Base de operaciones

Mientras la mayoría de los venezolanos mantenga la voluntad de autogobernarse, la Fuerza Armada será “roja, rojita”

Pareciera, por la reacción que ha provocado la afirmación del Presidente Chávez en la cual sostiene que la “Fuerza Armada es roja, rojita”, que muchos venezolanos viven en un mundo surrealista. Un espacio virtual que sobrepasa lo real, para impulsar con autorregulaciones psíquicas lo ficticio y lo ilógico. ¿No es irracional creer en la posibilidad de una Fuerza Armada neutra que esta al servicio de un Estado? ¿La existencia de ese ente político-jurídico no se deriva del poder generado por un país, su población y el gobierno que orienta la acción del conjunto? Y, sí el gobierno tiene el control del poder en el Estado, ¿no son los fines que marca el gobierno (su proyecto político) la razón del Estado en un momento dado de su historia? ¿Y, no es la garantía del logro de estos fines frente a cualquier resistencia violenta la razón de ser de una fuerza armada al servicio del Estado?

La respuesta lógica a todas estas interrogantes es afirmativa, aun cuando lo contrario es posible en determinadas circunstancias y momentos. Y esa posibilidad es el resultado de la irracionalidad presente en el ser humano como consecuencia de la acción de sus instintos primarios. Es una posibilidad que depende del predominio del cerebelo sobre la corteza cerebral. En efecto una fuerza armada, sola o en combinación con otro sector de la población de un país, puede actuar en contra de las aspiraciones de la mayoría de los miembros de una comunidad política. Pero en ese caso, tampoco es neutra. Refleja sus propios intereses y los de sus asociados. Se convierte así en un Estado dentro del Estado. Una estructura supranacional. Y ese fue el papel que tuvo durante toda la vigencia de la IV República. Desde 1830 hasta el 11 de abril del 2002, cuando la mayoría de los venezolanos, incluyendo a los miembros de las filas militares, rechazaron, siguiendo la racionalidad, la ambición de la cúpula militar de restablecer la condición previa. De allí que mientras la voluntad de la mayoría se mantenga en su aspiración de controlar la conducta del Estado, la afirmación del Presidente es real desde la perspectiva de la razón y desde la lógica de los hechos.

No es un problema técnico derivado del uso eficiente de los instrumentos bélicos en manos de la Fuerza Armada, ni uno praxeológico originado por la aplicación adecuada de los protocolos que orientan su empleo, que son los elementos que distinguen el profesionalismo militar. La destreza en el ejercicio de su oficio no es neutra, cuando se aplica a los casos concretos. En esas situaciones es la política la ordenadora de la conducta profesional. Y la realidad política esta mostrando, con poco espacio para la duda, que la fuerza armada es “roja, rojita”, porque esa es la tendencia dominante en la mayoría de los venezolanos, y así lo ha interpretado correctamente el gobierno. Este, hoy, ya no es más un ente supranacional, expresión de los intereses de una oligarquía sostenida por las armas. Es la expresión de una sociedad que aspira autogobernarse.


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Alberto Müller Rojas


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