¿Será que es verdad?

¡Se acabó! ¡Se acabó!...

Fue como una voz, que se escuchó como un estruendo, como algo desconocido por los humanos y se oyó en todos los confines de nuestra tierra, como si a la vez el planeta temblara…

En el Monte Sinaí, en la cordillera de Los Andes, en el Potosí, en el Himalaya, en el Popocatépetl, en el Monte Vesubio, en el Cotopaxi, en el Monte Everest, en el Monte Fuji, en la Serranía del Perijá, en Canaima, en el Salto Ángel, en cada rincón se escuchó esa voz como inundada de furia…

¡No Padre, no puedes destruir de un solo plumazo tu creación divina!

¡Dadme una razón para no hacerlo hijo mío!

Dijisteis que siempre perdonarías sus pecados…

Ya no más hijo mío, ya no más…

¡Pero Padre!

Pero hijo, reina la mentira, la codicia, la locura…

¡Dudan de mí!

Sólo se acuerdan de orar o alabar a su Dios o a ti mi hijo, cuando una desgracia los acorrala…

Muchos ya dicen que no existo, que como es posible que hayan pasado más de 2.000 años y tú todavía no hayas regresado…

Sin comprender, que soy Yo mismo con mi paciencia divina, que les he dado todo este infinito tiempo, perdonándolos y esperando que cambien por el bien de ellos mismos, y todo sigue igual…

Se matan unos a otros, destruyen toda la naturaleza que les regalé, inventan guerras, los ancianos pasaron a ser seres humanos desechables, sin pensar que están inundados de sabiduría…

Otros me niegan porque dicen que tiene que ser mentira que existo, porque si los hice a mi semejanza como pueden existir seres tan malvados, como si fuera mi culpa de que hayan elegido el camino del mal…

Yo no puse a Satanás en la tierra, ellos fueron que lo llamaron…

Inventaron infinitas religiones para enriquecerse en mi nombre y jamás para ayudar a los desvalidos…

No hijo mío, solo reina entre ellos, la maldad, la codicia y la mentira…

Sus mandamases que dirigen los destinos de sus tribus, son maestros en enseñar a dividir, pero nunca a sumarse ni a multiplicarse, una sola causa los guía: ¡La codicia y su ambición desmedida!

Cambiaron el significado de la palabra hermano por la de enemigo…

¡Sacrifiqué a mi propio hijo!, ¡Tu Jesús! Fuiste mi cordero para perdonarles los pecados y nada ha cambiado…

No más hijo mío, no más…

¡Pero Padre! Suplicaba el Nazareno, mientras su Padre se alejaba llego de indignación…

Y las mismas palabras retumbaban en el sitio mientras Jehová se alejaba…

No más hijo mío, no más……………………………….

Jesús recordó los días en el huerto de Los Olivos cuando Judas lo entregó a los romanos con un beso, cuando suplicaba que su Padre volviera a perdonarnos…

Cuando ya despuntaba el alba, que decía que un nuevo amanecer llegaba…

Una voz se escuchó en las cercanías del Nazareno ordenando:

"Pedro, llámame a mi hijo" con un tono de voz que denotaba que tal vez la ira pasada se había disipado…

Cuando estuvo frente a ÉL, estas fueron sus palabras:

"Hijo mío, regresarás a la tierra nuevamente"…

"Tus manos como hicieras con la lepra, sanarán a todos los enfermos"…

El Nazareno asistió con su cabeza en señal de reverencia y agradecimiento a su Padre…

Camino a cumplir su tarea, su Padre le dijo brevemente:

"Multiplícate hijo mío, como tú solo sabes hacerlo"

"Repite nuevamente el momento sagrado de los panes y los peces, donde hoy más que nunca, son mucho más necesarios que en aquellos días lejanos"…

Al partir el Nazareno…

Un hombre con su impecable trajeado, su corbata reluciente y su sombrero de antaño sobre su rostro, donde una túnica blanca colgaba de su antebrazo que se dejaba ver ante los ojos del Señor, se paró ante él con un semblante suplicante…

"Lo sabía José Gregorio, sabía que me lo pedirías"…

"Regresa a tu amado terruño, hermano de las sanaciones"…

"Ayuda a mi hijo en su titánica tarea, como tu bien sabes hacerlo"…

La alegría era tanta en aquel médico, que su sombrero voló por los aires en clara señal de su alegría, mientras daba hurras al viento……………………………………….

(…) Saben algo, lo soñé anoche (bueno, algo común en este pobre loco, mis horas de dormir me las paso soñando)…

Les confesaré algo: Desde anoche, me alisto para la noche de hoy y las que vendrán, donde a pesar de ser viejo, quiero soñar que seré uno más de los voluntarios que se ofrecen a ayudar en los hospitales, (donde de ser realidad y no un sueño me sacarían a puntapiés por mi edad)…

Pero en los sueños; todo se vale…

Y esperaré ese momento, cada noche hasta que pase esta pandemia, soñando que un simple día como tantos, escuché esa voz de un tal José Gregorio que me dirá:

"José, por favor, ayúdame aquí"…

Y esa noche…

Ya no querré despertar…



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José Varela


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