¿De cuándo acá el capitalismo es bueno para los socialistas?

El capitalismo es un sistema con vida propia, tiene cuerpo y espíritu. El capitalismo no se lo puede mutilar de espíritu porque desaparece. Si se le quita su razón de ser, la ganancia y la acumulación de capital y poder, perece, deja de ser él.

No existe en el planeta un capitalista que no explote a alguien y a la naturaleza. Si no lo hace bien en el país donde reside lo hace fuera. Lo que se le corta por aquí crece por allá. Los capitalistas que les son reguladas sus ganancias en los Estados Unidos, por impuestos o leyes ambientales, explotan en México o en China. Lo que no puede hacer la Nestlé en Suecia lo hace en Colombia, en Venezuela, en México o en África. Lo que le está prohibido a la Bayer en Alemania lo hace en África y Latinoamérica. Los capitalistas que son regulados o controlados en Venezuela explotan en Colombia o se van a Colombia o Brasil o Centroamérica, ¡ningún control los detiene! En nuestros países el capital es sinónimo de muerte  y explotación.

La concentración del capital y del poder en el mundo tiende cada vez más a evadir, o directamente arrasar, los controles a la ganancia, que se obtiene mediante la explotación de trabajadores, incluyendo mujeres y niños,  y de la naturaleza; el capital tiende a desmoralizar al mundo a favor de la libre acción de los más poderosos. No se trata de la voluntad de un individuo, de Bill Gates o de  Georges Soros o Rockefeler o Cisneros se trata de la mecánica del sistema, la cual no permite que la voluntad de un individuo, dentro del sistema, lo cambie. El capitalismo tiende a fortalecerse, no se suicida.

El capitalista no puede ir en contra de su naturaleza, así lo exige el organismo capitalista, que es un animal depredador, un tiburón; la acumulación y concentración del capital y el poder es el equivalente a alimentar un ser insaciable; así lo requiere la vanidad, el consumo desenfrenado, el lujo, todas las insatisfacciones que sostienen al ímpetu humano por conquistar el poder material. La vida humana es muy corta, por eso la intensidad con la cual se busca saciar el abismo de todas las insatisfacciones materiales; esa es la recompensa, que ofrece a los seres de este mundo, el capitalismo en su publicidad .

¿De cuando acá es una nota de distinción que aquellos que se llaman socialistas trabajen con la empresa privada? Ahora no hay ministro o diputado del PSUV que no halague a la empresa privada, que se llene la boca diciendo que van a trabajar con la empresa privada, como una virtud socialista; Estela Lugo, Jesús Farías, Nicolás Maduro, hasta Jaua se sienten verdaderos socialistas y demócratas porque ceden sus (o nuestros) espacios a la empresa privada. Y cuando hablamos de empresa privada hablamos de capitalismo y capitalistas, de tiburones insaciables, que crecen y engordan a costas de la sociedad.

La crisis que vivimos no es del Socialismo, nada tiene que ver con el Socialismo porque ellos, los reformistas en el gobierno, hace rato, desde que asesinaron a Chávez, echaron el Socialismo al techo, acabaron con él y con los esfuerzos de Chávez por él, con los “discursos de Chávez”, con las lecciones del comandante, con el Plan de la Patria (falsificado y convertido en Ley ¡para rematarlo!). La crisis que vivimos actualmente es del r e f o r m i s m o, de las ideas de gente como Jesús Farías –nuestro Kerensky criollo-,  de las políticas cosméticas de Nicolás Maduro, otro reformador gatopardiano; del reformismo de la chorrera de asesores y oportunistas que han pasado por el gobierno de Maduro, desde Temir Porras, Ignacio Ramonet, Martha Harnecker, connotados aniquiladores de revoluciones (reformistas y oportunistas), hasta los capitalistas Rusos y Chinos, es la crisis de las ideas reformistas puestas en práctica: tener a un tiburón como mascota para alimentarlo en la boca.

Esta es la crisis que provoca el facilismo. Esta es la crisis que provoca la falta de coraje. Esta no es cualquier crisis, es la crisis que produce la ignorancia y el miedo, la mentira de los publicistas que destruyen a una sociedad y a su gente con el concierto de la empresa privada a nombre del Socialismo; peor que la mentira capitalista, que la promesa capitalista, es una calumnia al socialismo y a Chávez.

Nosotros denunciamos a los reformistas. Creyeron que era posible superar el capitalismo con el capitalismo, con “las armas melladas del capitalismo”, y el tiburón les arrancó un brazo. Pusieron en práctica sus ideas y ahora someten a su propia gente al hambre y a la voluntad de la empresa privada que tanto enaltecen ¿O es que los bancos, los supermercados, los importadores disfrazados de productores, transportistas, o los falsos exportadores no son la empresa privada? ¿Quiénes hacen la guerra al Socialismo, no son los privados, los que se reditúan de la explotación del trabajador? ¿Desde cuándo en el Socialismo la prosperidad de unas cuantas familias debe estar por encima de la suerte de toda la sociedad?

El experimento reformista se estrelló en la mesa de las familias mas pobres y en sus mentes. Ahora ¿Qué tal si retomamos el camino de Chávez rumbo al Socialismo? Igual va haber guerra, pero esta vez todos estaremos luchando contra un solo enemigo, el reformismo y el capitalismo, las dos caras de una misma moneda;  no votando (amarrados y perseguidos), sino exigiendo cuentas a Maduro y a su equipo de oportunistas y arribistas de lo que se ha hecho con el país, con nuestra industria petrolera, con nuestras reservas naturales, con nuestro futuro; de frente, con la verdad por delante, sin reuniones secretas, sin acuerdos, sin negociaciones con la derecha y el imperio, como lo hace el vampiro Lacava ahora.



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Marcos Luna


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