Los intelectualoides

Un intelectualoide según parece es aquel que hace como que pensara pero no piensa sino que se opone a Maduro con saña diciendo cualquier cosa. Y un intelectual es Roberto Hernández Montoya.

Yo no creo que haya mucha diferencia entre uno y otro. El primero, así sea buscando razones para oponerse a Maduro también ejerce es un acción intelectual larga, también piensa profusamente, (lo que muchos no hacen trabajando para el gobierno). El problema no es de calidad intelectual medida en apoyo o no al gobierno, el problema es de cuánta realidad se pueda abarcar con la mirada para luego tomar decisiones sobre ella. Como dicen, el problema es el árbol que no deja ver el bosque, tenerlo tan de cerca que no nos permite ver los problemas, su causas y consecuencias, es no ver más allá de las narices, miopía, falta de perspectiva, perspectiva de rana, o perspectiva de caballo, mirada plana, sin volumen, el problema es poder ver la otra cara de la luna o imaginársela, para eso estamos aquí los intelectuales y los intelectualoides, para acompañar a TODO el gobierno (incluido al fiscal y a Diosdado Cabello) en sus miradas limitadas.

El ejercicio del poder es complicado y complejo, uno se ha acercado él, si acaso, en una medida muy pequeña, pero desde esa medida hace el esfuerzo por razonar y sacar en limpio algunas leyes generales, que, aunque precarias, son útiles para atacar algunos problemas. Eso, en el caso de que sepamos lo que estamos haciendo. Pero casi todos, en algún momento, hemos estado lidiando con la realidad en nuestra propia medida. Al gobierno no es que le toque operar sobre un realidad distinta a la nuestra, lo hace sobre una parte de ella y lo hace a su manera; a nosotros nos toca trabajar con ella desde otra perspectiva o sobre otra parte de ella… El gobierno desde allá, nosotros desde acá.

¡Bien!, es esa perspectiva particular, y otras que el gobierno no ve o no conoce, las que sumadas le ofrecemos los intelectualoides al gobierno, a fin de que las consideren a la hora de tomar sus decisiones. Eso es todo. ¡Que si una vez esccribimos con amargura, otra vez con sarcasmo, que si a veces nos pasamos de emotivos!, eso no cambia el deseo base de todos los que hacemos críticas, el deseo de que, en todas la decisiones del gobierno, por lo menos, algunas sean tomadas en cuenta para sentirse uno parte importante de nuestro propio destino... como pueblo, como ciudadanos, como gente y no un testigo pasivo y paciente.

Son críticas, sobre las cuales se puede argumentar y razonar. No existe ninguna crítica sobre la que no se pueda discutir, debatir; ¡no existe ninguna crítica que sea destructiva!, toda crítica tiene una carga importante de verdad y de bondad, aunque sea el hecho de llevar adelante el malestar o el odio de quien la ejerce.

Negarse a ésto es otro espacio de realidad que limita al gobierno, que lo hace débil por corto de vista. Cuando decimos que éste es un gobierno soberbio estamos diciendo a la vez que éste es un gobierno débil y limitado, no se trata de un insulto, servimos, si se quiere, de espejo, a quien le molesta ver su rostro reflejado en la conducta de los que más odia, o de lo que más odia. Trump es un ser soberbio, eso casi todo el mundo lo dice y lo sabe, pero Maduro lo es igual o peor. La soberbia está muy lejos de ser una virtud o una cualidad de la cual nos debemos sentir orgullosos, es un rasgo de limitación. El "conócete a ti mismo" si quieres llegar a conocer a los demás y a lo otro, "si quieres conocer a tu enemigo" es una sabiduría mucho más vieja que la del general Clausewitz, es una máxima de griega presocrática, antiquísima. Y de eso se trata, en parte, el trabajo de los intelectualoides, decirle al presidente que de vez en cuando se detenga frente al espejo para ver qué le regresa su reflejo, que no se vaya rapidito, ¡que aguante la pela!, que se vea cuan desnudo está.

Cada uno de los que escribimos críticas al gobierno lo hacemos desde una condición de vida concreta, desde una realidad concreta y específica, que sumadas agregan volumen al total de realidad que él pueda abarcar con la mirada, que, al parecer, por sus reacciones tan amargas ante ellas, es una mirada muy obtusa; el gobierno tiende a personalizar la crítica mucho más de lo que el crítico personaliza los problemas del país y del mundo. Lo que pasa, y es inevitable, es que Maduro está siempre en el medio, representa y habla por todo el gobierno, lo justifica, lo defiende…, y con mucha razón, porque él lo preside. Como dije antes, es inevitable hablar de Maduro.

Parafraseando a Chávez, ¡Maduro no es él, Maduro es "El Gobierno"! Pero afortunadamente para él, y para todos, afortunadamente ¡Maduro NO somos todos!, si fuera así no existiría en este país ningún tipo de comunicación posible.

Por otra parte, los críticos al gobierno y a Maduro, los que lo hacemos desde el chavismo (o la mayoría de ellos), no gastamos nuestro intelecto en hacer críticas a la oposición y al imperio porque es el gobierno, y aquellos que viven para justificarlo, lo que realmente nos importa. Porque el imperio cobra, dentro de él y ellos, un rostro siniestro, se mimetiza, se disfraza de chavismo, de revolución, ¡cambia sus formas y métodos!

Los otros métodos, los clásicos; las invasiones, las mentiras, el uso y abuso de los medios de desinformación, redes sociales etc., son más que evidentes y están más que claros, para nosotros y para ellos. Resulta ridículo que muchos críticos de los críticos del gobierno redunden a cada rato sobre algo que todos los chavistas, de hecho, sabemos de más. Sin embargo no atienden, se tapan el rostro, no quieren saber o ver lo que muchos no saben, sospechan, o no quieren saber, o se hacen los pendejos, que es develar al enemigo dentro de gobierno, señalar con el dedo dónde está "huevo de la serpiente".

¡Cómo es posible que un gobierno que se dice en guerra con el imperio tenga sus recursos informativos y divulgativos secuestrados por mercachifles, cirqueros, faranduleros, y, sobre todo, periodistas y presentadores aduladores, agarrados por el cuello por el mismo gobierno!... Sin crítica, el señor presidente, es menos que nada, sin esta crítica intelectualoide estaría dando mucho más tumbos de los que ahora está conteniendo para no caerse.



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Marcos Luna


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