¡Cuánto control y cuánto amor tiene que haber en Venezuela!

Estamos viviendo, como dice Rubén Blades, un cáncer que no se puede curar. Vemos como el país ha sido abusado, herido, maltratado y entregado a quienes han visto de nuestro país un negocio para sus intereses personales, o abandonado como vulgar ladrón; nos han robado los enemigos de la patria hasta nuestra identidad, porque hasta un billete nuestro lo tenemos que comprar. Como dijo el gran visionario Bolívar: si no fundimos la masa de un pueblo en un todo, si no fundimos el espíritu nacional en un todo, la república será un caos y una anarquía. Chávez nos alertó de estas desgracias en las que podía sucumbir el país cuando pronunció aquel discurso ante la Asamblea Nacional: "Pobre de aquellos ciegos que no ven, pobre de aquellos insensibles que no sienten, pobre de aquellos sordos que no oyen el clamor y el rumor de un pueblo que llueve, que truena, que relampaguea buscando construir una nueva Patria...". La mayoría de los venezolanos votamos por un cambio radical en 1998 por la propuesta del comandante Chávez, cansados de los gobiernos puntofijistas que invisibilizaron durante casi medio siglo al pueblo venezolano; luego por el presidente obrero Maduro para dar continuidad al proyecto socialista que aún no se consolida.

Es triste ver como la confrontación por la ambición del poder del sector empresarial, de los líderes de la oposición; la capacidad de respuesta del partido de gobierno a la crisis en que nos sumergieron los anteriores; la falta de soluciones concretas por parte de la ANC; la ineficiencia del gobierno de evitar que caigamos en el caos y en la anarquía; la falta de amor por un pueblo al que someten todos al desequilibrio psicológico, emocional e ideológico, producto de la guerra mediática que utiliza el miedo como arma para generar zozobra; pero también como resultado de la realidad cotidiana y ésta es innegable, como: falta de alimentos, inseguridad económica y personal, sensación de desgobierno, factores éstos que pueden generar una implosión social y política, donde los verdaderos responsables nunca asumirán sus consecuencias. Todo esto no deja de causar asombro, porque es lo que está marcando. Nos asombramos porque somos ignorantes y conquistar la ignorancia no es una tarea fácil. El asombro es la puerta del conocimiento. En este sentido, ignoro ¡Cuánto control y cuánto amor tiene que haber en Venezuela para enfrentar a la desgracia! Es una adversidad más que indescriptible, insoportable que en términos cualitativos y cuantitativos es inmedible e indeterminada.

Hay empresas transnacionales y nacionales que tienen el monopolio de la producción y distribución de alimentos, medicamentos y servicios que violan todos los días los Derechos Humanos a los venezolanos, negándoles el acceso oportuno a éstos en función de sus necesidades. Es más rentable ofrecerlos a otros países o pasarlos por los caminos verdes para la frontera con la venia de los uniformados. Los intermediarios de los productores del campo pasan los rubros agrícolas hacia el otro lado porque el cambio de la moneda les resulta más lucrativo, por eso el alto costo de nuestros productos. No consumimos el mejor plátano que hemos cosechado, sino lo peor de la siembra y a un alto costo. Los carniceros dicen que no hay carne para la venta, pero extrañamente venden otros derivados de la res como la pata o la lengua, nos dejan lo malo y el lomito para fuera. Algunos profesionales del volante se quejan del alto costo de los repuestos para sus unidades y han paralizado el transporte en las rutas urbanas, pero para las rutas extraurbanas movilizan el vehículo porque les produce más rentabilidad. Mientras tanto ni los alcaldes, ni gobernadores, ni los cuerpos de seguridad, ni los organismos públicos del Estado de estas zonas ganaderas, agroalimentarias y fronterizas —en su mayoría rojitos— no establecen mecanismos de control, ni sanciones, ni retribución de estos daños al pueblo venezolano, máxime si están en desacato. Paralelo a este tipo de agresiones va implícita una guerra mediática que fortalece y potencia el accionar diario de esta operación encubierta promovida por la oposición, pero este gobierno permisivo permite flagrantemente que los medios de comunicación privados desinformen para generar una opinión pública desfavorable al proyecto bolivariano; en tanto que los del Estado se limitan a informar el país de las maravillas y no a informar para el análisis, el debate, la crítica, enfrentar las dos caras de la moneda, por el contrario elimina programas que han servido para la batalla de las ideas y la concientización, por hacer críticas. Un proceso socialista que no luche contra la explotación capitalista y no imponga controles, sanciones y medidas económicas puntuales y contundentes en pro de la defensa del pueblo, se quedó solo en la palabra y seguirá siendo aliado de los grupos capitalistas como Cisneros, Empresas Polar, Protinal, de los grandes laboratorios, en fin; y su competencia, será seguir respetando sus intereses en detrimento de la clase vulnerable. Un gobierno que llama al respeto, al diálogo y a la paz a la oposición, pero le causa prurito las críticas que hacen los revolucionarios y los agrede, descalifica y excluye, está sumergido en una cápsula y denota su poca capacidad de asumir los errores.

¿En qué momento se perdió el control y el amor por el país? El respeto y la solidaridad hacia tu hermano, hacia tu país pasaron a un segundo plano. Venezuela, como cada familia, necesita de amor y control, sembrando el primero podemos llegar al segundo. En función de ello, se requiere con urgencia de líderes con profunda moral y ética, que impongan el deber social por la ansiedad materialista. Es necesario que el gobierno retome al movimiento obrero y revolucionario, los campesinos, estudiantes y cultores, al pueblo organizado para que den acciones ejemplares, medir su correlación de fuerza, caracterizar el momento histórico. Desde esta perspectiva, el socialismo con amor y al mismo tiempo con control se concreta en la misma medida que se desarrolle una lucha de clases donde el papel de estas fuerzas no puede ser defensivo, reactivo o de subordinación, sino de voluntad política en querer transformar todo lo que deba ser transformado, con una profunda sensibilidad social. El amor transforma y Venezuela urge mutar del salvajismo que le inyectaron, con el concurso de todos. Solo espera por ti.



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Esmeralda García Ramírez

Licenciada en Administración Articulista

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