Tras los 11 de Septiembre





Para: Alonso Zurita,
Permanente.

Que interesante se nos puede llegar a tornar esto de las fechas, y sus posibles mensajes. Hechos extrañamente coincidentes que pueden y van acumulándose sin necesidad de que lo reconozcamos a simple vista, y que sólo cuando uno los deja de observar para comenzar a presenciarlos reflexivamente, nos damos cuenta de un posible y obvio significado que en ellas se ha ido formando, y que, bienmente, podría convenir para unos muy determinados y específicos intereses. ¿Se podría hablar de coincidencias en el misterio de las fechas? O, por lo contrario, debemos empezar por presenciar y justificar en ellas un cábala profundamente profético. O quizás, más aun, como ya algunos lo pretenderán ver, con fines claramente apologéticos, la voluntad de alguien inmensamente divino en su lógica, que cobra sabiduría axiomática con cada nuevo indicio que desparrama hacia nuestro caos de pensamiento. Entonces cuál será la forma más adecuada y conveniente de circunscribirnos en la lectura correcta, en el reconocimiento verdadero y más acertado de interpretar estos mensajes. Existirá acaso un motivo o un indicio de supra-racionalidad en el Universo, o en cambio todo sólo será, al tiempo que tristemente seremos, un mero accidente inconcatenado que nos preserva la existencia como un pensamiento etéreo y volátil según la Teoría de la Gran Explosión (Big Bam).

Sinceramente, lo desconozco, y poco me quita el sueño. Pero me niego a creer que en este cómodo, pero hipócrita mundo, donde el interés define la validez de toda razón, seamos simples marionetas, remplazables y de hilos gastados, de un pre-establecido y rebuscado guión. Rotundamente me niego a pensar que seamos simples tránsitos de las fechas, aunque estas nos preserven y nos mantengan un misterio mucho mayor que nuestras imberbe forma de significarlas… Pero sí, ya los hay algunos, y comenzamos a reconocerlos fácilmente sin sus caídas caretas, que sin remedos de intelectualidad o razón existencialista pretenden y sacan provecho de este u otro misterio de la fatalidad. Hoy más que nunca se debe pensar, y comportar, que el mundo es nuestro y está en el mejor camino de salírsenos de las manos. La injusticia siempre bien “arropada” de justicia lo va contaminando en una práctica “inevitablemente” cotidiana del horror y del apetito exacerbado por la sangre en derrame, ilustre herencia reconocidamente arrastrada desde nuestro más cavernal pasado y obedecidamente puesta de manifiesto en el motivo diario de nuestro “civilizada” contemporaneidad. Mientras tanto los inocentes, testimoniando con su despreocupación el valor de creer en la vida, esperan tranquilos en sus rutinas antes de llenar los titulares, sangrientos pero rentables, de los Diarios. Pareciera que la mejor y más sana forma de erradicar los peligros catastróficos de las guerras sea precisamente bajo el fuego indiscriminado y sofisticado de una guerra, llena de bombas inteligentemente buscadoras de ofertas en los mercados. Que el mejor y más fáctico plan económico para re-animar las ánimas de los grandes capitales deprimidos (fruto de una ineficaz política económica) sea aumentando las víctimas de los 11 de septiembres. Y es que todavía hay quienes no aprenden hacer honor a sus muertos posibilitándolos y procurándolos en y para la Vida, sino que con fines ridículamente conmemorativos o como una, y cuidado y si no, nada menos que provocada y conveniente excusa, los buscarán como petróleo en otros lugares tan arenosos como distantes, y que, por lo demás, aun no les han podido, en el mejor de los casos, comprobar que han tenido algo que ver. O, quizás, sencillamente a través de los ya bien acostumbrados golpes militares en su pretendido y latinoamericano patio trasero.

Sí, no cabe duda que la fuerza de la opinión y la información está cada vez más condicionada hacia “nuestro” idílico confort. Común y cotidianamente suelen con sus filtros “propiciárnosla” para que no tengamos pesadillas o, por si lo contrario, para que semánticamente las tengamos si les urge a un necesario y estratégico convenir. Seguramente nos ahorrarán mientras se ahorran la debida oportunidad para la reflexión y el nada menos correspondiente juicio moral y ético, pues, según ellos, el precio de la energía (por lo perecedera y por Hussein) va en aumento y puede peligrosamente tornarse Talibán. Los medios de comunicación “social” sin vergüenza alguna sucumben a los intereses del capital que les define y reorienta una particular y estratégica respuesta, como la de una nueva, más criminal y manipuladora, arma de destrucción neurológica. Entonces, para la eterna conveniencia de ellos, dios-poder bendiga su libertad de informar, entretener y la democracia, por sus intereses, dirigida y concebida.

Pero no es el caso este el de ser Juez y Policía al mismo tiempo y declarar como un recalcitrante estúpido “plomo al hampa”, pero me preocupa (y es necesario recalcarlo) que los 11 de septiembres pueden estar aun esperándonos al borde de una inocente y bien democrática marcha. Motivos los tengo y para todos es sabido que los hay. Convendría aclarar que no tengo nada en contra de las marchas (y de cualquier otra forma digna de disentir), a estas alturas de mis desgastados zapatos me es indiferente para donde y por quien vayan. Muchas veces en el pasado las he sudadamente “populado” con mi entusiasmado transito y, seguramente, en más de una ocasión nos la hayan manipulado con los fines miserablemente mezquino-electoreros de siempre. Pero, con todo y esto, puedo decir con orgullo que aun creo en ellas. Pero lo más tristemente escalofriante y que llama sobradamente la atención, es la consciente y decidida intención de un pequeño y poderoso sector de no renunciar a lo que precisamente es una convencional tarea consolidar y mejorar; y es que en su ciego y desmedido afán no vacilarán en ir con estrategias suicidas, sangrientamente mercenarias, hacia los espíritus falsamente emancipadores de los 11 de septiembre. Tan solo los Imperios han demostrado conocer y aplicar los métodos, que les son originarios, de la razón del terrorismo. Los fulanos del Norte han plagado con la carnicería de su republicana política internacional ser los más necesitados (y por ende facilitadores) de los portharborts, pinochets, bin ladens, sadam husseims, etc. Para que continúen tan vivos como activos brindando apoyo y justificación de su descomunal industria de la muerte y el “enterteiment”. Aun recordamos y fatalmente conocemos los tristes y bastante reprochables acontecimientos del 11 de abril del año pasado, cuyos primeros muertos (como todo el mundo recordará) fueron asesinados con asquerosa y miserable anticipación. Para nadie resulta un secreto lo poco originales que han sido en sus pretensiones, y lo atractivo que les ha resulta la añoranza y búsqueda de un Pinochet para Venezuela.

Sí, conveniente y necesario sería el preguntarse hasta cuando, a fuerza de 11 de septiembres, nos mantendrán esclavizados en esta suerte de conformismos suicida. Cuántas bombas deberán caerle al vecino para darnos cuenta que el televisor está apagado y que más luego que mañana vendrán por nosotros. Que el llanto, precisamente en este fatídico y maldito momento, de un niño sin su padre o de un padre sin su niño puede y llegará ser nuestra anticipada realidad. Hasta dónde y cuánto debemos ser tolerantemente civilizados. Con cuántas bombas se construye una democracia en este mundo de “rambitos” de ojos justicieramente azules. Podré algún día fácilmente re-crearme y tomarme la sangre de otro en el confort de mi necesario bienestar. Parece fácil acabar con el dolor del mundo apagando el televisor, apartando el periódico, e hiendo al macdonald más cercano a tomarme una ya fría pero igualmente roja coca-cola, sabiendo que estoy contribuyendo, con la siempre agradable sonrisa de mi hija, que las “cajitas felices” continúen cayendo sobre los niños de Irak. ¡¡¡Pero que cursi!!! Me dirán algunos filantrópicos amantes de la humanidad y la paz, siempre olorosos de los “MEA CULPAS” domingueros. Con cuántos nuevos “circos romanos”, con cuántos reales leones artilladamente computarizados, macerados en la cotidiana y siempre fresca sangre de los martirios, se conjugará y aromatizará las retrógradas y complacientes políticas canonizadoras del vaticano. Como seguir siendo lo que somos y poder vernos a los espejos de nuestra conciencias. Cuántos 11 de septiembres aun nos faltarán por sangrar y tolerar. Que interesante se nos puede llegar a tornar esto de las fechas, y sus posibles mensajes…

Waldo Munizaga.
Coordinación Socio-Cultural y Electoral
Ven-Seremos


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Waldo Munizaga*


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