Sáez Mérida sentía el mayor asco hacia el vil converso de Teodoro Petkoff

He leído con sumo interés el libro de Simón Sáez Mérida, “La cara oculta de Rómulo Betancourt” (Fondo Editorial almargen. Caracas, 1997), una obra que debe ser de obligatoria lectura para todos los venezolanos. Sáez Mérida fue uno de los protagonistas fundamentales de la lucha revolucionaria desde 1950 hasta finales de la década de los ochenta. Sus estudios sobre la intervención norteamericana en Venezuela, con los planes invasores que se urdieron en 1963 con la Operación América (desde el Golfo de Morrosquillo), es uno de los más importantes documentos que se conocen sobre nuestra historia reciente. Las 430 páginas de esta obra no tienen desperdicio alguno, y me admira que haya sido poco comentada y estudiada en nuestro país. Cuando hoy, 22 de noviembre, leo en “El Universal” que Américo Martín se encuentra entre los que celebran los 30 años del libro de Carlos Rangel “Del buen salvaje al buen revolucionario” (un personaje fuertemente conectado con la CIA), se confirma cuán infiltrados nos encontrábamos los izquierdistas de los años 60 por la fulana Agencia. Se encontraba Martín junto a Colette Capriles, Fausto Masó, Caroline de Oteyza y Carlos Raúl Hernández en un foro realizado en esa guarida de la ultra derecha que es la UCAB. El libro de Rangel fue durante mucho tiempo obra de consulta y de análisis de la gusanera cubana radicada en Miami. Obra que ha inspirado a apologistas (Carlos Alberto Montaner, por ejemplo) de terroristas como Posada Carriles. Me imagino la horrible decepción que sufriría Sáez Mérida cuando se enteró de la catadura moral y lacaya que también latía en el neuma de ese cachorrito del imperio, llamado Américo Martín, y que en una época compartió con él, en el mismo bando político dentro del MIR.

En ese foro en la UCAB, Américo Martín destacó que Rangel deslumbró por su visión y cuestionó los mitos que forman nuestra historia, entre ellos el del caudillismo. Agregó: "Rangel tuvo la valentía de cuestionar el imaginario histórico, y tuvo la valentía de confrontar esa resistencia con inteligencia y coraje". La pequeña agente de la CIA, Sofía Imber (viuda de Rangel, verdadera momia viviente), allí presente, le aplaudió y le agradeció con el alma tales elogios. Aunque mucho se especulo que Carlos Rangel había muerto de SIDA, para mí que se suicidó porque no soportaba a esa momia de Sofia, quien fue también la causante de la muerte del eximio escritor, don Guillermo Meneses (por la gran cantidad de cachos que le montó).

Pero veamos cómo definió Sáez Mérida a Petkoff, a mediados de los noventa cuando este traidor se convirtió muerto de la risa en orondo ministro de Caldera. Dice Sáez Mérida: “Petkoff, como Betancourt había hecho la conversión completa y en la década de los noventa le sobraban los aplausos de la oligarquía y de las transnacionales”. Añade que siendo ministro de Rafael Caldera, Petkoff expresó eufórico al FMI que la Agenda Venezuela estaba siendo cumplida al pie de la letra; que no había por qué preocuparse pues nos estábamos portando bien. Decía Simón Sáez Mérida que por esta actitud vasalla la historia de Venezuela debía ser analizada desde la línea interna y la externa; en la interna “el sancocho cruzado de la vieja oligarquía con la pandilla acorazada de los conversos, que nunca tuvieron calidad de luchadores sociales sino que se vendían, aparentando ser los incorruptibles de las barricadas, para optar al poder, sin importar servidumbres y agravios a la dignidad nacional y allí están del lado que soñaron, prepotentes y groseros hacia dentro y cortesanos y mansos hacia fuera. Con una ortodoxia y ferocidad neoliberal que nadie, ni siquiera las multilaterales y sus tecnócratas importados llegaron a soñar[1]”. Refiere igualmente[2],que a propósito de “la llegada de una comisión del FMI a Caracas en plan de ajustar cuentas a la Agenda Venezuela, el ministro Petkoff declaró eufóricamente, que la misión del FMI venía a monitorear los acuerdos, y remató con tono áspero, de desafío hacia los críticos de la Agenda, y al mismo tiempo cínicamente, con el cinismo de la subordinación escondido en la arrogancia, que “VIENEN A VER SI NOS ESTAMOS PORTANDO BIEN” (El Globo, 1-8-96).” Añade Sáez Mérida que al escribir estas cosas “explotan las vísceras de vergüenza. Pero con todas las náuseas del mundo tenemos que hacerlo. Es un deber.”

Sobre Pompeyo Márquez, dijo Sáez Mérida: “cada vez que venía el jefe norteamericano del Comando Sur, con sede en la Zona del Canal de Panamá, le servía de edecán en sus inspecciones antiguerrilleras y antidrogas en la frontera con Colombia.”



[1] “La cara oculta de Rómulo Betancourt”, Simón Sáez Mérida – Fondo Editorial almargen. Caracas, 1997, pág. 62.

[2] “La cara oculta de Rómulo Betancourt”, Simón Sáez Mérida – Fondo Editorial almargen. Caracas, 1997, pág. 98.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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