María Conchita: al son de su ‘dialéctica’

Sin duda, María Conchita tiene instinto dialéctico, pero casi ahogado por su rutina pragmática y el aburrimiento de tanto leer libretos de baja calidad literaria. María Conchita Alonso, actriz y cantante, asistió a un programa de televisión para, valiéndose de lo que le aportó su anterior belleza física, expresar conceptos que mucho más que disparates, fueron sandeces insoportables. Ella dice haber salido a los cinco años de Cuba por culpa del comunismo. Definitivamente, el medio ambiente conforma la manera de pensar de las personas. ¿Qué podía saber de comunismo una niña de cinco años?
Sabemos que han existido y existen niños o niñas excepcionales. Heinerken, un niño prodigio que se aprendió de memoria casi toda la Biblia a los dos años, a los tres hablaba latín y francés, a los cuatro era estudiante de la Iglesia cristiana, y a los cinco murió justo a la edad en que María Conchita salió de Cuba por culpa del comunismo. ¿No será que ese niño murió víctima del cristianismo? Handel a los diez años ya había compuesto un libro de sonatas. Haydn a los trece años había compuesto una misa, pero su mejor obra –Creación- la compuso teniendo sesenta y cinco años. Mozart, sin saber escribir, a los cuatro años componía tonadas, a los seis  arregló un concierto para piano, a los doce era el mejor de todos los pianistas y había compuesto ópera. Beethoven, a punta de empujones, a los trece años había compuesto tres sonatas y tocaba en público. Schubert, siendo un niño tocaba violín, piano y órgano. Supongamos que María Conchita entra en ese selecto y reducido número de niños y niñas prodigiosos. Deberíamos de suponer que conocía de instrumentos musicales, de canto, pero de comunismo no existe ningún estudio que nos aclare su prodigiosidad ideológica siendo una niña de cinco años. Ahora lo que sí debemos tener seguro es que sus padres fueron un factor decisivo en su formación ideológica sobre la revolución cubana y sobre sus dirigentes, especialmente: Fidel y el Che. En conclusión, el odio de María Conchita contra la revolución no es producto de sus estudios sistemáticos sobre la realidad cubana, sino un efecto de la influencia de familiares que eran o son acérrimos y empedernidos enemigos de la revolución y de sus dirigentes.
María Conchita, creyendo que es ‘divina’ e ‘infalible’ por haber sido Mis Princesita Universal, por ser cantante, actriz y vivir cómodamente en Estados Unidos, le echó peste a Fidel, y se lamenta de que éste no haya muerto tan pronto anunció su separación temporal de su cargo de jefe del gobierno cubano. Pero Fidel está vivo y tiene la oportunidad de defenderse aunque no lo necesite. Pero María Conchita no se detuvo allí. Fue más lejos. Atacó, furiosa y con los ojos desorbitados, al Che. Lo acuso de ser malvado, y de que gozaba matando familias enteras: abuelitos y abuelitas, padres y madres, hijos e hijas, nietos y nietas, hermanos y hermanas, tíos y tías, sobrinas y sobrinos, primos y primas. No metió a los amigos porque en sus elucubraciones fuera de órbita se les olvidaron.
El Che está ‘muerto’ y sus huesos viven en Cuba como guerrillero de refuerzo. En verdad, el Che tampoco necesita que lo defiendan, porque por él hablan su obra y su pensamiento que están de distancia de la ‘obra y el pensamiento’ de María Conchita como de la tierra al sol. Demasiado grande es el Che para que una boca tan contaminada como la de María Conchita trate de enlodarlo. Esta cree que a punta de cara bonita le va a conseguir los votos necesarios a Manuel Rosales para que le gane a Chávez el 3 de diciembre. Tengan la seguridad que votará en Estados Unidos y no volverá a esta tierra, que no la necesita porque nada a hecho por ella, creo que más nunca tan pronto se anuncie la derrota de su nuevo ídolo: Manuel Rosales.
Las sandeces de María Conchita no son accidentales. Las enfoca conectándolas al laboratorio de propaganda sucia del gobierno estadounidense. Lo que dice y hace es un reflejo de que no vino sino que la mandaron. Nunca preocupada por lo que acontezca en Venezuela y que vaya en función de beneficio para nuestro pueblo, ahora organiza y encabeza manifestaciones en los Estados Unidos –su  patria del alma y del corazón- contra el gobierno que preside el Presidente Hugo Chávez. Creyéndose la estrella más hermosa y artística del firmamento se autoengaño pensando que con su rostro –como símbolo de la oposición- se garantiza la derrota de Chávez y el triunfo de Rosales. Cuatro décadas después de haber nacido es que María Conchita se percata que la dialéctica de la sal le sirve como condimento para el sancocho de su pragmatismo político. María Conchita tiene de cubana lo que el Che hubiese tenido de gringo: nada.
Se puede criticar al Che, y eso se respeta, pero faltarle el respeto sólo es obra de seres profundamente mezquinos y desquiciados de toda verdad histórica. Los huesos del Che viven en Cuba como guerrillero de refuerzo. Los de María Conchita, si se descuida, podrían ser utilizados, por los fascistas estadounidenses, para hacer copas y tomar buen vino en reconocimientos a sus propias estupideces.


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Freddy Yépez


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