La vejez de Pepe Mujica, la ceguera de Úrsula Iguarán y lo "sofisticado" de los drones

José "'Pepe"' Mujica, declaró que quiere dejar su cargo. "Tengo 83 años y me voy acercando a la muerte", dijo y añadió: "Quiero tomarme licencia antes de morirme, sencillamente, porque estoy viejo".

Pero también dijo solamente, refiriéndose a lo acontecido alrededor de Maduro y los drones, al parecer un intento de magnicidio, "Espero que no desate una caza de brujas y que no prospere ese tipo de cosas que en el fondo no resuelven nada los problemas". https://www.aporrea.org/actualidad/n329337.html

Úrsula Iguarán, a esa misma edad, solo unos poquísimos años más que quien esto escribe, tanto que los dedos de la mano sobran para contarlos, quedó completamente ciega y por eso, buscaba en las paredes de su vieja casa, en las costras y las irregularidades de éstas, la historia pasada y en esa práctica hallaba los recuerdos y respuestas a las incógnitas que con frecuencia le asaltaban. Ella, pese sus años y ceguera, siempre pudo mantenerse en pie y ver las cosas en su exacta dimensión y en correspondencia con el bienestar de su familia. En ese constante buscar, quizás por tanta coherencia y paz espiritual nunca tuvo tiempo para pensar en la muerte.

Pero las palabras de Mujica, según las cuales, "hay un tiempo para venir y otro para irse y así como se caen las hojas de los árboles, también nos caemos nosotros", expresadas por alguien apenas un poco mayor que uno, nos sorprenden. Quizás para Mujica la vida esté ligada al protagonismo y al poder, que lo ejerció por un largo tiempo desde el Frente Amplio y luego como presidente. Parafraseándolo, tuvo su tiempo de llegada, cuando su prestigio fue grande en América Latina, entre los revolucionarios por su historial, jefe de aquellos Tupamaros que ganaron tanta admiración por su firme disposición contra las fuerzas imperiales, lo que empató con su período presidencial, cuando comenzó a hablar en lenguaje intrincado, para los dos frentes, como para que cada quien entendiese lo que le viniese en gana o para, como lo hace ahora, cuando habla del tiempo para irse, diciendo aquello de "se caen las hojas de los árboles", lo que podría ser el del discurso ya nada disfrazado, que suene bien e indubitable en los oídos de quienes su palabra dirige. Aquellos tiempos Tupamaros ya pasaron, porque como el mismo dijo, contribuyó a "abrir una puerta". Pero no bastaba con una, hay como demasiadas y "el bicho humano es el único que tropieza varias veces con la misma piedra".

Aparte de los procederes de Úrsula Iguarán y los de Pepe Mujica, como diametralmente opuestos, porque no entiendo que la simple edad llame a Mujica más que al simple retiro, pues desde su casa pudiera seguir el combate, lo que llama la atención es como la visión de Mujica viene cambiando. Como quien en verdad va no hacia la muerte sino al retiro, y quiere que éste sea tan cómodo como ella. Úrsula perdió la visión, "la de los ojos", pero aguzó la que la daban oído y la sensible piel de sus manos. Nunca aceptó el retiro ni el desvincularse de sus deberes. Es cierto que el "bicho humano" tropieza más de una vez con la misma piedra. Pero no son todos. No es fatal eso que el humano tenga que tropezar ni siquiera dos veces. Y si dos o tres tropieza, debe buscar la manera de evitar que en lo adelante eso no suceda. No debe aceptar la piedra como si fuese un Dios, para pedirle perdón o rogarle no se le atraviese en el camino, tampoco desafiarla, no se le pide tanto, pero si reclamarle con la debida compostura y formalidad y hasta, cuando sea necesario, dar vueltas para evadirla sin rendirse a sus pies, suplicarle y menos entregarle lo que es mío y de os míos.

Esa frase de Mujica, esta vez nada poética como suele acostumbrar, sino demasiada común, en mi imaginación, y se me equivoco, eso sería culpa suya por abusar de esas prácticas y nunca hablar de frente, pareciera aludir al imperialismo y el gran capital. Por eso he dicho lo que dije de la piedra.

Porque el Mujica que desde hace tiempo habla, si bien es verdad que es menos hermético, procura que sus antiguos enemigos bien le entiendan y olviden sus viejos desafíos. Cuando ahora habló de lo acontecido en Venezuela, con todas las trazas de intento de magnicidio que tiene, hasta hay quienes de ello se responsabilizan, como los "soldados sin franela", no lo condenó, tampoco lo calificó, sino que esperaba que por eso "no se desate una cacería de brujas". Es decir, casi de antemano, condena al gobierno por lo que pudiera suceder.

De la misma manera, ante una situación tan confusa como la de Nicaragua, donde la Agencia Reuters y sectores con muy buenas relaciones con EEUU y su política han estado activos difundiendo noticias sobre a lo que allá sucede, se pronunció antes Mujica. Quienes vivimos en Venezuela y hemos tenido en los últimos años una firme actitud crítica frente al gobierno, sabemos bien lo que aquí sucedió durante las guarimbas y como medios internacionales informaron, no sesgadamente, sino narraron contrariamente a la verdad. Tanto que los quemados vivos, se los atribuyeron al gobierno.

Cuando escuché por primera vez a Mujica, esto ya está escrito, califiqué su discurso evasivo. Quizás, como había tropezado con la piedra, quiso evadirla diciendo cosas o amontonando palabras sin nunca decir nada, para que a cada quien se cayese la "chupa" y le pusiese su sazón.

Pero al referirse a los hechos de Venezuela ahora, quizás porque ya está pensando en la muerte, un muy mal signo, tanto que hasta pudiera considerarse muerto, o "como se le caen las hojas a los árboles", él siente que los halagos que recibió de aquella "piedra", son dulces y no agrios y amargos como el trato que ella misma le dio siendo un firme combatiente Tupamaro. Fueron duros los piedrazos que la dictadura militar, al servicio de la "piedra", le dio al Pepe y eso le dejó un amargo recuerdo.

Úrsula Iguarán llegó a vivir más años que los que ahora tiene Mujica, quedó ciega "de los ojos", pero su olfato, oído y sus manos, capaces de leer en cada pliegue o arruga de las paredes, en el murmullo que traían los vientos, los trinos de los pájaros y hasta el silencio, le permitían captar los hechos tal como acontecían y en concordancia con su moral de madre y jefa de familia. Se conformó con el reconocimiento de esta, sin importarle las piedras regadas en el camino, menos aquella grande que parece desafiar a todos quienes estamos de este lado. Plantada allí como para que nunca pasemos.

Pero "Pepe" prefiere casi darse por muerto. Algo así como para no enterarse de nada y menos cometer el pecado necesario para que el reconocimiento del cual goza ahora, de persona ecuánime y con nuevas amistades, no lo pierda, tanto que de repente podría recibir algún premio de esos que nunca ganaron los incómodos, como Pablo Neruda o su compatriota Mario Benedetti.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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