Ottolina o del mito popular

—Se acuerda de aquel actor o locutor muy famoso que tenía un programa a mediodía, y usaba unos lentos negro de pasta. Se llama Reni, se acuerda, compa.

—Usted se refiere a Renny Ottolina.

—Ecole cua, ese mismo es. ¿Él murió en un accidente cuando era Presidente, cierto?

—Así no es la cosa. El murió en un accidente de aviación, pero no era Presidente; estaba en campaña presidencial.

Y ¿por qué pregunta por él?

—Era candidato presidencial, eso es verdad. Le pregunto porque quería saber que sabía usted de todo eso. Porque se decía que tenía mucho chance de gobernar y que hubiese sido muy bueno en ese asunto.

—Yo no sé nada al respecto.

Pero miré quién viene allá, ese es el hombre que le puede aclarar esa incógnita. Venga acá hombre.

—Dígame, para qué soy bueno. Él quiere si Renny Ottolina tenía chance de ser Presidente, y todo ese mito que se armó a partir de la muerte de ese hombre.

—Bueno.

Cuando en 1978 Renny Ottolina muere durante su campaña política presidencial se abre la ventana al mito político popular que hasta el presente persiste. Ahora bien, dentro de este mito podemos plantear, como mínimo, tres interrogantes: ¿Tenía en verdad Ottolina oportunidad de ganar la Presidencia de la República? ¿Por qué se genera tal mito? ¿Qué sucede en ese momento en la política venezolana?

Primera pregunta: ¿Tenía en verdad Ottolina oportunidad de ganar la Presidencia de la República?

Tal campaña política se da durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. La presidencia de la República la gana Luis Herrera Campins (1979-1984). En particular considero que Ottolina no tenía ninguna oportunidad de ganar esas elecciones presidenciales, porque los socialdemócratas (Acción Democrática) y los socialcristianos (COPEY) tenían para ese momento en su haber muchos electores.

Ottolina era un producto mediático dado por su alta popularidad entre la población venezolana, que lo admiraba por su hacer en la radio y la televisión. Pero, repito no tenía ninguna posibilidad política de ganar las elecciones presidenciales del año de 1978.

¿Nos vamos entendiendo?

—Ajá, sí claro.

—Segunda pregunta: ¿Por qué se genera tal mito?

La interrogante interesa porque expresa el imaginario popular de lo que pudo ser y no fue. La posibilidad pérdida y siempre añorada. De allí la creación del mito. Ottolina se mostraba como un político integro, un político no venido de los partidos políticos. Sino de los medios de masa. Popularidad e integridad son la amalgama del inicio del mito.

El otro aspecto, ya enunciado, es la posibilidad pérdida, ese romanticismo de lo pudo haber sido y no fue. Algo propio del bolero, del tango y la ranchera, que encarnan el amor anhelado y no correspondido. Parte de la melancolía de los pueblos extraviados y sentimentales.

Además, la muerte de Ottolina siempre se consideró que fue un atentado político, ante «la alta posibilidad que tenía de ganar» la presidencia de la República. Esta posibilidad estaba en el imaginario popular, no en la realidad política. La muerte de Ottolina parece que fue más bien un estar en el lugar y en el momento equivocado. El atentado parece ser que estaba dirigido a un Olavarría propietario de la avioneta, primo éste de otro Olavarría.

Otro aspecto que contiene la construcción del mito popular está contenido en la tercera pregunta: ¿Qué sucede en ese momento en la política venezolana? O ¿Cuál es la situación política venezolana en ese momento?

Aunque durante la gestión presidencial de Carlos Andrés Pérez hubo una gran bonanza económica, la misma fue producto de una circunstancia externa la cual produjo una súbita subida del precio internacional del barril de petróleo, y esta produjo una riqueza efímera y distorsionadora en Venezuela, en ese momento se hablaba de una Venezuela Saudita.

Tal riqueza en gran medida se despilfarró al no planificarse en una inversión productiva. Esta bonanza petrolera se vendría abajo en el año de 1983, apenas cuatro años después. Además, había denuncias de malversación de fondos, corrupción, despilfarro de los dineros de la nación, crecimiento desmesurado de la burocracia estatal.

El panorama político comenzaba a teñirse de falta de integridad. Lo opuesto que representaba Ottolina, y que este político explota en su campaña electoral. Aun cuando se da esta situación, los partidos políticos a la fecha del año de 1978 todavía son sólidos. Habrá que esperar la década de los noventa para que reviente la piñata política.

Carlos Andrés Pérez tuvo en ese periodo presidencial una gran popularidad y mucho dinero en las arcas del Estado. Sin embargo, los manejos no fueron los más honestos por ninguna de las partes. No hubo inversión productiva en el área industrial, muchos proyectos abortados por la ineficacia política y empresarial. Por otra parte, el venezolano derrochó a manos abiertas el dinero y apareció el dicho «ta barato dame dos» que reflejaba la expresión del venezolano al comprar en Miami.

El panorama político no era tan esplendoroso, las condiciones sociales y económicas no estaban tan bien repartidas, como se quiere hacer ver ahora. Ese malestar lo manejó Ottolina de muy buena manera apoyado en popularidad e integridad.

Todos estos elementos y otros más, que se pueden sumar, dan cuenta para la construcción del mito popular entorno a la figura de Renny Ottolina. A ese imaginario popular de la oportunidad perdida y no encontrada en estos últimos cuarenta años. Imaginario de ninguna manera descabellado, y una y otra vez traicionado.

Yo los dejo, porque voy apurado.

—Hasta luego pues. Espero que le haya quedado clara la explicación.

—Más clarita como el agua, compa. Ahora dijo yo, en ese entonces, así como cuando el difunto, había una esperanza pero ahora lo que estamos es en el peor es nada.

—Lo que andamos es descarriaos como ganao en sábana, unos y otros como pajarito en grama mirando pa´ los lados.

Nos vemos luego, que voy a buscar unos ajíes por allá abajo.

Y le dejo: Por ahora, apriete.


 

*Mito lo abordamos como «un producto inferior o deformado de la actividad intelectual», al cual se le atribuye cierta «verosimilitud frente a la verdad, propia de los productos genuinos del entendimiento».



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Obed Delfín


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