Madurismo: la historia de una mentira

Desde 2013 al 2018

En el año 2013 se convocó a una reunión con la los empresarios. Entre todos, estuvieron presentes los Cisneros y Lorenzo Mendoza, quién se mostró altanero y en su intervención manoteaba, como regañando al presidente, muy molesto él y muy dialogante el presidente. En esa reunión se repartieron muchos dólares baratos. Se acordó la venta de Delta petróleo, por 10.000 millones de dólares a Oswaldo Cisneros y la entrada de Barrick Gold (con su prontuario) y Gustavo Cisneros al Arco Minero.

Los nuevos ricos: el control de cambio y los dólares baratos

En contra de la lógica de lo que estaba pasando, a saber: una creciente presión de la empresa privada para hacerse del producto de la renta y para la recuperación de los espacios estatizados por Chávez, se restituyeron las expropiaciones de empresas, de servicios y espacios privados, a manos de francos conspiradores (Gold Reserve, Polar, empresas de servicios petroleros, etc.), el control de cambio se establecía a 6,50 por dólar hasta llegar a 12 bolívares, en esos primeros años del madurismo. En ese lapso muchísima gente se hizo rica, y otras más ricas, mientras más se ampliaba el diferencial respecto al dólar paralelo, tanto burócratas del gobierno como empresarios de maletín e importadores. La ironía es que los recibieron para aumentar la producción ¿de qué?

Luego, años después, cuando se acabaron los dólares comenzó el endeudamiento con chinos y rusos. Comenzaron las concesiones mineras, la venta de oro de nuestras reservas, la reversión y su desmontaje de la política de plena soberanía petrolera, se desamarró la burocracia del liderazgo y cada quien hizo lo que quiso con su ministerio, con sus direcciones, con sus alcaldías y gobernaciones, todo se convirtió en una piñata de dólares, de bolívares y de todo lo que se pudiera negociar.

La mentira como política pública.

Desde este momento hacia adelante se usó la mentira como política pública. La primera de ellas preparada antes de la muerte de Chávez y fue la adulteración del Plan de la Patria de Chávez y luego negarlo descaradamente. Más tarde vino el invento de una "guerra económica" distinta a la revolución socialista, la guerra económica de Maduro, hecha a su medida por empresarios malucos "contrarios" al gobierno. Esta guerra ha servido para justificar toda una secuencia infinita de errores e improvisaciones y revertirlos ante el chavismo como genialidades políticas, genialidades de la ineptitud. Ahora la inocencia, la ignorancia de todos los que creyeron el cuento de la guerra económica están pagando las consecuencias con el hambre y las necesidades, incluyendo la economista Pascualina Curcio, que no acaba de resolver los otros "enigmas", los enigmas de la incompetencia, del nuevo riquismo bolivariano, del despelote administrativo, de la destrucción de PDVSA, del despilfarro y la indolencia.

Nuevo-riquismo madurista, inversamente proporcional al buen vivir de la población.

Al final, mientras emergía una sociedad de nuevos ricos, producto del diferencial del dólar controlado y barato con el dólar paralelo, al cual tuvieron acceso los burócratas del gobierno y los empresarios ladrones de este país, (por ejemplo: farmaceutas, ensambladoras, importadores como Polar, Cargill, Nestlé, Colgate, y todos los demás, de maletín y de los otros) el resto de la población se empobrecía más. El asunto es que la guerra económica hizo ricos a muchos burócratas, y mientras más ricos ellos más pobres los trabajadores, los asalariados y los más necesitados. Mientras un empleado del sector privado podía a duras penas comprar una parte de la cesta básica, los trabajadores del Estado y los obreros de todas partes tuvimos que conformarnos con comer comida de mala calidad, entre harinas y proteínas blandas de granos, leche en polvo o fórmulas tercermundistas, y un resto de productos que no se consumen ni siquiera en los países que los producen para Venezuela (atún enlatado que no es atún, salsas y mayonesas de muy mala calidad y muchas veces falsas). A demás, los bonos "efemérides" miserables. El resto de productos necesarios, de aseo personal y limpieza, todavía se pagan al costo del mercado, a precio dólar paralelo, dólar inflación, incontrolable; a eso también le pusieron un nombre.

Destruyeron PDVSA para salir corriendo después.

¿Qué necesidad había de destruir PDVSA?: ¡Ninguna necesidad!, pero lo hicieron, para saquearla y después venderla. Desde Asdrúbal Chávez hasta Quevedo, pasaron por la empresa y por el ministerio de petróleo arrasando cuanto había de valioso e importante de por medio sin dar ninguna explicación. Primero llegó la invasión de la Alcaldía de Caracas y el MINCI, la gente de Delcy Rodríguez, que hizo de ejército de ocupación. Desmontaron al chavismo, a la imagen de Chávez, de Ramírez, de Fidel, de Fabricio, y fueron colocando la de Maduro gradualmente. Botaron y desplazaron a todos los cuadros importantes, de la industria y del ministerio, relacionados con Chávez y Ramírez. Más adelante, fueron perseguidos y muchos presos por el fiscal (resentido y vengativo), empezando por Eulogio "desleal" del Pino, Nelson Martínez, y muchos gerentes y cuadros importantes de la empresa, sustituidos por gente no vinculada al petróleo y menos al negocio del petróleo, oportunistas que llegaron de todas partes (Los amigos de El Aissami, de Delcy, de Maduro, ¡de Diosdado!: ¡Quevedo y su ejército!)

Hablemos de los instrumentos de chantaje y control: el carnet de la Patria, las marchas, las elecciones.

Agravándose la situación económica del País, de pronto desaparecieron sus indicadores económicos principales, las estadísticas: el PIB, el índice de inflación, estadísticas de desnutrición, de mortalidad, de escolaridad, de deserción escolar…, solo se alcanzaba saber sobre lo que al gobierno le convenía que se supiera, y generalmente sobre números viejos de la gestión de Chávez para hacer comparaciones antiguas. Desaparecidos los indicadores, con ellos desapareció el INE, instituto Nacional de Estadísticas. Al tener enmudecido al INE se inventaron la excusa sobre los requerimientos de la población y apareció la idea "brillante" del Carnet de la Patria, una manera disimulada de controlar la militancia y a la población a través del chantaje: "quién no se saque el carnet no tiene acceso a bonos, atención médica, educación, y cuantos servicios públicos y básicos existen y que están en manos del gobierno". Para el mismo uso fueron las convocatorias a Marchas y a elecciones, para chantajear, con la excusa de la paz, inmovilizar a la población descontenta con el chantaje de la paz.

Y ahora…, no les queda otra que correr y dejar el verguero regado. Llegó la hora de Chávez, no de la derecha pícara y complice, de retomar el camino del "orden socialista", sin pretender reformas al capitalismo, más bien "hacia una radical supresión de su lógica que debe irse cumpliendo paso a paso, sin aminorar el ritmo hacia el socialismo" como lo dejó escrito Chávez como testamento.



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Marcos Luna


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