Las cotizas y el Seguro Social

—Compadre, qué le pasa que lo veo hecho un basilisco.

—Déjese de groserías, que no estoy para bromas además.

—Es que lo veo ofuscado, tenga cuidado y se le sube la tensión; mire que en este erial no hay nada para esa cosa de la tensión arterial y le puede dar un infarto.

—Un infarto de nada, vale. Cómo quiere qué esté, con todo este berenjenal.

—Pero, cuente hombre. Desahóguese que para eso estamos los amigos, para escuchar los males ajenos. Que con los propios cargamos esa cruz. Dígame qué le pasa.

—Es esa guarandinga del Seguro Social.

—A carache, y qué le pasó ahora.

—Bueno, le había dicho la vez pasada que con todo ese problema de la luz, los apagones, el sistema, la plataforma y no sé qué otras cosas más, el banco no le había dado la plata al Seguro y éstos me habían cobrado los intereses de mora. Se acuerda.

—Así mismo me dijo.

—La cosa que no solo me cobraron los intereses de mora sino también el mes marzo que ya les había pagado. Ahora tengo que pagarle dos veces el mes de marzo y los benditos intereses. Qué le parece.

—No puede ser. Tiene que ir allá y resolver ese asunto.

—Y le cuento más. No sé si usted leyó la noticia que el ministro dijo que no sé cuántos «venezolanos fueron incorporados al IVSS para superar los 4 millones de pensionados». Yo me dije a Dios bendito a lo mejor salí en esa lista y se arreglo mi problema.

Voy averiguar me dije. Me meto en la página del Seguro y abrió la bicha como si la estuviese siguiendo el mismo mandinga, rapidito. Voy a cuenta individual, pongo los datos y salió el mensaje «la cédula no está registrada como asegurado».

No me pude contener y de una se la mente, sin pensarlo dos veces. Dios me perdone, pero es que el cristiano no gana una.

—Ahora sí se enredo en el papagayo, compadre.

—Eso fue en la Semana Mayor, en pleno Viernes Santo y yo con aquellos malos pensamientos y deseos para con los otros.

Apenas empezó la semana me fui pa allá, dispuesto a armar un berrinche sin importarme nada y a reclamar lo mío.

—Sería por eso que yo vi pasar un contingente de la Guardia Nacional. Qué estará pasando, me pregunte yo.

—Déjese de exageraciones. Que la cosa no está para eso.

—Bueno dígame. Qué hizo, les armo su zaperoco.

—Llegué a esa oficina con aquella tibiera, dispuesto a todo. Con los bauches en mano y un papel que me costó como tres mil bolívares la copia, para demostrarles que yo sí estoy cotizando mi guarandinga.

—Usted iba armado como un jurisconsulto laboral. Así es cómo se dice.

—Qué voy a saber yo cómo se llaman esos leguleyos.

—Y qué le dijeron después que usted les canto las cuatro más una.

—Ahí es donde está el problema.

Apenas llego a la oficina salió aquella muchacha tan linda. Con una sonrisa que iluminaba todo Parque Central y más allá. Y me dice:

—Buenos días señor. ¿En qué puedo servirle?

—Era tan linda que pensé, para mis adentros, ni cuatro fuertes tengo para brindarle un «majarete», menos un «bien me sabe».

Me quede mirándola, con los ojos aguarapaos y suspirando de pena, y le dije: que estaba totalmente de acuerdo con ella en todo. Ella me miro como si estuviese viendo un programa de cachorritos de Animal Planet.

Ahí se me cayó el alma al piso y así la dejé estar. Empecé a caminar arrastrándola y no me quedó más remedio que venirme a píe desde allá, porque no tenía ni pasaje para regresarme en camionetica.

Ya venía aquí cerquita cuando caí en cuenta que no había podido arreglar ni aclarar nada. Y cómo le decía algo aquella muchacha tan linda, eso hubiese sido un desatino de mi parte. Y pensé: esa debe ser la trampa que están haciendo en esas oficinas para nadie reclame nada.

Bueno, me toca pagar otra vez la cotización de marzo. La de abril dudo que salga a tiempo porque los pagos de servicios en los bancos no andan muy bien. Y lo más probable es que en mayo me vuelvan a cobrar marzo y abril, porque nadie sabe para quién paga.

Pero la pensión nada que sale asignada automáticamente. Y todavía tengo que hacer el trámite, eso cuando se arreglen las plataformas y los sistemas.

Bueno, voy para allá, averiguar de qué es esa cola que están haciendo allá abajo.



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Obed Delfín


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