Hay que tragar una cucharada de ubicatex, Venezuela

Hay que tomar una dosis de "Ubicatex", ese amargo jarabe que nos resistimos a veces a tragar, para poder vislumbrar algo de lo que nos espera, con alguna veracidad, controlando nuestra tendencia natural a ilusionarnos y exagerar la importancia de nuestras declaraciones dramáticas de buena voluntad. Todos sabemos, para comenzar, que el sistema mundo capitalista ha venido teniendo grandes reacomodos desde que, en la década de los 90 del siglo XX, se derrumbó ese experimento social y político que se denominó inapropiadamente "socialismo real". En poco más de 20 años, las transformaciones son impresionantes: de la hegemonía única de la gran superpotencia militar, política y económica norteamericana, se pasó, crisis financiera de 2008 mediante, a un esquema muy diferente, donde los Estados Unidos ha caído en la decadencia de su poder, antes omnímodo, y se abren espacios completos donde la disputa con las otras potencias emergentes, específicamente Eurasia (Rusia y China aliados), ha resultado en derrotas para el anterior invicto

Luego de esta contextualización general, es importante tragar el primer buche del amargo jarabe: hay cambios, sí, pero todo esto sigue siendo capitalismo, con la hegemonía del capital financiero, con el dominio de no mucho más de una decena de monstruos monopólicos que muestran, como gran novedad, la participación de capitales de China y Rusia, India y Suráfrica, Brasil y algunos otros países europeos (Alemania y Francia, por supuesto) y aliados de los norteamericanos (Canadá). Puesto en términos clásicos: se trata de capitalismo en la fase imperialista, el capitalismo mundializado que convierte a todo el globo en el escenario de la pugna por el dominio de los recursos naturales, los capitales y los mercados. Se trata del mismo sistema mundo capitalista, que combina diversos modos de producción (incluso el esclavismo), que establece esa geometría fatal de los centros y las periferias.

Cómo es que siglo y pico después de la presunta primera revolución socialista del planeta, la soviética, el capitalismo sigue tan campante, cada vez más fortalecido, mutando en sus formas, resistente e incorporando hasta a Partidos Comunistas en el poder, como es el caso obvio de China, es un cuento demasiado largo para echarlo aquí y ahora. Baste por ahora decir dos o tres cositas: la Historia cogió para otro lado, muy distinto del que preveían, no sólo Marx y Engels, sino también Lenin y sus herederos, sean usurpadores o no. Obligados por las circunstancias, unos burócratas y supuestos intelectuales asumieron la tarea de modernizar los países atrasados a los que accedieron al poder, usando intensivamente la fuerza del Estado, con lo que lo fortalecieron alejando quizás por siempre el sueño de Marx de la disolución de ese aparato atroz ("el más frío de los monstruos fríos", lo llamó Nietzsche), con un costo humano quizás demasiado alto, con una merengada ideológica que incorporaba nacionalismo, populismo, religiosidad, autoritarismo, que intoxicó todos los espacios. Hasta que no se pudo más y se derrumbó, como en Europa del este y la URSS, o se entregó a la superpoderosa "lógica del capital", como en China, donde se celebra con fuegos artificiales que los billonarios más ricos del mundo forman parte del Comité Central del Partido Comunista. Tanto nadar, tanta muerte, para llegar a la misma orilla capitalista.

De modo que la hipótesis de Marx y Engels se perdió por el camino. No se dieron las revoluciones en Europa Occidental como esperaba Lenin en las dos primeras décadas del siglo XX. Las revoluciones victoriosas, a pesar del sometimiento a los intereses de gran potencia de la URSS, en lugar de socialismos, derivaron en regímenes con discursos nacionalistas y populistas, con todo y burguesías nacionales (y hasta "revolucionarias": no sé por qué le cayeron encima al "pobre" Castro Soteldo)que asumen como proyecto nacional únicamente cierta reorientación de la distribución de la riqueza hacia unos pobres cuyo único destino es persistir en su pobreza, mientras sus gobiernos creen participar, pero como simples peones, en el inmenso y peligroso juego de las superpotencias. En la América Latina de principios del siglo XXI, se produjo el retorno de lo mismo, impulsado por el alza de los insumos primarios de estos países, pero a los pocos años, de nuevo se cierra el círculo, y seguimos en la misma periferia de siempre. Por supuesto, no hubo grandes centrales azucareras, mucho menos balneario en el río Guaire, segundo puente de Maracaibo, ni red ferroviaria nacional, ni Poder Popular autónomo, ni "estado Comunal", ni nada de eso.

Mientras Venezuela recurre a gigantescas deudas con el gigante chino para sobrevivir a una crisis causada en un 80% por la ineptitud de un gobierno incompetente, al tiempo que entrega, emulando las concesiones otorgadas por Gómez, la mitad de la propiedad de las empresas de la explotación de un crudo que se irá íntegro al gigante asiático, éste anuncia que ya no comprará más crudo a los productores norteamericanos en una nueva escalada de la guerra comercial con los Estados Unidos. ¡Albricias! ¡ya somos peones! Nuestro petróleo, extraído por los chinos, les servirá para sustituir al norteamericano.

A todas estas, el mismo sector de la derecha opositora criolla resuelve impulsar una política que termina siendo funcional al discurso antiimperialista y antiintervencionista del gobierno. No creo que sea una colaboración concertada. Creo que es pura y simple estupidez de una derecha que se ha negado tercamente a pensar y ha seguido haciendo política con sus vísceras, junto a la ultraderecha norteamericana, los restos de la gusanera cubana y los detritus de la política derechista de los países latinoamericanos que, a pesar de todo, también terminan participando del negocio de la "Ruta de la Seda" de los chinos.

Por supuesto que no habrá intervención de la OTAN, mucho menos norteamericana, tampoco colombiana, más allá de un cómico mostrar de dientes cariados. El cloqueante "Grupo de Lima" sólo hizo el ridículo por enésima vez para redundar en su adulancia a un Trump que lo desprecia, como lo ostentó frente al gesto asqueroso del presidente chileno que ilustró sus sueños insultando la bandera de su patria colocándola como un pedacito del arrogante pendón de las barras y las estrellas.

El sistema-mundo capitalista ha demostrado su infinita capacidad de mutación. Ya hay negociantes de los grandes poderes monopólicos. El tiempo del vociferante Trump se acaba. Ya le preparan, quién sabe si más temprano que tarde, un "impeachment". Sólo basta que la inflación y la subida de los intereses y del dólar, provoquen una situación difícil en la bolsa, como ya auguran algunos analistas. Al final hay para todos, y el peón venezolano puede ser sacrificado en algún momento en aras de un nuevo reparto. Hay suficiente petróleo, oro, coltán y hasta materia radioactiva para el capital transnacional, hable inglés o mandarín.

¿Y el pueblo? Hay cierta reanimación del movimiento sindical por el respeto de la contratación colectiva y demás institucionalidad moderna de arreglo de las relaciones laborales. ¿Y los Jobs militantes? Ahí, esperando la caja CLAP.



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Jesús Puerta


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