Así estará la vaina que José Vicente Rangel estalló. “El costo de la vida es insoportable, imposible callarlo”

No creo que Rangel haya dado un vuelco estratégico. Sigue siendo el mismo hombre de siempre. Aquel que en las dificultades, viendo a mucho político de buena fe cometiendo disparates, en aquellos tiempos de cuando el Puntofijismo llegó al poder, optó jugársela en defensa de los derechos humanos y contra los abusos de los gobernantes. Fue muy destacado su rol, tanto que rompió con las clases dominantes y los partidos y políticos que a ellas sirvieron. Asumió, sin ambages, una posición claramente antiimperialista y todo eso tiene un alto costo en América Latina y sobre todo en la codiciada Venezuela. Aquel desempeño tuvo su recompensa. Ello le volvió en buena medida una referencia importante en toda la izquierda. Por ello, más de una vez, se produjeron milagros como que ese universo en exceso dividido y hasta indispuesto entre sus integrantes, llegó milagrosamente a ponerse de acuerdo y hacerle su candidato presidencial. Aquel mundo habitado por díscolos, capacitados o predispuestos a dividirse o desunirse por una coma puesta en un sitio donde no todos coincidían debía ir, pudo experimentar el milagro que el acucioso y arriesgado periodista más de una vez lo uniese, aun cuando fuese sólo por momentos.

Por eso cada díscolo, de aquel universo de ellos, formados en grupos pequeños que vivían en permanente agitación, divisiones y subdivisiones y hasta como partículas aisladas por millares, no ocultaba su afecto, respeto y hasta agradecimiento a Rangel. Aunque entre millares de ellos era frecuente juzgarlo como un "simple pequeño burgués" o un "demócrata liberal y cuando más progresista", de muy buen vestir, hábitos, poses refinadas, como estudiadas y hasta gustos como el mostrarse admirador del buen arte, lo que le hacía parecer muy alejado de la imagen del revolucionario que aquellos inconformes por una razón puramente "ideológica" se habían forjado, no obstante predominó siempre afecto, respeto y hasta disposición a solidarizarse con él. Sobre todo aquello era más abundante entre las bases; cuando su candidatura no contó con todo el apoyo de la dispersa izquierda, ocurrió porque algún dirigente, como Teodoro Petkof, sobrepuso sus intereses de figuración o indisposición personal contra Rangel.

Es bastante conocida la estrecha relación que Rangel tuvo con Luis Miquilena. Los dos encabezaron una fracción dentro de URD, distinta aquella de la izquierda que lideró José "Cheíto" Herrera Oropeza y de la cual formó parte Víctor José Ochoa y casi toda la fracción juvenil de ese partido. Quizás, por esa relación que se prolongó por años, aparecen juntos, años más tarde, después del "Caracazo" y el alzamiento de Chávez del 4F, entre quienes apoyan la candidatura de barinés. Los dos establecieron relaciones íntimas con el comandante, tanto que Miquilena fue presidente de la ANC, luego Ministro de mayor importancia en el gabinete y hasta jefe casi absoluto del MVR, el entonces partido de los chavistas. Rangel fue su vicepresidente, Canciller y el primer y hasta ahora único civil en ocupar en Venezuela el ministerio de la defensa.

Como es conocido, el golpe de abril del 2002, desató los demonios en Venezuela y produjo un estremecimiento entre los bloques de clase que se enfrentaban por mantener el poder. De aquello, resultó que el jefe del partido de gobierno, el mismo personaje a quien el presidente, al mismo que intentaron tumbar, solía llamarle "mi padre", por los apoyos que le había sumado, en medio de la crisis se solidarizó con los golpistas y se hizo eco de las mentiras dichas contra el gobierno para justificar el golpe. En esos días, o pocos después, siendo José Vicente Canciller, se hallaba de gira por Europa. El presidente Chávez, no sé sí como cosa suya o por influencia de algún adulante y mal político, dio unas declaraciones descaradamente contra Rangel y como con la intención de obligarlo a irse de "aquel momento revolucionario".

Usó Chávez entonces una frase que no recuerdo con exactitud, pero si destinada a descalificar a quienes en el Congreso de la República habían votado de manera que no se aprobase una condena contra Carlos Andrés Pérez por aquel asunto del barco "Sierra Nevada". En sí, calificó mal aquella posición y hasta enjuició a quienes desde la izquierda en bloque votaron de la manera como lo hicieron. No sólo votó así José Vicente, sino que también lo hicieron el MIR y el PCV. Aquel extraño arranque de Chávez, pese los posteriores sucesos del golpe y el rol de José Vicente ante ellos, quizás incitado por un gnomo maligno lleno de rencor contra Miquilena y todos aquellos que estuvieron cerca de él.

Pero hay algo más que hasta extraño hace aquel proceder y más maligno gnomo. Aquel voto de la izquierda, que como ya dijimos no fue sólo de Rangel, se justificó en la política internacional del gobierno de Pérez, combatida dentro de su propio partido, que buscaba integrar a Cuba al espacio latinoamericano y de alguna manera romper el cerco del cual era víctima la isla y nación antillana.

José Vicente regresó al país y cuando alguno de nosotros esperaba respondiese por lo menos incómodo ante aquel indelicado e injusto tratamiento, optó por callar y hasta ignorar aquello y halló la manera de estrechar más sus vínculos con el presidente.

De allí en adelante, como desde el mismo momento cuando un domingo, al final de su programa, llamó a votar por la candidatura de Chávez y toda la derecha se unía contra ella, José Vicente se ha mostrado solidario con el gobierno, en función de algo que muchos pensadores, no enchufados ni comerciantes de camisa roja y presuntamente rodilla en tierra, valoran altamente; el combate contra las fuerzas imperiales, las aspiraciones del capitalismo mundial, para los cuales Venezuela es una presa codiciada y en favor del deseo de justicia; una donde las fuerzas productivas se desaten y los hombres produzcan riquezas e intercambien beneficios en el mejor de los equilibrios.

Por lo anterior, quizás como exagerando demasiado, José Vicente se ha mostrado como demasiado leal al gobierno y muy pacato o demasiado discreto, al momento o cuando tiene la obligación de hacer sus críticas para, haciendo sentir el peso de su opinión, contribuya a que quienes gobiernan tomen justas y oportunas decisiones.

Pero todo tiene un límite. O no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, dice la lengua popular. Es tanto el malestar al que está sometido el venezolano, no sólo en lo que a los alimentos, medicina, servicio, etc., se trata, sino en lo referente a la moral colectiva, impunidad, dejar hacer escandaloso, como si gobierno no hubiese, sino estuviésemos, no en la selva, que en fin de cuentas allí hay sus límites, sino en un espacio donde sólo la ley o norma de los malvados prevalece, que hasta el comedido José Vicente se ha visto obligado a estallar y por lo menos decir "el costo de la vida es insoportable e imposible callarlo". Hasta él, quien no debe pasar las tribulaciones de un maestro de escuela, un albañil, artesano, etc., no sintió eso que Quijote llamó "el malestar de las tripas", pero si está escuchando el rumor y llanto que pudieran estallar en gritería y acción entre la multitud oprimida.

Esa expresión de José Vicente, un reclamo y queja no habitual, debería ser una campanada para quienes creen que sólo pañitos calientes y campañas electorales para elegir jefecitos, son suficientes para acallar el ruido que viene de allá de las cabeceras del río.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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