Auditórium

¡El problema es político, no económico!

En definitiva es el trabajo el que da sentido a la situación de ciudadanía, a la libertad frente a opciones vitales básicas o la capacidad para ejercitar los derechos, y practicar sus capacidades humanas. “A un obrero le preguntaron en el tribunal si quería prestar juramento bajo la fórmula religiosa o la forma laica. Éste respondió: estoy en paro. Eso no fue solamente una evasiva, señaló un señor presente. Con esta respuesta dio a entender que se hallaba en una situación en que semejantes preguntas, si no todo el proceso judicial, carecían en si mismo del menor sentido”. Fin de la cita historias sobre Bertold Brecht.

Nada de lo que está sucediendo como consecuencia de esta hipercrisis es tan negativo como el conformismo social a vivir en la pobreza, que se presenta como un hecho cotidiano, y fatal ante la opinión pública mundial.

Es ya una cantaleta aburrida la que resulta de escuchar una, y otra vez a los que configuran este desastre como un “hecho externo”. Son pronósticos equivocados a la vez, de una intensa agresividad totalitaria que desembocan en el sufrimiento de cada vez mayor en los estratos de la población más vulnerables.

El problema venezolano es social y político fundamentalmente. No sirven las políticas de empleo precario, sino la política con MAYÚSCULA, dónde la capacidad de los sectores sociales, y de las fuerzas políticas de izquierda, centro, y derecha en afirmar la centralidad del buen vivir en el espacio político, social y económico de nuestro país. No se debe insistir en recetas fracasadas, y letales para las personas: con el alto costo de la vida, pobreza, y desigualdad. Estas, y no otras, son las prioridades que hay que abordar. Y ello exige profundos cambios en la política económica. Señalando la misma forma de contemplar correctamente el problema.

En los mercados, por supuesto, tiene que haber reglas del juego, y éstas son establecidas a través de procesos políticos. Los altos niveles de desigualdad económica en Venezuela, conducen a la desigualdad política. En este sistema como el de la Venezuela actual, las oportunidades para el progreso económico se tornan, cada vez, más desiguales, y consecuentemente apalancan los bajos niveles de movilidad social.

No se debe seguir insistiendo en políticas que, una vez realizado un balance social de daños, va a resultar demoledor. Hiperinflación, pobreza y desigualdad. Estas, y no otras, son las prioridades que hay que resolver en Venezuela. Y ello exige profundos cambios en la economía que requieren, a su vez, del derrumbamiento definitivo de este modelo político.

El panorama social venezolano se caracteriza por el incremento de la pobreza extrema, asociada al alto, y prolongado costo de la vida, que hace que millones hogares en los que viven millones de personas, los ingresos que perciben son para medio comer. Baja la calidad de vida, por la inflación, y el vivir se degrada cada día más. Tenemos, por otra parte, los índices de pobreza más altos de la América Latina.

Lo cierto es que no vemos por ninguna parte, aunque anémica, ninguna recuperación económica, lo que hay son marcadas incertidumbres internas, y externas, que no indican cambios, y menos se traducen en mejoras para la población, en primer lugar para quienes peor la está pasando.

El alto costo de la vida, hemos de afirmarlo con total rotundidad, está creciendo de manera alarmante, donde se está produciendo una masacre por la vía de la especulación, a tiempo completo, algo no deseado, con bajos salarios, y precios dolarizados.

Se está configurando un aumento de la crisis reproduciendo en uno de los factores, el impulso a actividades de bajo valor añadido que, junto al "lavado de dólares" con los llamados bodegones, junto a la importación de porquerías, que no caracterizan ningún modelo de crecimiento de la producción nacional, y que en gran medida son responsables de la pobreza de la nación venezolana.

Y éste modelo político fracasado, en ningún caso puede ser la salida de la crisis. Es necesario un nuevo modelo político, para que funcione lo económico, un decidido impulso de la economía productiva, del sector industrial, la restitución de los derechos sociales, y laborales, y un mercado competitivo que favorezca la estabilidad, y la calidad del empleo como lo era en pdvsa, y con ello, también, unos mayores niveles de productividad.

Un nuevo sector público debe jugar un papel relevante en la recuperación económica del país, siendo parte fundamental para el necesario cambio de este ruinoso modelo económico.

No se puede, en definitiva, insistir en modelos fracasados del socialismo real del siglo XX, o con este modelo de ‘neoliberalismo socialista ciego’, con estos de los bodegones de la estafa, y la prostitución, pero letales para las personas, con políticas de saqueo, que una vez evaluadas, van dejando un balance social de daños, muy demoledor en la sociedad venezolana.

Las fuerzas políticas emergentes tienen que presentar, un proyecto de país que defina un nuevo modelo de crecimiento, con un objetivo de mucho más, y mejor calidad del empleo, para el incremento de la productividad en el trabajo. Esto en sí no debe verse como un problema técnico-económico, sino como una sabia y fuerte decisión política que corrija este desastre.

Para esto, es fundamental, y necesario, democratizar la economía, creando un nuevo modelo de lazos, entre la economía, y una política democrática, con un papel mucho más relevante del Estado en el conjunto de la promoción de la actividad económica, y una nacionalista concentración de la inversión privada en el incremento del capital de las empresas, con una fuerte capacidad de innovación tecnológica, alejándose de las prácticas especulativas que tanto daño le han hecho a Venezuela.

Percasita11@yahoo.es



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Edgar Perdomo Arzola

Analista de políticas públicas.

 Percasita11@yahoo.es      @percasita

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