensas, hay 15 millones de dólares de por medio, por supuesto exaltando de placer los predios radicales, díscolos de la política junto a sus barras sedientas de venganza y convencidas que ahora sí el camino está abierto, dejando a su paso más tributo al odio y por supuesto a la frustración. Dijo una vez el neoclasicista, poeta y escritor italiano Ugo Foscolo "El odio es la cadena más abominable con la que una persona puede obligar a otras". De lo anterior deviene incluso, para quienes rechiflan de emoción al creer en la inmediata salida de Nicolás Maduro, que tal propósito del gobierno norteamericano produzca una disminución de las posibilidades a una salida política, democrática y pacífica a la situación venezolana. Todo esto aleja la posibilidad de soluciones en lo inmediato.

3. En cuanto a las declaraciones del diputado José Guerra, cabe mencionar que tienen un gran contenido de tolerancia y fe en un sistema democrático que indefectiblemente se debe fortalecer, creo entre líneas que el propósito del diputado opositor estriba en eclipsar lo sucedáneo, para propender los caminos del entendimiento a partir de gestionar propósitos que diriman cualquier pugna en el plano político. La democracia se basa en la lógica de castigar y premiar (razón de ser de la consulta electoral), Esto compromete a los actores de la política con orientaciones, a tal extremo que rechazándolas en privado, en público no les queda más remedio que aceptar.

Los problemas y conflictos siempre van a existir en cualquier sociedad, por muy agudos que estos sean, insisto, en cualquier sociedad, por muy perfecta que pudiera ser; para ello se requiere tener en muy buen mantenimiento los dispositivos democráticos para el procesamiento de los conflictos, para que estos sean manejados por la propia sociedad y eventualmente resueltos por ella misma.

Por supuesto que esto lleva implícito condenar toda manifestación aberrante que el gobierno pretenda darle a la disidencia para acorralarla y sacarla del juego; en función de eliminar los procedimientos autoritarios y policiales como método exclusivo y permanente para resolver las contradicciones en el seno de la sociedad. Las convicciones políticas, las opiniones personales y las actividades licitas, en una sociedad pluralista como la nuestra, no pueden ser de la competencia exclusiva de los órganos de Seguridad del Estado.

De manera entonces que estos tiempos de resguardo ante la pandemia, deben servir de acicate para persistir en el dialogo y la negociación, para transitar los senderos de la racionalidad, del reencuentro y de la tolerancia. Las diferencias deben considerarse innatas a los valores y no como elementos discriminatorios.



 



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Victor Barraez


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