¡Horror! Agredieron bestialmente a Ruperto y a su esposa en una fiscalización de precios (pero no se amilanan…)

  1. Del fondo del negocio apareció la dueña algo sonreída y entonces se le preguntó por qué estaba vendiendo el arroz a 90 soberanos, la pasta a 75 soberanos…, y varios otros productos a descomunales sobreprecios. Su faz comenzó a cambiar progresivamente. Al principio la dueña, mujer fuerte y bien encuerpada, estuvo mostrándose moderada y tranquila, pero cuando el profesor Ruperto Quintana intentó tomar una foto de los precios de ciertos productos, la enfurecida dama se abalanzó en tromba demencial sobre él, le arrancó el celular, lo empujó, lo sacó a patadas a la calle y le golpeaba sin cesar. Viendo su esposa que Ruperto por ser hombre no podía responderle sus arañazos y golpes, se interpuso y entonces la fiera cayó sobre ella, arañándole el rostro y tomándole por las greñas, y golpeándola de tal modo que nadie podía despegarla. Luego la tigra se volvió a su local para lanzarle a Ruperto una lluvia de papas y calabacines que estallaron en la calle o en los cuerpos de algunos viandantes.

  2. Los demás miembros del grupo fiscalizador comenzaron a llamar a medio mundo, a la SUNDEE, a la policía, a la Guardia Nacional Bolivariana, al CICPC. Ruperto y su esposa mostraban en sus caras los severos arañazos de la dama. Al tiempo que esto ocurría, se formaron corros de vecinos, grupos del mismo barrio al que se salió a defender de los especuladores y comenzaron a echar chistes, a reírse y a celebrar el acontecimiento como si tratara de un vulgar combate de lucha libre. Algo muy divertido. Unos insultaban a los que andaban en el plan de fiscalizar los comercios, y pedían a gritos destemplados que saliera la comunidad toda a defender a la especuladora. Se oían gritos de "¡Sapos!", "¡Fuera, ustedes no son de esta comunidad!". Hemos de decir que no sabemos por qué milagro todo no pasó a mayores, porque sabe Dios qué hubiera podido ocurrir, porque este tipo de gente inconsciente es igualita a la riada de locos que cogieron para Perú o Colombia en busca del Dorado para después rogarle al gobierno que les trajera de vuelta. El tumulto se fue formando y se tornó peligrosamente agresivo. Un tipo gritaba: "Ustedes son una cuerda de flojos coños de madre y esos productos son de ella y los puede vender como le dé la gana!, ustedes vendan a precios socialistas". El grupo de camaradas hubo de dispersarse paulatinamente. ¡Esto es parte del mierdero que hay en Mérida! A la esposa de Ruperto no le quedó más que decir: "Pues si los miserables y cobardes de este barrio quieren comprar caro, que lo hagan, pero nuestro deber es seguir esta lucha".

  3. Llegaron posteriormente dos policías en una moto, se les echó el cuento, pero la incontrolable y enloquecida mujer se enfrentó también con ellos: a uno le arrancó el casco, luego en su lucha cayó tendida en el suelo dando alaridos y diciendo que los productos que ella vendía eran importados, al tiempo que gritaba que Ruperto no sabía con quien se había metido y que lo habría de pagar bien caro. ¡Ruperto! No era difícil entender que la susodicha estaba revendiendo aquellos productos, y que el infierno del bachaquerismo junto con sus mafias se vuelve a presentar espantoso y cruento.

  4. ¡Ay pobre Ruperto!, él que ha estado profundamente preocupado por todo el proceso de la reconversión monetaria y que se lo ha tomado tan a pecho, que apenas la comunidad le propuso ser fiscal del CLAP de su zona, él de inmediato lo aceptó y asumió sin vacilaciones.

  5. Ruperto no se pierde "Con el Mazo Dando", y la noche del miércoles 5 de septiembre, cuando escuchaba a Diosdado decir que si se iba a un comercio y allí se veía que se estaba violando la Lista de Precios Acordados, no era que el consumidor sencillamente se iba a retirar molesto sino que debía reaccionar y denunciarlo para que se llevaran preso al especulador.

  6. Pues bien, el día Jueves 6, amaneció Ruperto como Don Quijote, tomó su adarga, ensilló a Rocinante, y con el mayor espíritu de lucha junto con su esposa se fue a la reunión de fiscales del CLAP del sector de Lasso de la Vega, que en total lo constituyen unos diecinueve quijoticos. Estos quijoticos se metieron luego en el supermercado SUPER-ÉXITO (denunciado por ser un centro bachaqueril de los mil demonios) de unos chinos, que tiene una extensión de unos 2.500 metros cuadrados: allí no hay nada en los estantes, sino 14 empleados que deambulan de un lado a otro, esperando que el pendejo gobierno les pague el salario mínimo por tres meses.

  7. Luego de la emotiva reunión, a una de las promotoras más luchadoras se le ocurrió aprovechar el momento para hacer un recorrido para inspeccionar varios locales del sector. Ruperto estaba encendido de patriotismo y en todo momento teniendo entre ceja y ceja lo que había dicho Diosdado la noche anterior: "-No es que vamos a ver un artículo en el que evidentemente se está violando la Lista de Precios Acordados y nos vamos a ir como si no fuera con nosotros, ¡ese especulador debe ir preso!"

  8. Coño, y Ruperto cometió también el quijotesco desafío de decirle a la dueña del negocio que la iban a meter presa. A Ruperto, no se sabe cuántas cosas le pasaron por su cabeza en un Estado donde gobierna un escuálido y en el que las guarimbas cometieron crímenes espantosos; y en un momento en que se desconfía de medio mundo, de fiscales, de guardias nacionales y de policías. Ruperto y su esposa no son, claramente, unos simples ciudadanos que se resignan ante las injusticias y que después de cinco años de esperas horribles frente al maldito bachaqueo, frente a la insoportable especulación, el saqueo, el robo descarado y acaparamiento, que en esta hora se iban a cruzar de brazos, indolentes, inactivos y no hacer nada. Pero en el caso de este negocio las cosas no habían salido bien.

  9. Después del terrible momento, Ruperto y su esposa se fueron a casa con el sentimiento a ratos, insistimos, de que quizá no habían actuado correctamente. Que ese no era el procedimiento, aunque no hay método ni reglas en esta lucha, luego de tan prolongada y monstruosa guerra económica, en medio de tanta inconsciencia y cobardía en los propios sectores pobres que son tan estafados.

  10. Pero Ruperto no se siente derrotado ni mucho menos frustrado. Ruperto y su esposa se colocaron agua oxigenada en las heridas, y luego se prepararon un café, se rieron un rato, y comentaron ya con mesura detalles del incidente. De cómo aún Ruperto conserva intactos sus reflejos de muchacho, por el modo como pudo esquivar aquella lluvia de papas y calabacines lanzados con tanta ira y odio, y cómo algunos de aquellos misiles vegetarianos estallaron contra el cuerpo de unos viandantes que pasaban por allí en ese momento. La esposa de Ruperto comentó que nunca en su vida pensó que un día pudiera liarse de las greñas con otra mujer. Increíble, coño, las cosas de la lucha política, del sentimiento patriótico que arde en los corazones de los que se toman las cosas tan a pecho. Estos esposos pagaron algo del débito que les corresponde como revolucionarios y chavistas. Es todo, pues, una vivencia como tantas otras de las que se están dando en este momento en Venezuela.

  11. Las conclusiones que sacó Ruperto de estas horribles experiencias fueron muchas. Le golpeó en el alma las agresiones a su esposa, una mujer extraordinariamente pacífica y noble. Pero hay otra que se le clavó en lo más hondo del corazón, recordando a Bolívar cuando decía: "Nuestras discordias tienen su origen en dos copiosas fuentes de calamidad: la ignorancia y la debilidad… los americanos del sur han pasado al través de los siglos, como los ciegos por entre los colores…".

  12. Esa otra conclusión que sacó Ruperto, es que hay un mar de leva de inconsciencia producto de tantos siglos de esclavitud que hace que cierta gente ame más sus cadenas que la libertad y la justicia. Un gran mar de mierda, hay que decirlo, contra el que también habrá que luchar como se hace contra el imperialismo para que en él no se vaya a ahogar la revolución. Le resultaba terrible a Ruperto tener que pensar en eso, pero no lo pudo evitar cuando se acercó y besó a su esposa estremecido de agradecimiento, de dolor y sobre todo de amor...



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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