Ahora, el casabe, como a Maduro, me sabe a nada. ¡También la navidad!

-"Llévate esta torta de casabe porque en Caracas será difícil que de él halles".

Eso me dijo mi madre, allá por 1956, cuando me fui para Caracas a estudiar el 5t° año de bachillerato que fue en el recién creado Liceo Carlos Soublette, ubicado en San Bernardino, en la pata del Ávila, ese majestuoso cerro ahora llamado, o vuelto a llamar como al principio, Guarairarepano. Nació allí con cuarto y quinto año como resultado del cierre del Fermín Toro, ese que queda frente las escalinatas del Calvario, medida tomada por la dictadura de Pérez Jiménez porque los muchachos de esa institución vivían todo el día protestando contra ella. ¡Y cómo le jodían la vida al hijo de Michelena! Pues de allí a Miraflores no hay mucho trecho.

En efecto, en los distintos espacios y casas donde viví por años, no muchos tampoco, en Caracas, un determinismo impuesto por la vida nacional de entonces, no se comía casabe. La cultura caraqueña de esa época decía como ahora el presidente, que el "casabe a nada sabe". Por oír aquello y como por venganza, me percaté de algo que antes había pasado desapercibido, que el pan tampoco "sabe a nada", si juzgo con el mismo criterio, salvo le echen mantequilla con sal, le embadurnen de dulce o se le sumerja en el café con leche endulzado.

Esa afirmación sobre el casabe, pese los enormes valores que tiene este alimento, además originario de América, como ya dije, solía oírla mucho en Caracas y no le daba importancia. Al escuchar a alguien pronunciarla solo me provocaba reír, de la misma manera cuando escucho una cosa necia. Pero una vez, "Ultimas Noticias", ese diario que extraoficialmente se le llamó "el del pueblo caraqueño", pese sus dueños de entonces, los Capriles y redactores y directores como Rafael Poleo, estando bajo la dirección ya de Eleazar Díaz Rangel, tituló muy grande con aquella infamante y desagradable expresión de "me sabe a casabe". Por oriental, comedor de casabe desde el catre, maestro de escuela, aquello me indignó; está bien que la gente lo diga en privado, en pequeños grupos de amigos como un chiste, pero no, por ejemplo, un maestro lo diga en el aula a sus alumnos, un periodista use un titular enorme para decir eso y mucho menos de manera reiterada lo diga el presidente de un país, donde la mitad come casabe, y es bastante bueno que lo coma, a través de los medios y lo que es más, suele decirlo Maduro cuando está disgustado.

http://deeligiodamas.blogspot.com/2015/10/presidente-maduro-coma-casabe-le-haria.html

https://www.aporrea.org/actualidad/a57578.html

Pero mi rabia fue mayor cuando la escuché por primera vez en boca del presidente Maduro, quien no pierde la oportunidad de pronunciarla sin medir el significado de lo que dice y la descalificación de ese sustantivo alimento originario. Lo dice así como si nada, de la misma manera que sugiere que su color, moreno como el de la mayoría de nosotros, también lo soy, o para mejor decirlo, tal como lo hacemos en oriente, trigueño, es superior al de los blancos. Con lo que envía un triste, por decir lo menos, mensaje racista. Lo hace acompañado de un gesto muy habitual antes entre los venezolanos de antes y muy peyorativo, sobándose con una mano el punto de unión de la otra con el antebrazo.

Por esas descalificaciones del presidente contra el casabe, que lo son graves viniendo de un funcionario de tan alto nivel y cuya palabra adquiere ante muchos el valor de la verdad, escribí también como la primera vez unos dos artículos. Al final tuve que conformarme con seguir oyendo aquello en boca de quien no debiera decirlo porque lo que representa y el peso de su mensaje, sobre todo al referirse tan despectivamente a un alimento que, como ya he dicho y es por demás conocido, pertenece a nuestra cultura originaria, de alto valor nutritivo y superior a otros como el pan. Tengo la impresión que el presidente en muchas circunstancias pareciera no tener exacta dimensión de la responsabilidad que el cargo implica y que por eso le está vedado hablar en público como, por razones culturales, costumbres y el convivir con la gente sencilla, a cualquiera le está permitido.

A mí el casabe me sabe. No tiene un sabor denso, abrasante porque su finalidad justamente es acompañar la comida y por ella no puede distraer las papilas gustativas. Es en eso como el pan. A este se le prepara agregándole azúcar, sal, aceite, otras grasas y gluten. Claro en pocas cantidades porque tiene el mismo fin del casabe. Tanto que para comerlo solo, sin el acompañamiento de la comida, se hacen panes dulces a los cuales se le agrega en demasía lo que ya el trae. Pero por esos componentes, el pan es poco recomendable en los hipertensos, diabéticos, no resistentes al gluten y quienes tengan tendencia a la obesidad, como el propio presidente. Por eso, para comerle sólo, a quienes el pan tampoco "le sabe a nada", suelen preparar distintas formas de pan dulce. Por cierto, tan atractiva forma, muy del gusto de los niños y los obesos, se ha impuesto más cuando "desaparece" o escasea la harina.

Por supuesto, por las mismas razones el venezolano ha creado el casabe con dulce, en unos casos llamado naiboa y en otros "chorreao".

Pero originalmente la forma de comer casabe, ese que según "no sabe a nada", quizás porque no tiene los componentes del pan que suelen ser nocivos para muchas personas, como que no tiene sal agregada, gluten ni grasa, pero sí muchos minerales e hidratos de carbono y alto contenido de fibras.

No obstante esa creencia caraqueña, como ya dijimos, a los comedores de casabe si nos sabe; le sabemos detectar el agradable y discreto sabor que debe tener siendo un acompañante de la comida que además produce mucha energía. Pero últimamente, el casabe ha comenzado, como dice Maduro, a no sabernos a nada. Pero no porque haya perdido su sabor, ese que pudiera escondérsele a muchos, sino porque se nos ha vuelto incomprable. Unas dos semanas atrás, ya la torta de casabe rondaba los veinte mil bolívares y cosa extraña, pareciera escasear. Con ese precio, el casabe, por distintas razones, como que una sola persona se puede comer un cuarto de torta "en una sola sentá", se le vuelve demasiado costoso, tanto como una exquisitez, al venezolano que toda la vida lo ha usado como acompañante en la mesa. De repente, sería bueno que el presidente averigüe, pese al casabe fobia le tenga, pero eso está en su competencia, como gran parte de las especies marinas, se lo pudieran estar llevando los chinos y dejándonos sin comer. Porque, Dios es justo; para elaborarlo, nunca se ha necesitado dólares.

Entonces el casabe, a nosotros que lo hemos comido toda la vida y si nos sabe, se nos volverá extraño y quizás, algún día, en una conversación, alguna de mis nietas, me pregunte:

¿Abuelo a qué sabe el casabe?

Y me quedaré pensando, buscando en el oscuro tiempo.

O algún viejo amigo, carupanero o cumanés como yo, en el grupo pregunte, ¿alguno de ustedes se acuerda a qué sabe el casabe?

A lo pudiéramos responder : ¿Uuuuuuuufffff!

¿Y la navidad?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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