El debate imposible

Especial para "VEA"

El debate, que con tanta insistencia le pide el candidato presidencial Manuel Rosales al Presidente Chávez, es por esencia un imposible. Se produce este tipo de discusión en aquellas circunstancias cuando hay argumentos antagónicos frente a la forma de abordar un problema. Pero el retador no tiene ninguna forma alternativa para enfrentar el problema del gobierno del Estado venezolano. No hay ninguna contraproposición de su parte que se oponga al objetivo de la multipolaridad en el orden internacional propio de la política exterior actual. Tampoco hay una antitesis a la estrategia ganar-ganar aplicada hoy por hoy en las relaciones gobierno-sociedad y gobierno-entorno internacional. No presenta una alternativa a la propuesta de orientación socialista usada para la solución de los problemas económicos. De la misma forma que esta ausente una formula dilemática frente a la política incorporadora de los sectores de la población excluidos del conjunto social, realizada mediante las conocidas “misiones”. No propone una praxis para resolver la cuestión de la seguridad y orden públicos, salvo aumentar el número de policías. Finalmente, no presenta una opción diferente a la movilización general de la nación para resolver el problema de la defensa estratégica de la voluntad histórica de los venezolanos de lograr el autogobierno. De allí que si no hay argumentos encontrados, lo que demanda Rosales no es un debate, es una polémica dirigida al “asesinato del carácter” del opuesto. Un evento que lleva a la exaltación de las pasiones dentro de la ciudadanía, en detrimento de la reflexión. No sería un suceso para la búsqueda de la solución política a los problemas nacionales. Se iría a la confrontación de poderes para lograr por la fuerza el dominio de la sociedad.

Pero ni aun en ese terreno, el balance de poder justifica la polémica. Son extremadamente desiguales, a favor de Chávez, los factores de poder que se confrontarían. Por ello resultaría irracional para las partes enfrentadas, embarcarse en semejante querella. Una conflagración en la cual perderían ambos actores y el todo, para que ganaran terceros. Si esa es la intención del reto de Rosales, se trata de una acción irresponsable. Oportunista por naturaleza. Intenta buscar por el azar, creador de incertidumbres, un resultado inalcanzable por la aplicación de la lógica. Por ello, sería insensato que el Presidente Chávez, únicamente para exhibir sus habilidades dialécticas, aceptara ese desafío. Su condición actual de líder nacional e internacional no le permite esa necedad. Es cierto que él se ha mostrado audaz en sus acciones y discursos, pero ello no ha significado temeridad. Tiene clara conciencia de sus límites como lo demostró en el manejo de las crisis que se presentaron el año 2002 e, incluso, antes, cuando la rebelión del 4F. Mantuvo en esas circunstancias la estabilidad emocional que demanda la gerencia de riesgos. Una condición que le hace imposible aceptar el desafío de Rosales.


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Alberto Müller Rojas


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