Mensaje de fin de año al presidente. Recordando la batalla de Ayacucho

Creo que al país hay que sacarle de esta crisis y, es más, confío en sus recursos, fuerzas y posibilidades. Pero sabiendo bien lo que somos y dónde estamos, se hace necesario abrir conversaciones y buscar acuerdos con todos los factores que pudieran y están en disposición de contribuir. No es momento para hacer exclusiones por sectarismo y amparados en definiciones estrechas, viejos discursos y esquemas, menos seguir operando como hemos venido haciendo, que la contundencia y gravedad de los hechos nos llaman a revisar. Por supuesto, los intereses del país deben sobreponerse, como también los derechos de los venezolanos todos y asegurar los avances sociales y políticos. Pero ha llegado el momento de entender que no podemos seguir dándole cabezazos a la pared y tomar como contrarios individuos, sectores, grupos y clases que caben bien en un proyecto nacional, antiimperialista y pertinente para reconstruir la economía y la vida del venezolano. Estamos obligados a estructurar una enorme fuerza unitaria alrededor de esas consignas y metas. No se trata solamente de llamar a unas elecciones presidenciales y acudir a ellas con un candidato y discurso que pudiera hasta entusiasmar multitudes por lo facilista y hasta empalagoso que hay en él y la división opositora pero que no apunta al fondo y no une fuerzas que debe unir, sino separa y fortalece las apetencias y estrategias del enemigo histórico. No es suficiente un discurso en lo formal, a lo interno y externo, antiimperialista, en veces hasta innecesariamente estridente, mientras en la práctica se favorece el avance de sus fuerzas y se contraen relaciones con demasiada ligereza que pudieran también comprometer el interés y futuro nacionales.

El presidente Maduro, el 9 de diciembre, acudió a la batalla de Ayacucho, para hacer un discurso destinado a influir en las elecciones municipales, particularmente en las de la alcaldía caraqueña, donde Eduardo Samán representaba una protesta pertinente al movimiento popular. Al respecto dijo, refiriéndose a la gesta del Mariscal cumanés, "aquella victoria, fue el resultado de la unión de los ejércitos de los países suramericanos, dejando constancia que sólo unidos somos invencibles…". Y hasta allí llegó. Obviando que la unidad, esa unidad, la que todo el mundo en el campo de la izquierda y más allá, donde hay venezolanos nacionalistas y patriotas, pudiera alcanzarse sin que nadie se sienta obligado a rendirse ni brindar apoyos incondicionales, como ser leal sin saber a qué, a quienes y por qué.

¿Pero cómo se construye la unión? ¿Ha hecho quien aquello dijo lo necesario para lograr esa unidad entre los venezolanos ganados para lo que dice defender? ¿Ella se construye sólo con discursos y otras cosas más, mientras en la práctica se hace lo contrario de lo que se dice? ¿Se une sólo para lo inmediato, en donde los espejitos sirven por lo engañoso, o para las cosas grandes y de gran alcance?

Ante tales interrogantes, hagámonos esta otra: ¿Cuáles son las causas de candidaturas como la de Samán? ¿Por qué el GPP está empequeñecido y hasta hecho añicos? ¿Está en verdad el presidente de acuerdo con eso de "sólo unidos somos invencibles"?

La unidad no sólo debe ser entre las pequeñas cúpulas que se hallan en el poder. Tampoco para excluir revolucionarios y hasta quienes pudieran no están dentro de esta definición como elitista porque, por razones fáciles de entender, no forman parte del partido dominante ni de los grupos sociales que se conciben como los "únicos" , aun siendo valiosos y pulcros, para hacer avanzar al país hacia la meta soñada por gente nacionalista, justa y visionaria.

Habría que estudiar los detalles de la gestión de Sucre y hasta de la batalla de Ayacucho. Porque tampoco aquello no fue sólo producto de un discurso elaborado para ganar una simple contienda electoral. El Mariscal de América siempre tuvo presente lo estratégico y claro quiénes debían estar allí por eso mismo. La unidad alrededor suyo congregada no fue para resolver un problema inmediato, salir airoso en una pequeña escaramuza, sino dejar aniquilada toda la fuerza imperial y colonialista del sur. Su concepto de unidad no era sólo asunto de reunir leales, teniendo como tales los amigos y dispuestos a callar cuando se debe hablar y hasta gritar para advertir de los peligros.

Pero también es asunto de saber operar en medio de la guerra para ganarla. Hubo un acontecimiento de la Guerra Federal, conocido como la batalla de Coplé, en los espacios del ahora Estado Guárico, donde las tropas del general Falcón, después de asesinado Zamora, reforzadas por más de tres mil combatientes de a caballo comandadas por el General Juan Antonio Sotillo, lo que las hizo superiores a las del enemigo bajo la conducción del General paecista León Febres Cordero, fueron derrotadas de manera humillante. Ante la superioridad de Falcón, Febres Cordero maniobró, como lo hizo Sucre antes en Ayacucho, para llevar a su rival al terreno que lo convenía. Por eso lo engañó y metió en Coplé, una zona cenagosa y a las orillas de una enorme laguna, donde la caballería de Sotillo no pudo entrar en combate. Allí no había espacio para ella, siendo el arma superior de los "Federales" de Falcón. La culpa de aquello, que pudo haber sido una victoria, fue la incapacidad de éste quien se dejó envolver por su rival. Allí a Coplé, llegó Falcón habiendo conseguido unir alrededor suyo a gran parte de las fuerzas de Zamora, como esas comandadas por el oriental Sotillo, pese la confusión generada por la misteriosa muerte del "Valiente Ciudadano" y "General de Hombres Libres".

El 9 de diciembre de 1824, en la Pampa de Quinua o Ayacucho, se dio la batalla que consolidó la libertad de Sur América del imperio español. Pero allí se llegó después de varios días de maniobrar, buscando el futuro Mariscal el sitio adecuado para enfrentar a un enemigo que le aventajaba en hombres y pertrechos. Movió su ejército cuanto pudo en marchas y contramarchas, lo que repitió casi cuarenta años después León Febres Cordero para llevar a las fuerzas rivales a Coplé y lo contrario que en ese mismo enfrentamiento hizo el "Federal" Juan Crisóstomo Falcón.

No era asunto tan simple como "soplar y hacer botellas. Con menos de cuatro mil hombres que el enemigo, aunque las condiciones políticas fuesen las mejores, no podía el futuro Mariscal dar la pelea en cualquier parte. No bastaba pensar estamos unidos y eso es suficiente. El enemigo también lo estaba y era numeroso. Pero el cumanés pudo derrotarlo por su genio y pericia militar. Y esto no se da en todas partes. Es más, no es suficiente que uno crea tener esas cualidades.

Pero la unidad no se logra manipulando al pueblo, exigiendo "lealtad" ciega e incondicional y menos declarándola, al mismo estilo que se decretan unos "Precios Acordados". Por lo mismo de los precios, la unidad de antes no es la misma. Se resquebraja el frente popular cada día. ¿Cómo lograr la unidad sin extender la mano fraterna, sentirse igual, escuchar y permitir la opinión de los demás? ¿Cómo pretender que la izquierda y el movimiento popular venezolano no se sientan inconformes si un sector secuestra la opinión y el derecho de todos? ¿Cómo llamar a la unidad y esperar que ese llamado tenga éxito después de haber arreglado todo en un conciliábulo o encierro entre pocos leales? ¿Cómo ignorar la gran tragedia que envuelve a la nación y a los venezolanos, en todos los órdenes, particularmente a los humildes a quien el gobierno cree privilegiar?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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