El llamado voto manual

“De filósofo y letrado, anda

mucho asno disfrazado”

Beaumarchais

Cuando se tiene que hablar de la estupidez humana, lo primero que uno piensa es comparar al hombre con el animal, el bruto, i especialmente el asno o jumento, i entre nosotros más común, el burro. Según el humorista Rius, ninguna Sociedad Protectora de Animales en el mundo, se ha preocupado por defender a este manso animal de que se le haya tomado como símbolo de la ignorancia; se dice que nunca ha tocado la flauta a no ser de milagro i en las escuelas en la primera mitad del siglo pasado i hasta después, cuando un alumno era mui bruto i travieso, se le colocaba en un rincón del aula, con unas grandes orejas de burro. Sin embargo este autor, para no extenderse mucho dice de una vez que, el caballo es más bruto que el burro, pues este para que no lo hagan trabajar demás, se hace el tonto, i fuera de tirar una pequeña carreta, un carrito de helados o cepillados o algunas alforjas i cajones a los costados, no hace más nada, mientras a los caballos los explota el capitalismo: los utilizan en las batallas, hipódromos, circos, corridas de todo, exhibiciones como los célebres de Viena i otros penosos trabajos casi sin descanso. Además, entre los mismos burros, el de panadería está más cuidado, limpio i come bien; pero el “marginado”, el excluido, hasta cierto punto es más feliz, pues como le decía uno al otro en una conversación casual, mientras el citadino era soltero, el otro decía: yo no tengo casi nada, pero de la alcabala para allá, es mucho el pollino que me pide la bendición.

De modo que no quiero ofender a los burros, sino a los caballos, especialmente cuando se dedican a la política o son de mala calidad i los dedican a carne para el mercado. O el llamado percherón, para los más rudos trabajos. Es mucho el caballo-político, disfrazado de filósofo i letrado. Especialmente ahora, los “analistas políticos” título silvestre en estos tiempos, que se atribuyen en las televisoras, los periodistas más mediocres i lacayos. Si les revisamos sus bibliotecas (los que las puedan tener, a no ser un armario pequeño) no encontramos ningún texto serio de política, de capitalismo, de marxismo, de historia o de filosofía i casi siempre sí, el libro que está en todas las gavetas de las mesas de noche de los hoteles i que nadie se la roba: la Biblia, o la Antología del Disparate. Por eso cuando esos políticos “de partido” se reúnen i dicen alguna estupidez que les parece brillante, la expresión más común es ¡Ahí, mi caballo! ¡Arre caballo mío! …i ahora ¡Arre, mi voto manual!

Por eso, cuando en pleno siglo XXI, cuando estamos en plenitud de avances científicos i tecnológicos; cuando el mundo es otro que ni imaginaron nuestros abuelos ni nuestros padres ya desaparecidos, i vivimos la era de la cibernética, la informática, el portento digital i se ha podido retratar la Tierra a 165.000 millones de kilómetros para verla como un “punto azul pálido” (Sagan) i si recordamos lo que se ha llamado el “reloj de la cultura” i vemos que vertiginoso i maravilloso avance ha tenido la humanidad en la ciencia i el desarrollo de la civilización, resulta increíble que todavía haya personas que puedan competir con los caballos, o como aquellas que citaba en Londres, Bertrand Russell, de los partidarios de la Tierra Plana, o que el viaje a la luna, también redonda, eran trucos de cine. Por eso, sobre todo lo que percibimos la gente común, con los adelantos científicos en medicina: electrocardiógrafos, tomografía, resonancia magnética, marcadores tumorales, etc., para citar mui pocas maravillas. En la vida diaria los increíbles electrodomésticos, en fotografía, cine, astronomía, vuelos espaciales, radio, televisión, teléfonos celulares que solamente les falta atender al llamado del dueño para encontrarlo; automóviles, aviones, trasbordadores, etc. I sobre todo, lo que significa para muchos las computadoras de todas clases, Internet, máquinas electrónicas para todo, lo que ha facilitado a los Bancos, las Empresas, los Laboratorios i hasta los hogares, ir cambiando radicalmente el modo de vivir o la calidad de la vida, es asombroso. Ya por Internet hacemos casi todo lo que tendríamos que hacer en un banco, en una empresa, en una oficina de correos, etc. i muchas de las cosas que ayer no más nos parecieron prodigiosas, cada día se van superando en tiempo brevísimo. Los deportes, las carreras de automóviles, las de motos, de lanchas, o carreras olímpicas, etc., a veces se da un ganador por milésimas de segundo. El microcosmo i el macrocosmo, van cada día entregando más secretos i terminaremos por descubrir otras formas de vida en el cosmos. El futuro es impredecible. Sin embargo, mentes de caballo, siguen mirando al pasado, a un ayer que no regresará jamás. I ese es el problema “epistemológico” de los políticos que no estudian i que no hallan la manera de resolver el problema de ganar elecciones sin pueblo, i lógicamente sin votos. Seguro que si revisamos sus bibliotecas, son pobres armarios o grandes bibliotecas de lujo (por el color de los lomos de los libros) sin leer, sin subrayas, sin marcar páginas, sin hacer fichas, pero eso sí, con una gran audacia los dueños, para opinar o querer “sentar” cátedra. Ahora casi todo es automatizado, hasta el abrir las puertas, o sacar dinero de cajeros automáticos o condones en las máquinas expendedoras en los parques. Las vi por primera vez hace más de treinta años en Copenhague en Dinamarca.

Sin embargo, cuando ya se ha establecido el sistema automatizado de votación, eficiente, rápido, transparente que ha sido revisado, aprobado por empresas competentes en informática, por observadores internacionales, escuchado opiniones de peritos i científicos i experimentado la satisfacción de resultados mui rápidos, sin intervención de la mano del hombre, a no ser para el manejo de los tableros computarizados; a pesar que matemática i lógicamente se ha asentado que no se pueden modificar los sistemas i sus resultados; a pesar de cómo se eligió el CNE i todas las revisiones i objeciones posibles, ya corregidas al RE; a pesar de saber lo mismo de la tecnología de las captahuellas, que no violan el secreto del voto en absoluto, que impiden repetir el sufragio i que aligera conseguir el sitio o mesa de votación, nos llega a muchos por Internet una proposición absurda i fuera de lugar en plena campaña electoral con candidatos aceptados, lo que implica aceptación de las reglas de proceso electoral. Como un gran descubrimiento o brillante hallazgo social, un correo electrónico (o e-mail como prefieren los pitiyanquis) que dice: “Nuestro candidato se llama el “VOTO MANUAL” ( i sin coma alguna i mala sintaxis sigue) vamos a crear una matriz de opinión tan grande, tan grande, que al C.N.E., o al que pongan (¿?), no le quedará otro remedio que aceptar al “VOTO MANUAL” . A partir de hoy el tema de conversación será el “VOTO MANUAL” Este es el “estupendo mensaje que al final piden se difunda en cadena, después de insistir en ponerlo en todos los vehículos posibles, en el trabajo, en las paradas, en el estadio, en el vecino, entre novios, en universidades, liceos, en todos lados, faltándoles solamente en los sanitarios públicos donde se encuentran tantos mensajes raros. Igualmente en “graffiti” i el redactor o redactora de este ridículo mensaje, se mandó a hacer una franela, con “VOTO MANUAL”, diciendo además se habla venezolano, gocho, guaro, etc. Es decir, donde vayamos o miremos, encontraremos el “brillante i talentoso mensaje” que bien podría parodiarse así: Bancos i Empresas o Comercios, no empleen computadoras; son manipulables; exijan los viejos libros, tintas i sellos, i un taloncito de papel para sus operaciones bancarias, comerciales, etc. Allí “tenéis las Máquinas de escribir Royal o Remintong i las expertas mecanógrafas. No se les ocurra usar una computadora. Tampoco una calculadora digital, puede estar “puyada” para que la cuentas salgan mal; use un ábaco o una libretita barata i un lápiz cualquiera, desconfíe de los de marca como Mongol i otros. Olvídese de los cajeros automáticos, pues pueden estar programados para robarlo: usted pide una cantidad, se la entregan, pero el banco se queda con el doble i usted ni cuenta se da cuando se le acaba el dinero. No use correo electrónico, volvamos a los inolvidables telegramas, radiogramas o cartas con estampillas o llevadas por alguna persona de confianza, asi tarde meses en llegar. Sea precavido e inteligente. Jamás confíe de un teléfono celular; le están espiando sus conversaciones, fotografiándolo para comprometerlo o quitarle la novia o burlarse de la esposa mofletuda. Debería volverse a los teléfonos de pared, accionados por una manilla, porque así a pocas personas le dan ganas de utilizarlo i en cuanto a relojes, no confíe en los de pilas sino en los de cuerda, siempre chequeándolo con el de la catedral si es que existe. En fin, son tantas las cosas buenas del pasado (recuerde aquello de que “todo pasado fue mejor”) i rechace esos esperpentos que son las máquinas electrónicas de votación porque, la cantidad de genios que tenemos en esos campos de la informática, ya las tienen todas arregladas para darle 10 millones de votos al presidente Chávez, pese a que por ejemplo, Rosales i su Negra, van a gobernar i favorecer a 26 millones de venezolanos, incluyendo a Chávez, su gabinete i todos sus rojos seguidores. Por eso nada mejor que el VOTO MANUAL, en el cual durante más de 40 años, adecos i copeyanos fueron insignes maestros para cambiar papeletas, tarjetas, tarjetones i complementar con la maravillosa i transparente ACTA MATA VOTOS. Jamás en la historia de ningún país del mundo se habían realizado mejor las trampas electorales, con un papelero a escoger en cajas de cartón, donde se “botaban” muchas voluntades, que se iban a su casa contentos creyendo que realmente “votaban”. Con razón las llamaban “urnas electorales”, pues en ellas quedaba enterrada la voluntad del pueblo. Que ahora con más electores por razones demográficas, obviamente que la “desaparición de votos sería mayor; el conteo más fraudulento, i los resultados más tardíos, i con graves irregularidades i trampas como las vimos recientemente en las atrasadas, oscuras i malintencionadas “jornadas electorales” de Colombia, Perú i sobre todo México, donde han impuesto o quieren imponer un presidente que según los mismos depredadores electorales, ganó no por una nariz, sino por un ”aliento o suspiro”, menos de una unidad numérica. Eso sería imposible con nuestro avanzado, seguro, transparente i tecnológico sistema, de los mejores i más vigilables del mundo; por eso no tienen otra cosa que decir sino la forma anticuada falsa, corrupta i sin argumentos que la avalen, como clamar por EL VOTO MANUAL. I por cierto que pidiendo excusas al género equino, deseo aclarar que hai caballos inteligentes, verdaderos campeones de pistas, artistas de fino espectáculos, de razas mui puras i seleccionadas genéticamente para las más felices i meritorias actividades productivas i reproductivas, que no merecen el calificativo de brutos. Por eso algunos padrillos valen millones. A los que les sale mejor el bruto, son a los políticos que siendo caballos de carne, se disfrazan de filósofos i letrados, i por ello pagan los asnos, los jumentos o los burros. Son opuestos a todo progreso científico i eso está consignado en la Historia Universal. A ninguno de estos “políticos” se les ocurriría conversar con un burro, como Juan Ramón Jiménez con Platero, pero si se les ocurre llamar a sus semejantes de “género” ¡Arre, mi caballo, pidamos sin descanso el VOTO MANUAL, i rechazemos las captahuellas, porque no tenemos dedo pulgar, sino un casco que no cabe en la pantalla de la maquinita. ¡No es como en Internet, que caben todas las estupideces posibles!


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Roberto Jiménez Maggiolo


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