¡Da pena, no envidia!

La esperanza socialista es la manera espiritual de recuperar el sentido de pueblo dentro de la sociedad.

Sociedad y pueblo pueden ser opuestos. Puede haber una sociedad sin pueblo, es decir una sociedad sin unidad moral, sin un sistema de creencias firmes acerca de lo que entendemos como bueno y malo. Y puede ser que sí, que cada quien actúe según su libre albedrío pero sin embargo acepte obedecer a un solo sistema de principios, sea un individuo moral a pesar de ser un infractor.

Hay quienes pueden adoptarlo (al sistema de principios) como un código ético que rija su conducta, y puede que hayan otros (siempre los hay y los habrá) que no, y rompan las reglas normadas por los principios, sin embargo crean en él, a pesar de que acepten que están fuera del sistema, moral, ético y legal, y acepten las condenas que se derivan y que sanciona la sociedad, responsablemente. Hablamos de pueblo, no nada más de la sociedad.

El sentido de pueblo lo da un sistema de principios morales y éticos que dan unidad a la sociedad, un sistema supra social, es el sentimiento religioso compartido por el común de la gente en algunos países, es la tradición cultural que arrastran otros, que los hace fuertes como sociedades siendo además pueblos. El islam, es un buen ejemplo, el catolicismo en algunos países, el budismo en otros.

En ese sentido moral, espiritual, el socialismo une a la sociedad. No es una religión que se fundamente en fábulas y mentiras, es una fe en el hombre, en la humanidad y se fundamenta en el estudio de la historia en el análisis y crítica de los distintos sistemas de poder, clasistas, hegemónicos, religiosos, políticos o los dos.

Pero al igual que la religión es un sistema ético y moral. Educar es la única manera de enlazar a toda una sociedad de forma actualizada, racional y humanista, en un estado de igualdad y justicia (Dicen Marx y Engels que la única fórmula para establecer un régimen de igualdad es que éste sea desigual, debido a que los humanos somos individualmente desiguales, por lo tanto se trata de exigir a cada quién según sus capacidades y dar a cada quién según sus necesidades, un sistema desigual que equilibra por compensación las desigualdades individuales. El otro principio socialista fundamental es la solidaridad, que contrarresta el egoísmo mezquino inculcado por la sociedad capitalista)

En la sociedad capitalista regida por un sistema tan vasto como ella (muchos seres organizados para la producción y la explotación de sus esfuerzos por y para otros), el único elemento unificador es la explotación, la esclavitud. Pero unifica fragmentos, programados en el egoísmo y la mezquindad (despiadada), una sociedad rota en la consciencia.

El punto central es que se trata de una conglomerado tan grande (no es un pueblo de hugonotes o Cuáqueros, no son Kariñas, Pemones, Guaraníes) que no comparte un solo sistema de creencias y ni tiene valores culturales comunes; un país como Venezuela, una ciudad como Caracas, que las unifica la desgracia (más que la ley, la cultura o la fe religiosa), y que les es mucho más difícil compartir un solo sistema ético y moral..., esta sociedad, vasta, moderna, fragmentada, para llegar a ser un verdadero pueblo debe vivir en sus prácticas de sociales, a diario, el reto de construir un solo sistema de valores: esa es la revolución socialista, no otra cosa.

No estamos ni cerca de ser "un solo pueblo", vivimos una falsa identidad sellada por nuestras preferencias en el vicio y nuestras desgracias compartidas. No somos un pueblo rico, no somos un pueblo libre, tampoco somos un pueblo con sentido del humor (una risita cómplice y nerviosa no es humor), no somos un pueblo despierto y alegre (si hay algo que nos une es lo adormilado que somos, mucho más cuando estamos alegres por ebrios)…, no somos un Pueblo, somos un conglomerado, una sociedad sin pueblo: unos ven un chiste en una inmoralidad, otros ven decadencia en la honestidad, libertad en la esclavitud; somos el Cambalache de Santos Discépolo, vivo, y a ésto lo llamamos pueblo, "Un solo pueblo tomando Cacique, o Santa Teresa", esa es nuestra identidad nacional, un estigma capitalista que llevamos en el hígado.

A parte de esta complicidad por la crápula, la única identidad que podemos conquistar y consolidar es la de creer en un solo sistema de principios morales y éticos. Esto nos lo proporciona la lucha diaria por conquistar cambios en nuestro carácter, lucha de clases, conscientes, la lucha del creador, la lucha del educador, dando buenos ejemplos, hablando con la verdad, siendo honestos, solidarios y amorosos con nuestros semejantes… ¡Qué tiene uno que maravillarse del sibarita de Maduro!, ¡da pena!, no envidia, ¡Pena ajena!

19/09/2018

 



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Marcos Luna


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