La eterna cobardía de los toreros

Pensando en el futuro, lamentando el pasado, y resistiendo el presente, es difícil aceptar que la tauromaquia sea una expresión artística de la cultura hispana, porque cuando vemos la sangre, el dolor y la muerte de un indefenso animal, no podemos aplaudir y festejar el sufrimiento, que padeció otro ser vivo de la Tierra.

Es muy fácil enamorarse de la mariconería de los toreros. Hay toreros pasivos, hay toreros activos, hay toreros versátiles.

Todos los toreros sufren disfunción eréctil, por eso la rabia de la impotencia sexual, permite que los toreros sean muy calientes y salvajes en el ruedo, pero muy fríos y aburridos en la helada cama.

Los toreros son valientes y pasionales demonios afeminados, que con la marca de la bestia sellada en sus amaneradas testas, y que con sus cuerpos brillantemente esbeltos de luz, se visten con piel de gala para asesinar el derecho a la vida de un oscurecido toro, y se sienten dioses capaces de decidir el destino de un encarcelado y pobre animal.

La tauromaquia es un lucrativo negocio, rentabilizado por cada gilipollas empresario taurino, que aprovecha la ignorancia del pueblo y la necesidad de violencia de la gente mundana, para llenarse los bolsillos con billetes ganados por la sangre y con el sudor de un perturbado animal, que sacrificó su vida para conmemorar la fiesta de una virgen, para recordar los milagros de un santo, para celebrar el apellido de una poderosa familia, y para comprar los votos de las próximas elecciones gubernamentales.

En las monumentales plazas de toros, se malgasta el dinero y se malgasta el tiempo para disfrutar de la borrachera taurina, porque mi abuelo siempre llevaba a mi papá al fuego del infierno, porque mi papá siempre me llevaba al fuego del infierno, porque yo siempre llevaré a mis hijos al fuego del infierno, porque mis hijos siempre llevarán a mis nietos al fuego del infierno, porque nadie sabe dónde nació el tradicional fuego del bullying, y porque el círculo vicioso se rompe con una lágrima de discernimiento.

Afortunadamente, es innegable la decadencia de la tauromaquia en pleno siglo XXI, porque aunque la empresa privada sigue comprando con plata a los mediocres jueces, y sigue comprando con más plata a los mediocres gobiernos de turno, para seguir legalizando y realizando los criminales eventos taurinos, no hay duda que la asistencia del público que se presenta y celebra las corridas de toros, ha decaído notablemente en la mayoría de las plazas de toros de la geografía latinoamericana, donde se empieza a comprender que matar nunca fue un arte, no es un arte, y jamás será un arte.

Sin embargo, los famosos y respetados toreros continúan simbolizando la gallardía varonil, el prestigio moral y la virilidad masculina, que se consigue clavando banderillas, cortando rabos y amputando las orejas del toro, para que los cuernos de Satanás sigan capitalizando la muerte de Jesús.

Hoy vamos a demostrar que los miserables toreros no representan la valentía. Por el contrario, la mariconería de los toreros representa la típica cobardía de los Seres Humanos, que carecen de sabiduría para evolucionar en el camino de la vida, y que viven ciegos por tanto odio y por tanta sed de venganza.

Pero nos preguntamos: ¿Quién demostrará la clásica cobardía de los toreros?

Tal vez Nuestro Señor Jesucristo, puede demostrar la cobardía de los toreros, porque durante su pasión y crucifixión, Jesús sufrió el calvario del toro en carne viva, siendo inmerecidamente traicionado, humillado, lacerado, golpeado, y hasta perforado por una lanza que atravesó su cuerpo, para limpiar nuestros pecados con su preciosa sangre derramada en la cruz, y para redimirnos de una legendaria violencia, que por desgracia, no fue totalmente expiada en el madero de la cruz de viernes por la tarde, y que sigue violentando y abusando de las almas inocentes, en las maquiavélicas plazas de toros.

Tal vez Santa Teresa de Calcuta, puede demostrar la cobardía de los toreros, porque fue una mujer que sacrificó su propia vida, para ayudar y regalar aliento de vida a los hermanos más pobres del Mundo. A diferencia de los aristócratas Sumos Pontífices de Roma, que son incapaces de tocar el sucio corazón de un leproso, la recordada Madre Teresa de Calcuta hizo la faena que nadie quiere hacer, poniendo en práctica todas las bíblicas enseñanzas de Jesús, poniendo los pies sobre la arcilla para alimentar la esperanza de los niños más desposeídos, y poniendo por obra todas las bendiciones de amor que compartió con el prójimo, con una sonrisa y sin esperar recibir nada a cambio.

Tal vez Casper el fantasma amigable, puede demostrar la cobardía de los toreros, porque él no quiere torturar ni asustar a nadie, ya que solo quiere hacer nuevas amistades y divertirse sanamente, utilizando valores fundamentales para la vida, como la empatía, la solidaridad, el pacifismo y el altruismo, que han convertido a Casper en un heroico personaje de la cultura popular, y que nos demuestra que hacer el bien sin mirar a quien, siempre será la mejor medicina para curar el cáncer de la tauromaquia.

Casper es conocido en Latinoamérica como Gasparín, y en la serie televisiva de dibujos animados llamada "Gasparín y sus amigos", vimos un interesante capítulo especialmente dedicado a la tauromaquia, que a continuación comentaremos para explicar la cobardía de los toreros.

En el capítulo vimos que Gasparín consiguió la amistad de Pancho, un becerrito que quería ser un toro bravo como su papá, aunque desconocía cuál sería el destino de su padre, y no sabía la razón por la que debía aprender a cornear.

Mientras Gasparín y Pancho jugaban y paseaban por la ciudad, ambos llegaron hasta una monumental plaza de toros, donde descubrieron que el papá de Pancho estaba siendo liado y castigado por el astuto torero, quien con el punzante estoque en mano, estaba a punto de causarle una fatal herida de muerte, al confundido y cansado toro.

Tras visualizar la terrible escena taurina, Gasparín le advirtió a Pancho que su papá enfrentaba un gravísimo peligro, por lo que Pancho entró en el ruedo para luchar contra el torero, y así defender la vida de su padre.

Pero cuando el torero vio que Gasparín, estaba cabalgando el becerrito que se aproximaba, pues vimos que el torero se asustó y enloqueció por la fantasmagórica presencia del "espíritu", que hizo que el torero corriera y huyera lleno de cobardía y miedo, por culpa del inimaginable niño en la arena taurina.

El cobarde torero soltó su muleta, soltó su estoque, soltó su valentía, y no dejaba de correr, gritar, y exclamar una y otra vez: ¡El espíritu! ¡El espíritu! ¡El espíritu!

Mientras el cobarde torero intentaba desesperadamente zafarse por el burladero, vimos que el becerrito Pancho usó sus cuernecitos, para darle una corneadita al trasero del errante torero, que necesitaba aprender a respetar los derechos de los animales, antes de escapar sin montera y sin honor de la ridiculizada plaza de toros.

Luego, Pancho recibió una ovación por parte de la muchedumbre, que reconoció el ímpetu y la gran valentía del becerrito.

El episodio culminó cuando el papá de Pancho, que se salvó de ser otro toro desangrado y asesinado en el ruedo, alzó con alegría a su querido becerrito, del cual dijo sentirse muy orgulloso por su osadía, aunque sin saber que un fantasmita amigable llamado Gasparín, fue el niño que causó la locura en la mente del torero, y también fue quien nos demostró la cobardía de los toreros.

¡Qué cobardes son los toreros! La aparición de un niño fantasma durante la corrida de toros, demostró que un torero tiene sangre fría para matar a un pobre animal, pero NO tiene pantalones para encarar a un "espíritu" del más allá.

Yo produje un sencillo video, sobre el mencionado capítulo de la serie "Gasparín y sus amigos", que nos demuestra la clásica cobardía de los toreros en Hispanoamérica, y que nos ayuda a respetar la diversidad biológica de la Tierra.

El video lo subí a Youtube, y a continuación comparto el hipervínculo:

http://hechoecologico.weebly.com/casper-demuestra-la-cobardia-de-los-toreros.html

Ojalá que Gasparín y Pancho se aparecieran en todas las plazas de toros, para erradicar tanta maldad que envenena el alma de los corazones hispanos, y para defender la vida de los seres vivos que no eligieron morir en la impunidad.

Pero lamentablemente, el sangriento negocio de la tauromaquia, sigue siendo una mortífera realidad en países como México, España, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, donde la corrupción, la clandestinidad, y la ilegalidad de la empresa privada, sigue auspiciando el desarrollo de macabros eventos taurinos, que masifican la injustificada muerte de animales, que socavan la salud mental de los eufóricos fanáticos, y que predisponen la violencia social en las colectividades.

Hay billones de cobardes en el Mundo, y tan solo hay tres valientes en la Tierra.

Muchas gracias por leer el artículo, y seguiremos en la lucha antitaurina.



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Egresado de la Universidad del Zulia en Venezuela.

 carlosfermin123@hotmail.com

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