Adviento: Tiempo de esperanza

"No pongamos resistencia a su primera venida, y no temeremos la segunda"

Agustín de Hipona

"¿Que esperamos? ¿Qué nos espera?"

Ernst Bloch

"Solo el que cree espera de verdad, y solo el que de verdad espera, cree. No creemos sino lo que esperamos. Y no esperamos sino lo que creemos"

Miguel de Unamuno

 

I. ¿Por qué no sembrar esperanza en nuestra realidad concreta y cotidiana?

 

Adviento significa espera y esperanza al mismo tiempo. Y realmente, si de algo está necesitado nuestro país, la sociedad en medio de la cual vivimos, es precisamente de nociones como éstas. La sociedad venezolana atraviesa no solo la crisis económica más grave de su historia, sino una crisis general de valores a la que pertenece, en lugar preeminente, la crisis no menos profunda de la propia esperanza. De ahí que el estado de conciencia hoy predominante sea la inquietud, el miedo y la incertidumbre ante el futuro inmediato y mediato. La esperanza pertenece al grupo de vivencias o experiencias fundamentales que llegan al fondo de la existencia, movilizando los resortes de la vida y suscitando las cuestiones del sentido. La esperanza es un rasgo antropológico natural, aunque ya desde la fase protohistórica de la humanidad se manifieste en intima conexión con creencias, ritos y ceremonias. Detrás de todo sentimiento de esperanza late el afán de una vida mejor o, lo que es lo mismo, el deseo de librarse del dolor o el mal en sus diversas acepciones. Este es, en esencia, el trasfondo de la motivación que guía a toda esperanza, llamémosle felicidad, eudaimonía, beatitudo o vida bienaventurada. La esperanza no es una parte más del hombre, sino que constituye el punto de apoyo arquimediano de su raíz óntica. De ahí que sea también el principio motor de su praxis, incluido el impulso volitivo que hay detrás de ella. Como todas las manifestaciones de la vida humana, la esperanza está sometida a un proceso de mutación más o menos constante e intensa.

II. ¿Qué puede significar "Adviento" para la sociedad actual?

El período litúrgico del Adviento está considerado como uno de los más hermosos del calendario litúrgico cristiano universal. Este año 2018, comenzará el domingo 2 de diciembre y el último domingo de Adviento será el 23 de diciembre. El tiempo de Adviento es una llamada a estar con los ojos abiertos a nuestro entorno, teniendo el corazón abierto a los que nos rodean, porque en ellos Dios se manifiesta y viene a nosotros. El Adviento es por encima de todo una llamada a vivir la esperanza en el ahora, en nuestra vida personal y comunitaria, en este nuestro mundo. El Adviento nos llama a la reflexión. Como nombre de un tiempo litúrgico no significa mucho, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde– las Iglesias cambiarán el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el "Advenimiento" –que eso significa la palabra– es aquello cuya forma de ser consiste en "no ser todavía pero tratando de llegar a ser".



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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