¿Los Bolsonaro se incuban en Venezuela?

Raúl Zibechi publicó recientemente un artículo con el título: "Un Huracán llamado Bolsonaro[i]" que deberíamos leer. Ese huracán como la califica Zibechi, es producto de no muy ocultas situaciones que han venido perfilándose por muchos años y otras que se despiertan después de una larga siesta.

Dice Zibechi: "Las tormentas tienen resultados como el que mostró la primera vuelta: no dejan nada en su lugar, sacan a la superficie aquello que estaba sumergido y, tras el desolador panorama del día después, enseñan las heces que nadie quería ver. Pero muestran también que, debajo y detrás de las heridas, hay caminos posibles que las fuerzas institucionales y sus acomodados analistas se niegan a transitar. El día después enseña varios hechos que deben ser desmenuzados para avizorar lo que puede depararnos el futuro inmediato: el ¡Ya Basta! que pronunció la sociedad en 2013, la herencia de la dictadura militar, el fin del lulismo y las limitaciones de la izquierda para afrontar los nuevos escenarios" (subrayado es mío)

El primer elemento que necesito destacar en atención a la reflexión de Zibechi, es la responsabilidad que tiene el PT en el surgimiento de este huracán llamado Bolsonaro. El PT desestimo reclamos y luchas que respondían a las necesidades de los excluidos. "El ¡Ya Basta!" concretó el agotamiento del lulismo y el PT. Ambos tomaron la senda (por el agotamiento) del ajuste fiscal. Lula y el PT respondieron con miedo a tener los excluidos en la calle pidiendo con sus luchas a más inclusión.

¿En Venezuela se incuba un Bolsonaro?

Definitivamente sí. No como uno supone que el fenómeno pudiera estarse dando. Es decir, no hay un liderazgo a nivel de la derecha venezolana que esté consolidándose como una referencia política al estilo de Bolsonaro. No en esta forma y esto lo hace más peligroso. Tampoco hay excluidos en las calles pidiendo salidas, pero los Bolsonaro se incuban y donde no deberían.

Ubiquémonos en la guarimba del 2017. El combustible de esa guarimba era fundamentalmente el odio. No había una plataforma de lucha con propuestas. Muchos partidos de derecha fueron en silencio a esta guarimba o no estaban como muy cómodos con ellas. Otros por el contrario, estaban más comprometidos y los que se encontraban en el frente de lucha socialmente nada tenían que ver con los que movían y financiaban las guarimbas.

La Asamblea Nacional constituyente (según se cree) trajo la paz, pero Brotó con más fuerza el bachaquerismo, que en definitiva, fue una metamorfosis que sufrió la guarimba violenta. El bachequerismo no tiene cara de guarimba pero es más violenta. El bachaquerimso se le ven dos rostros. Uno con un determinado perfil en calles y mercados municipales y otro, regado en urbanizaciones en manos de una clase media que igual no tiene compasión con el problema de los precios, porque saben que ese recalentamiento de los precios en productos básicos son chispas que pueden resultar más incendiarias que los intentos de quemar todo desde la guarimba en las calles.

En el caso reciente de Brasil, el centro político se vació. Este fenómeno de "vaciamiento" del centro político no debe sernos extraño. En las elecciones presidenciales en Venezuela mayo 2018, la derecha de Henry Falcón no superó las expectativas y posiblemente, una parte significativa de la abstención guarde alguna relación con el huracán o fenómeno Bolsonaro que se incuba en Venezuela. Una parte importante de la derecha se ha radicalizado y viene creando las condiciones para su ascenso.

El gobierno efectivamente no ha plasmado claramente una política de ajuste. El hecho que el gobierno no lo haya hecho abiertamente, no supone que no exista una política de ajuste que le carga el peso de la situación a los que menos tienen. En este nicho del ajuste visible e invisible, es donde se incuba los Bolsonaro que en Venezuela pueden estarse incubando.

Tal vez no haya un dato resistente o duro para asegurar que esta política de ajuste visible y no visible viene siendo otro factor que mantiene a la incubadora con la temperatura adecuada. El calentamiento se siente en sectores que muy poco tienen que ver y ganar con el ascenso de la derecha en Venezuela, pero ese calentamiento existe y se hace muy nítido en los mercados o centros de compras. Se observan personas socialmente muy distintas coincidiendo en los mensajes. Se oyen mensajes cuyo sentido racista ruborizaría a Bolsonaro el de Brasil: "Ese maldito" por ejemplo. Esa frase y otras del mismo estilo y con la misma carga, están muy presente en los diálogos a los cuales uno le mete el oído. Esto tiene su sentido en el proceso de incubación.

Puede ser una hipótesis muy aburrida y sin fundamento, pero no es descartable que haya muchos "bolsonaritos" en espacios sociales (barrios, comunidades pobres) donde no deberían. Tampoco esta hipótesis es muy extrema. Debe sonarnos Argentina y también el ajuste de Daniel Ortega en Nicaragua.

La hiperinflación (inducida y no inducida) es muy en el fondo una política de ajuste, que puede poca a poca estar sacando a la superficie eso que no se ve, pero se siente con retorcijones en el estómago. Si la situación en Venezuela no es como la de Brasil en 2013, no implica que el silencio sea efectivamente silencio.

Por ahora no habrá en Venezuela un líder de la derecha que encarna a Bolsonaro. Pero la "expresión de "ese maldito" en boca de personas con apariencias muy distinta, puede estar diciéndonos, que a falta de Bolsonaro, los bolsonaritos van bien, según el plan de la derecha.


[i] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=247679



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Evaristo Marcano Marín


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