Cómo ser bruto

Es muy fácil, tengo larga experiencia. No basta, claro, nacer bruto, aunque ayuda, pero si tienes la desgracia de ser inteligente puedes volverte bruto con mucha facilidad. Aquí daré algunas instrucciones que cualquiera puede seguir, por inteligente que sea. Porque ser bruto no es dejadez sino esfuerzo.

El problema de ser inteligente es que nadie te lo perdona. Yo fui muy inteligente hasta que Carlos Ortega hizo aquel llamado a volvernos todos brutos. Cuando traté de volver a ser inteligente no pude y me quedé bruto. Me ha ido bien. Antes la gente me miraba becerreado, nadie soportaba mis agudezas y casi me linchan, especialmente durante la IV República. Ahora me ha ido de lo más bien y hasta llegué a la televisión, el antro de cuanto bruto hay. Fíjate en los conductores de programas de opinión o de concursos de la televisión privada de cualquier parte del mundo. Muchos de ellos fueron inteligentes hasta que aprendieron a ser brutos.

Ser bruto tiene grandes ventajas, uno puede hasta llegar a presidente de los Estados Unidos, por ejemplo, o a candidato a presidente de Venezuela. Es más, te admira y apoya la intelectualidad escuálida en pleno. Uno que creyó que de verdad esa intelectualidad era desdeñosa y desatenta; pero no, todo lo contrario: ahí la tienes arrastrándosele a Manuel Rosales.

Pero vamos al Método Hernández Montoya para Volverse Bruto.

Uno de los instrumentos fundamentales es el güisqui 18 años. No sé por qué, pero la gente habituada a ese bebistrajo se vuelve brutísima. Ahí tienes a la dirigencia de oposición, que no toma ninguna decisión sin ingerir ese mejunje en los restaurantes cinco estrellas donde hace resistencia al rrrÉgimen.

Pero hay algo que no falla. Elige una premisa claramente falsa, como que el Puente Orinoquia lo planificó Colón o que la Misión Robinson no alfabetizó a todo el mundo o que Hugo Chávez es un dictador. Con eso te entrampas y ya no puedes sino decir bobadas. ¿Cómo justificas que estamos bajo una dictadora si lo dices públicamente y el rrrÉgimen no te persigue? Diciendo babiecadas, no hay otro modo.

Erasmo de Rotterdam escribió un libro genial que se ha traducido como Elogio de la locura, que en realidad debiera llamarse Elogio de la estupidez. La palabra latina que usa Erasmo es stultitia, que significa ‘estupidez’. Sugiero este libro a todo el que quiera volverse bruto.

Pero lo más seguro es fajarse a decir disparates, como que hay que abstenerse porque no hay condiciones y luego convocar a votar aunque no hay condiciones. Que las captahuellas sirven para conocer las intenciones de voto y decir ahora que no sirven para eso y que por eso mismo hay que eliminarlas, etc. Hablar palante y patrás, pues. Argumentar que hubo fraude pero no dar pruebas y no explicar por qué no hubo fraude en el Zulia ni en Chacao, por ejemplo.

Con todo respeto al gran maestro Erasmo, me permito declarar que mi método es mejor. Es que el maestro de Rotterdam tenía un grave defecto: era inteligente.


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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

 roberto.hernandez.montoya@gmail.com      @rhm1947

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