Falso antagonismo y falso socialismo

La tozudez de Maduro acabará con todo. Su gran plan ha sido estrellar de frente el país al muro del capitalismo, una, otra, y otra vez, hasta que estalle y desaparezca definitivamente como nación, "hecho añicos"; hasta que cada habitante, sin necesidad de emigrar, termine bajo la tutela de chinos, rusos, gringos, colombianos, brasileños, turcos, bajo el "protectorado" de cualquiera de los oportunistas que han metido su cuchara en la repartición descontrolada y desesperada de Maduro, por razones más que mezquinas y fútiles...

Confrontados a Maduro se encuentra otro grupo desesperado y muy ambicioso, de –"cómo llamarlos" – gestores de la "neo colonización pos Chávez", mercenarios, caimanes, que están dispuesto a hacer lo mismo que Maduro, pero sin él; picar el país en pedacitos para venderlo al mejor postor, acabar con el concepto de nación (una instrucción neoliberal), de cultura, de historia, para que vivamos el día a día de sus ansiosas y pobres existencias. No hay antagonismo ideológico, no hay dos proyectos de países distintos; el antagonismo es "deportivo", dos equipos con habilidades y técnicas equivalentes y respetando las mismas reglas (las reglas de la codicia), con fanaticadas idénticas, o idénticamente idiotizadas.

Ahora se pelean por una fecha, para realizar unas elecciones, las cuales prometen, cuando mucho, un buen espectáculo. Cada quién busca su mejor oportunidad, una ventaja para ganarle la contienda al otro. Pero, hasta ahí: al plan general ya está trazado por el capitalismo.

Es impresionante la superficialidad del debate político actual. Todo el mundo quiere salir de Maduro pero muy pocos hablan de lo que se ha perdido en estos años, o del modelo de sociedad que se quiere, ni siquiera para defender al capitalismo. Las razones que se esgrimen siempre tocan lo personal, los bajos sueldos, la falta de luz, de agua, de internet, alimentos, pero nadie ve más allá de ahí. Las razones y los discursos apelan al estómago o a la comodidad, de manera demagógica y populista. Unos critican la velocidad del Internet y el presidente promete el Internet más rápido del mundo, unos reclaman mejores sueldos y el presidente les da bonos y se calman. Unos ofrecen regresar a la cuarta y el gobierno promete "regresar al futuro"… de la cuarta.

¿Qué pasó con el socialismo? ¿Qué pasó con los socialistas? No se puede permitir la caída del espíritu revolucionario por causas personales, por los bajos sueldos, por las necesidades materiales; no se puede optar por abandonar los ideales por causa del consenso de los poderosos, porque la oposición y el gobierno peleen por lo mismo y con las mismas armas. Debemos hacer una resistencia pero con la conciencia; despiertos, criticando sin vanidad, olvidarse por un momento del ego y pensar en la sociedad que es nuestra matera prima, nuestro barro: somos creadores de mundos nuevos.

El daño más profundo hecho a la revolución bolivariana de Chávez ha sido su falsificación. Que todavía se hable de socialismo cuando los planes y las decisiones que toma el gobierno son de corte neoliberal, y cuando mucho, pujan a ser socialdemócratas populistas, semejantes a cualquier gobierno adeco copeyano de la cuarta. La superficialidad con la cual se trata el lenguaje, el efectismo de su uso, mantiene a la gente sostenida de una brocha, el leguaje como promesa de algo que no existe. Cuando Maduro habla de socialismo la gente mira hacia los lados pero no se suelta de la brocha; Maduro, Aristóbulo, Diosdado, no importa quién hable o quién esté "arengando" (haciendo el "miting al equipo") en ese momento. Las palabras, que con Chávez cobraron algún sentido concreto: socialismo, revolución socialista, bolivarianismo, independencia, soberanía, paz, patria, con esta legión de "políticos impenetrables" perdieron profundidad, contenido, son usadas con irresponsabilidad para engañar, para disimular, enajenar a la población de su realidad. Lo que en Chávez era Patria Socialista, paz con justicia, independencia y soberanía frente al poder capitalista, en Maduro y su pequeña caterva, son comodines, ¡jokers para ganar una partida sucia!, palabras vacías.

El lenguaje populista y demagógico usado por el gobierno de Maduro le ha hecho mucho daño al socialismo y a la revolución, tanto que muchos antagonistas que hablan en nombre del socialismo se han plegado a su superficialidad, terminan ellos hablando sin sentido también, o con una ambigüedad ideológica, muy parecida a la demagogia, defendiendo unas elecciones inservibles, a una empresa privada podrida, aliándose con la derecha o lo peor de ella solo por oponerse al equipo de Maduro: Barreto con Claudio Fermín, Gustavo Márquez con Ochoa Antich, Douglas Bravo con María Machado, o con esa cosa que se llama David de Lima. Nadie quiere discutir sobre bases ideológicas, nadie quiere pensar o reflexionar, por ejemplo, la validez del Plan de la Patria de Chávez (el original), o si no, sobre la revolución bolivariana y socialista; están entregados a la cautivadora fiesta electoral, y las oportunidades que ofrece a los osados.

Dejemos de hacer como si lo malo también es una oportunidad, pero sin hablar con la verdad ¿Una oportunidad para qué o para quién? ¡Esta sigue siendo la oportunidad para la revolución socialista!, para volver a retomar el debate ideológico; nosotros proponemos recomenzar andar el camino que dejó trazado el último Chávez, su Plan de la Patria; es un buen comienzo para debatir política con P (mayúscula); todo esto que pasa en el país, en la región y más allá, para bien o para mal se lo debemos a él… ¡Sí hay un legado!, que no es Maduro y su megalomanía capitalista, ¡reflexionemos en eso apartando la mirada de nuestros ombligos!, dejando de ver hacia dentro del estómago y subiendo la vista hacia la consciencia. ¡Volvamos a Chávez!



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Marcos Luna


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