Venezuela en medio de una guerra hegemónica y Maduro todavía cree que el problema es él

Maduro cree, o por lo menos así lo dice en sus discursos, que el problema con los EEUU se debe a sus "16 motores de desarrollo", su "originalísimo" plan para desarrollar las fuerzas productivas capitalistas, las cuales él define como la "economía real". Cuando el habla del "desarrollo de la economía real", lo que quiere decir, con disimulo, es que la "economía socialista" que el mismo desmontó es "irreal", no existe. ¡Por supuesto que ahora no existe! ¡De eso se trataba el reto de una revolución socialista, de hacerla posible!, y él acabó con lo poco que hubo de revolución en nuestra economía; todo lo que inició Chávez lo revirtió, restauró el capitalismo a plenitud, ¡por cagón, por flojo, por ambiciones mezquinas!

Esta oferta "tan sincera" de hacer de Venezuela un gran país capitalista "potencia" nos dice lo poco que tiene Maduro de revolucionario y de socialista. De revolucionario no tiene nada. De revolucionario no hay nada al querer "competir" en el mundo capitalista con EEUU, con China o Rusia. Más bien tiene de pendejo… Al creer que tres potencias como esas van a permitir que Venezuela – "que todo lo tiene", como él dice – compita en una lucha de "pesos pesados"; ni siquiera Brasil…, ni Colombia, así como así, van permitir que haya una "Venezuela Potencia". Y de socialista, es evidente que Maduro y sus fantásticos no pasan de ser unos adecos más; un socialdemócrata avergonzado (que en Maduro es uno de sus peores defectos, y es bastante decir).

China y Rusia necesitan del petróleo y el gas de Venezuela, necesitan suplantar a EEUU como dueño hegemónico de nuestro petróleo, y ahora de nuestro coltán, uranio, oro, diamantes, agua etc. Además, estas potencias "emergentes" necesitan ganar una guerra abriéndose mercados en América latina, y que mejor escenario que el de Venezuela la cual está súper ubicada a la entrada de Suramérica, uno de los continentes más ricos del planeta.

En este contexto de guerra por la supremacía económica, las soluciones maduristas a nuestros problemas se ven francamente ridículas. Y debajo de todo este escenario estamos nosotros, los que no intervenimos en nada, el pueblo paciente y empobrecido, algunos creyendo todavía que puede haber una solución en las locuras de Maduro, prometiendo por enésima vez el arranque de los 16 motores fundidos (convertirnos en otra potencia, "la Venezuela potencia", pero capitalista, compitiendo con Brasil, con Argentina, hasta con EEUU: "¡Por eso nos temen!", dice el avergonzado Maduro, el rey delirante).

Si hay una virtud en la revolución socialista – en el socialismo, que es una revolución –, es que lleva la verdadera esperanza a los que no tienen nada frente al capitalismo, inclusive, frente a la guerra (o las guerras entre potencias, por ver quién arruina primero al planeta; guerra entre corporaciones, entre familias de súper millonarios). La revolución socialista, la oferta de un cambio de mentalidad en el consumo, en los valores, en las expectativas y aspiraciones humanas, es lo único que puede enfrentar con éxito a la cultura de la devastación, de la guerra (por los recursos del planeta), la cultura del consumismo loco, del lujo, la cultura de los que no hacen nada, luego inoculada a la mentalidad del trabajador pobre que lo hace todo. Esta violencia desatada entre súper potencias nada tiene que ver con nosotros que de broma podemos sostener materialmente a nuestras familias.

Maduro, en medio de su ignorancia, nos echa el cuento de que el bloqueo de EEUU se debe a la revolución, a una revolución que no existe, a él y su mediocre plan de desarrollo y prosperidad económica. El bloqueo a Venezuela es un escenario más dentro de una lucha entre potencias, lo que significa que, si Maduro sale del gobierno la presión no va a disminuir, el engaño a la población a través de promesas no va a cesar, la fragmentación de la sociedad continuará…, todo seguirá igual o será peor.

Que salga o no del gobierno maduro y su gente, no cambiará las cosas. Pero, que el pueblo trabajador, que la clase trabajadora, obreros y campesinos, que la sociedad segregada de las negociaciones y decisiones del gobierno, tome el control (el poder) y resuelva su propio destino, sí. El gobierno; maduro y la oposición, juegan su propio juego, y en él, el resto de la sociedad no participa, nunca fue invitado; diríamos que "Rondón está drogado y no puede pelear": nos mantienen al margen de esta tragicomedia solo útil para salvarle el pellejo (si es que fuera posible) a sus "bufones", a los maduristas y a la oposición.

La salida verdadera de este embrollo planetario es coger la tangente de la revolución socialista. Si nos quedamos sentados a que las cosas mejoren frente a alguno de los pesos pesados, perderemos. Sí gana EEUU, perderemos, si les entregamos el país a los capitalista de un lado o del otro, perderemos. No hay manera de que los trabajadores y los más pobres ganemos en esta guerra entre capitalista. Ya Maduro adelantó el trabajo rompiendo la moral y el entusiasmo revolucionario chavista, partiendo la sociedad en pedacitos, obligándonos a otra lucha, egoísta, de tener que resolver cada quién su vida sin pensar en el destino del resto de nuestros hermanos. Maduro hizo prosperar el negocio de los capitalistas, ahora solo queda que tomen el control definitivo de nuestro país y de nosotros. El gobierno solo nos quiere marchando, firmando y votando, para alargar lo más que pueda su permanencia en el poder, y facilitarle a la derecha su pedazo en las elecciones.

Nosotros estamos seguros que su plan de "prosperidad y desarrollo económico" es más un parapeto que "economía real". Hay que desvelar la mentira, regresar a Chávez y unir al pueblo chavista en torno a su legado escrito: El Plan de la Patria original.



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Marcos Luna


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