Oly Millán, el reformismo y el "punto de no retorno"

Oly Millán dice en una parte de una entrevista, que en el año 2007 "se había agotado el modelo revolucionario" ¿A qué se habrá referido? ¡No lo explica! Y el periodista, como siempre, da la sentencia como sobre entendida ¿Cuál modelo fue ese modelo que se agotó? ¿El modelo rentista? ¿Qué tiene que ver eso con la revolución socialista?... Porque, para nosotros, el modelo revolucionario nunca se agota, por lo menos el modelo revolucionario socialista. La revolución es un modelo, si se quiere, existencial, es una forma de vida. Y la revolución socialista es un modelo para perfeccionar la sociedad hacia la justicia social y la igualdad social, es decir, humanamente hablando, siempre avanza. El modelo revolucionario no se agota porque unos burócratas y un grupo de políticos ineptos no sepan para qué ni para quién trabajan; cuál es el fin del esfuerzo social del revolucionario. El modelo revolucionario es el modelo moral revolucionario, político e ideológico, el cual se sostiene en tensión constante; se trata de la lucha perenne, dentro y fuera del individuo, para vencer todo aquello que nos liga con lo que queremos cambiar (lucha de clases, podemos llamarla). Podríamos decir que la revolución socialista crece con el individuo; la sociedad honesta crece con la honestidad del individuo, y así con la verdad, con la solidaridad, con la crítica tenaz, el amor al prójimo. Pero también la comprensión del sistema que queremos cambiar, el conocimiento crece en revolución junto con el individuo. No es posible una revolución llena de gente opacada, conformista, burocratizada, sin espíritu creativo, de invención, de cambio, pero tampoco sin espíritu científico.

Esto es una reflexión abstracta de lo que debería distinguir al modelo revolucionario de lo que habla en su entrevista Oly Millán, donde no se sabe con exactitud a qué se refiere, cuando dice que "el modelo revolucionario se agotó". El problema de hablar así es que siempre se calumnia algo o a alguien. En este caso nos alude y alude al socialismo, a muchos luchadores revolucionarios socialistas… y al mismo Chávez. Digamos que se trata de una visión bastante plana para juzgar ese esfuerzo tan importante por cambiar la sociedad que se hizo en 13 años; es una sentencia bastante cargada de prejuicios. Un revolucionario no debería actuar de manera prejuiciosa, y es por eso que no consideramos que Oly Millán sea socialista y revolucionaria: ella ya carga con "su modelo" en su crítica; cuando mucho, se trata de una profesional honesta que cree en la democracia de siempre (burguesa, pero quizás le sonaría muy fuerte a ella esta palabra). Es el meollo de la socialdemocracia y de los socialdemócratas, el dar por superado (quizá desde la misma revolución Rusa) el modelo revolucionario y socialista.

Sin embargo, la tragedia de la socialdemocracia ha sido, hasta hoy, que no ha podido vencer a la hegemonía capitalista. El capitalismo, como un hoyo negro absorbe todos los buenos deseos de conciliar o acercar las clases sociales dentro del capitalismo. Digamos que hacer, de una sociedad como la nuestra, algo parecido a Dinamarca o a Suecia, a EUA, "porque si esas sociedades lo pueden ¿por qué no otras, otras como la nuestra?"

La respuesta es simple, porque esas economías, esa armonía, esas sociedades pulcras se construyen sobre el hambre y la muerte y la infección de millones de seres humanos. Por cada familia que goza de agua potable más agua caliente y calefacción, calles limpias, escuelas, alimentos frescos y sanos, servicios médicos eficientes, súper seguras, etc., que hace vida en esos países más desarrollados, también existen miles de familias o personas que pagan ese costo con creces, en cualquier parte del planeta. Por tres carros en uso en una casa clase media del Marqués (por decir algo) hay cientos de miles de gente sin combustible, sin agua, sin salud, sin educación etc. Y muchas veces (más veces de lo pensado) estos desgraciados cohabitan en guetos en los mismos países donde hace vida decentemente una clase media pulcra y despreocupada, como si viviera en una sociedad ideal, ordenada, limpia, educada (Inglaterra, por ejemplo; EUA, por ejemplo, Brasil; Italia; Francia, etc….)

La democracia burguesa es limitada, no tiene posibilidades de "juego": o sirve a los intereses de los más ricos o no es necesaria. Es por eso que los sueños socialdemócratas (cuando los hay) se desvanecen pronto si logran hacerse del poder e intentan reformar el sistema capitalista.

En la base de todo fracaso revolucionario están los sueños reformadores del capitalismo; el reformismo es una enfermedad de la voluntad revolucionaria. Y lo más probable es que estos soñadores digan "por lo menos somos más realistas que ustedes, que sueñan con una sociedad de iguales y un mundo justo". Entonces –decimos nosotros- ¡no seríamos Humanos!, con hace mayúscula. No obstante, estos soñadores e idealistas han hecho posible que las historia Humanamente avance, que las sociedades y el espíritu Humano avance, como un espiral, recogiendo frutos de los errores y el fracaso, y acercarse cada vez más al logro de sus objetivos políticos, espirituales, morales; conquiste la humanidad, como decía Chávez, el "punto de no retorno" –una frase que en el medio de la demagogia presente, solo le perteneció a él, porque solo él supo dónde, en el espíritu Humano, se podía alcanzar ese "punto de no retorno".

Nosotros entendemos el "punto de no retorno" como una experiencia de la voluntad Humana y Humanista, la cual se traduce en la preservación de la especie, en acciones valientes e inteligentes; en política y en trabajo revolucionarios, en amor al prójimo.

 

 

 



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Marcos Luna


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