Delcy, apúrate que no aguanto más…

Delcy Eloína Rodríguez Gómez. Tremendo nombre, para tremenda mujer. Forma parte de una familia con historia. Pienso que Jorge Rodríguez, padre, debe estar muy cerca del chivudo riendo a carcajadas no sólo de emoción sino de satisfacción por haber sembrado en la tierra venezolana a dos semillas que han germinado para continuar la historia. Saben una cosa, Delcy heroína, como la llama María León, se parece a José Altuve, la estrella de los Astros de Houston. Este año el diminuto pelotero no ha dejado chance para nadie. Se alzó con casi todos los premios en las grandes ligas y la liga venezolana. Así es Delcy. Diminuta, pero con guáramos. Brilló como Canciller y está brillando como presidenta de la ANC. Es temible esta joven mujer. Recuerdo la cara de los 4 gobernadores adecos que aceptaron pararse al frente de ella para su juramentación. Estaban chorreados. Temblaban de miedo. Las caras no pudieron ocultar el temor al poderío de la joven mandamás.

Delcy, es una "pico de loro". Igual que su hermano. Cuando sueltan la lengua vomitan verdades. Poseen una mente rápida y sólida. Casi nunca titubean. En el caso de la presidenta de la ANC, está llamada a brillar por lo menos durante dos años. Esa es la mujer a la que le huye la tempestad. Por eso los venezolanos y venezolanas chavistas ven en ella una Juana, la avanzadora. Todos y todas esperan que ella se apriete los pantalones y, junto a los 545 constituyentes, metan en cintura a los productores comerciantes hambreadores… Una pausa para echarle un cuentico a nuestra "mujer maravilla". Mire, doctora, tradicionalmente en diciembre las utilidades las dejábamos para comprar la ropita, los zaticos y alguna comida navideña. Eso pasaba antes. Pero los tiempos han cambiado. Mi señora esposa y quien osa echarle cuentos que usted sabe de sobra, hicimos una listica de unos 10 productos para adquirirlos con las utilidades de ambos. Inicialmente los costos se elevaban a 4 millones de bolívares, pero eso no sirvió para nada. Los mismos producticos ahora cuestan más de siete millones… No arrugue la cara, estimada presidenta. Eso que le cuento es la pura verdad. Yo no suelo mentir. Sabe una cosa: una caja de Losartan o de Amlopidina, o de captopril, cuestan unos 100 mil bolívares. Óigalo bien: una caja de 10 pastillas. Y le cuento que mi casa parece un hospital. ¡Cómo le queda el ojo!

Usted, claro está no es la culpable de este cuadro tétrico. Tampoco lo es nuestro presidente Nicolás Maduro. Todos sabemos quiénes son es el culpables. Pero hay que apurarse sino queremos que nos lleve diablo. Mire, doctora Delcy, yo me plantee al frente del televisor para ver la aprobación de la Ley de Precios Acordados. Mi atención era máxima. La esperanza se me elevó a un nivel descomunal. "Ahora sí se jodieron", me dije para mis adentros. Fue cuando usted habló y dijo: aprobaremos seis artículos de la ley y el resto quedará para el próximo jueves". "¡Carajo, que vaina es esta!", grité. Mi mujer vociferó: "Oye, que te pasa… me asustaste". El caso doctora, es que entre lectura y lectura. Entre discurso y discurso, se fue más o menos una hora. Y sabe usted ¿cuánto tiempo se invirtió en aprobar los seis artículos? 10 piches minutos. Eran las seis y media del anochecer del día martes 14 de noviembre de 2017. ¿Por qué no se aprobó la ley ese día? ¿Tenía usted algún compromiso previo? ¿Estaban cansados los constituyentitas?

Usted es la jefa. Es la que manda. Sus razones tendría para dejar la aprobación de la referida ley para el día jueves. Pero le digo una cosa, estimada presidenta, sin que me queda nada por dentro, el pueblo chavista y no chavista está chillando y vociferando palabrotas. Hay aguante que jode (perdón por la palabra) en el chavista. Ese chavista que lleva incrustado en su corazón a la imagen del Gigante, del eterno Comandante, Hugo Chávez, pero el abuso tiene un límite. Usted lo sabe, mejor que yo. Tan sólo se ha aprobado una ley de las 8 que introdujo el presidente Maduro en el seno de la ANC. Sería bueno, digo yo, acá revolcándome en mi charco de ignorancia, que se bueno apretar un poco el acelerador. O sea, darse una apuradita, pues, yo estoy que me muero de tanta enfermedad, pero sobre todo de tanta lentitud. Doctora, sino me mata el cáncer me mata el hambre. Y hablando de hambre: yo saque mi carnet de la patria. Lo guardo como un tesoro junto a mis documentos. Y usted no lo va a creer: no sé cómo es una caja de Clap. Y sabe que, mucho menos he oído el tilín en mi teléfono deseándome felices navidades… por haber sido agraciado con el bono de los 500 machacantes. ¿Qué cosa, no? Me quejo, presidenta Delcy Eloína Rodríguez Gómez, porque quejarse no ha sido prohibido, aunque algunos dirigentes piensan que hasta el quejarse debe ser abolido del lenguaje del chavista… ¿Usted que es bien ilustrada que piensa?



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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