Vos: ¿qué te creéis tú?

Dedicarse al estudio del origen, procesos de transformación, y batallas entre sí de los lenguajes que conoce el mundo, si bien es un mérito científico respetable, me parece obra de un crucificado. Nada en esta vida me ha parecido más tedioso que eso, pero imprescindible para llegar al nivel de los idiomas que hoy día se hablan en el mundo. En las lenguas también se producen los procesos evolutivos y los saltos como en cualquier otro fenómeno de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento. Creo que el comunismo desarrollado se ocupará, por efecto no sólo de necesidad sino de la economía de tiempo, de crear un idioma universal para que todos los vivientes se entiendan en la misma lengua. Eso redundará, sin duda, en logros colosales para la humanidad. Será la universalización de la palabra para la comunicación más entendible y eficaz entre todos. Será el dominio de la propiedad social de la lengua.

En estos días leyendo sobre esa materia me encontré con tantas cosas que pareciendo ‘pequeñas o insignificantes’ entendí que las lenguas han tenido su marcado sello de clase dominante no sólo para diferenciarse intelectualmente los de arriba de los de abajo (los explotadores y opresores de los explotados y oprimidos), sino para evidenciar el desprecio, la arrogancia, la autosuficiencia, el criterio de prepotencia y la visión mezquina -de quienes teniendo poder económico y por consiguiente alto nivel cultural- con que tratan a quienes son las víctimas del bagazo que también en la lengua se distribuye entre los que padecemos de la miseria social. De allí la importancia de leer y entender el Quijote como texto que expresa un idioma determinado y de una época específica. No para calárnoslo e imitarlo, sino como algo que nos hace ver esas diferencias que la propiedad privada, enriqueciendo a unos pocos y empobreciendo a muchos, nos ha legado e impuesto hasta el sol de hoy en cosa de idiomas. Ahora es cuando siento que los malandros han tenido hasta cierta razón en tratar delincuencialmente el idioma cuestionándole raíces que el intelecto no se ha ocupado de tomar en consideración para aliviarnos de tanta pesadez en el hablar y el escribir. Pero al mismo tiempo, más me convenzo que una revolución tiene la necesidad o está en el deber de inmediatamente tomado el poder comenzar a someter a crítica y cambios profundos todo aquello que del idioma no sirva al progreso y desarrollo de la humanidad.

La burguesía, en el capitalismo, impone las reglas de juego del comportamiento humano y no puede ser de otra manera. Igual lo hace en cuestión de idioma o lengua. Encontrar un burgués que permita que un obrero lo trate de “tu” o “”, implica el mismo esfuerzo para hallar una aguja en un pajal. Ahora, eso mismo implicaría, encontrarse con un patrón, amparado en su dominio económico, tratar a un obrero de “usted”. Es el rico quien utiliza el “tu” o “” para dirigirse al obrero, mientras éste lo trata de “usted”. Eso nos lleva a la siguiente conclusión: el hecho de no ser culto no significa que se sea mal educado o irrespetuoso o ignorante por completo. No pocas veces el mal ejemplo del pueblo termina siendo el ‘doctor’ y no el zapatero. El “tu” o “” estaba destinado, antes del imperio capitalista y bastante también en éste, al trato íntimo familiar o a la comunicación con gente ‘inferior

Me impresionó mucho un caso de violencia producto del uso de una simple palabra, pero cuyo significado era, sin duda, de clase y no propiamente de un idioma para comunicarse todos los seres humanos por igual. En 1579 un secretario de nombre Antonio de Erazo se dirigió a un señor de apellidos Gutiérrez López en pleno ejercicio del Consejo tratándolo de “vos”. Eso fue peor que si le hubieran mentado a su madre, lo concibió como una ofensa que lo ubicaba como un nadie o un ser inferior, y entonces se resolvió el ‘abuso’ a punta de cuchilladas.

 Con la palabra “vos” se trataba a los criados, a los mozos grandes, a los labradores y personas semejantes. ¿Cómo ocurrírsele a Erazo tratar de “vos” al señor Gutiérrez López que no era ni criado, ni mozo grande, ni labrador ni persona semejante a la chusma. Para evitar duelos a cuchillo o descortesía entre personas semejantes, pero de arriba, nació eso de “vuestra merced” que, por cierto, caracteriza mucho el lenguaje de Sancho para tratar a su amo y señor el caballero hidalgo don Quijote de La Mancha, que era de clase superior a la del (como antes se hablaba). Imaginémonos al señor Gutiérrez López viviendo en cualquier barrio empobrecido de Maracaibo. No dormiría cayéndose a puñalada limpia con todos sus vecinos maldiciendo a los maracuchos, aunque éstos le preguntaran: ¿Cómo sabéis vos que somos maracuchos?

Pienso, en este momento, el sufrimiento que padecerá la burguesía –oligarquía económica- y su intelectualidad beneficiada por abultada regalía cuando el socialismo les haga ver que ya su lenguaje no ocupe un lugar privilegiado para tratar con su desfachatez y desprecio a la chusma que le ha hecho la revolución, y le ha transformado de pie a cabeza el modo de producción capitalista. Tratamiento igual de lenguaje tiene que implicar, necesariamente, un tratamiento semejante en trabajo, educación, hábitos y distribución de la riqueza. Si la cultura y el arte son universales, el idioma habrá alcanzado un nivel de desarrollo haciendo una limpieza total de aquellas palabras o aquellos conceptos que ya no serán ni estudiados, ni asimilados ni pronunciados por la humanidad emancipada de toda expresión de esclavitud material y espiritual.

Todas las palabras y conceptos que tengan esencia de clase social se extinguirán en el nuevo lenguaje de la humanidad cuando ya no haya ningún síntoma de explotación y opresión del hombre por el hombre. En el comunismo: ¡para qué, por ejemplo, “burguesía o proletariado”, “Estado o política”, “plusvalía o mercancía”, “burocracia o corrupción”, “partido político o sindicato”, “egoísmo o especulación”, “prostitución o esclavo”, “oligarquía o imperialismo”, “guerra o colonialismo”, “mendigo o estafador”…?

Vos, imperialismo, ya nosotros sabéis lo que pensáis y lo que queréis y lo que hacéis. ¿Sabéis vos lo que nosotros pensáis y queréis?: socialismo.


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Freddy Yépez


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