Ningún viento es favorable si ignoras a que puerto llegar

Si tú estás "en redondo" -como le digo a estar sin ver costa y ni siquiera una gaviota extraviada-, y una repentina tempestad te da de costado, a babor o a estribor, de tal manera que no puedas ni siquiera ponerle proa al viento, entonces, arria las velas y no sin dejar de manejar el lastre déjate llevar pero no cejes echarle una discreta lloradita a Poseidón, esto sin que los grumetes se percaten porque, se desmoralizarían; es recomendable en tal caso, también, cantar una saloma tal como hace uno al que conozco un poquito.

Lo de velas es, de mí parte, un sencillo recurso expresivo, yo nunca viví la navegación a vela, así que no puedo hablar de ella con propiedad pero, a motor, como ahora, da igual, inclusive porque si en tal situación tú fuerzas la cuestión y no tienes capacidad de achique y si no te afincas al timón con toda tu capacidad de ser flexible y, además, con determinación, te mojas sin remedio, así de simple, te mojas y en tanto ocurre tú pasas la película a millón, no en cámara lenta, y evocas esa de Aznavour que dice, "…c´ est fini, fini, fini finiiii / se acabó / se terminó / de un gran amor / el fin llegó…

Ah, y también, de paso, se te pueden manchar los pantalones de marrón [¡fo!].

Que "No hay ningún viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige" es una sentencia magnífica de Arthur Schopenhauer, notable decimonómico filósofo alemán y que no por tal, decimonómico, su citada concreta sentencia es impertinente sino, en contrario, perfecta para ser considerada estos días tempestuosos por los que mi patria atraviesa, sentencia que yo asumo íntegramente in memoriam de él, Schopenhauer, ateo también y quizá de eso devenga mi manifiesta empatía.

La libertad sin dirección es supina vacuidad, ¿cómo se puede alcanzar un objetivo si el camino es equivocado?; así que aunque el viento te dé en la cara es preciso sortear el asunto en el supuesto de que tú sepas donde estás plantado y qué buscas. Hemos de empujarnos a sí mismos hacia el socialismo bolivariano y no a las fauces del imperialismo chupasangre que merodea con su bocota abierta.

Por fortuna nosotros sabemos a que puerto vamos; vamos al socialismo bolivariano y que está trazado en el "Programa de la Patria 2013-2019" que es ley de la República; de tal manera que la ventolera que en forma de mil demonios desatados deliberadamente por el imperio voraz e insaciable contra la patria venezolana, no podrá hundirnos en un mar oscuro porque ostentamos la determinación de luchar y vencer, sí ya echamos de aquí al imperio español, ¿qué nos importa que otro imperio sea el que fuere, pretenda esclavizarnos si estamos resueltos a ser libres, independientes y soberanos?

Eh, ¡cuidadito!, que no somos un barco a la deriva y ni hundible y además contamos con nada más y nada menos que con un otrora copiloto de Chávez y ahora experto capitán, Maduro; y aunque llevemos de pasajeros a unos cuantos llorones, que no de lastre, por supuesto, y conforme a las leyes revolucionarias, hay que decirles, no obstante: "¡…manganzones y llorones, contad con la vida aun cuando seáis culpables…"







 



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Guillermo Guzmán


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