Fallas constitucionales y Suplementos constituyentistas

Por ejemplo,  “Cumplir las leyes y hacerlas cumplir” no basta. Tales leyes deben hacerse cumplir y cumplirlas en su debida oportunidad; desfasadas ya no servirían de mucho.

 Es más, si las leyes no se aplican oportunamente se convierten precedentes estimulatorios para la reiterada comisión de esos mismos delitos que implícitamente el procedimiento burocrático lento  o corrupto los permite, los fomenta y los precondona con la impunidad protocolar.

Designar comisiones ejecutivas, otro ejemplo,  que funjan de  intermediarios entre los órganos de Justicia, entre  los órganos gubernamentales locales, regionales y nacionales, y los posibles infractores, aun con el “bienintencionado” objetivo de agilizar y afinar el cumplimiento oportuno de las leyes y de sus correspondientes sanciones, ha resultado en/y seguirá incrementando sólo trabas burocráticas o palos en las ruedas del carro de la  JUSTICIA.

Hay que ser bien cegatos para no darnos cuenta de lo  inservible, por ejemplo, que han resultado la SUNDAE y sus predecesoras comisiones, y no porque sus comisionados sean ineptos en la ejecución de sus encomiendas correctivas, es que mientras no se les otorgue   plenos poderes sancionatorios y enjuiciatorios con la mayor brevedad o con  capacidad financiera y con una suficiente dotación de fiscales a su servicio directo para la aplicación inmediata de las penas y multas correspondientes, mientras sean sólo intermediarios protocolares, esos comisionados sólo representan cargas malversadoras de fondos necesarios en otras instancias y organismos  públicos, y en casos peores se prestan para el financiamiento de caballos y yeguas de Troya.

Es que ya está más que demostrado  que esas comisiones intermediarias y robustecedoras de los protocolos, que ya de por sí son organismo dilatorios y malversadores de fondos públicos, tienden a convertirse en amplias puertas abiertas al robustecimiento de la corrupción por aquello del “cuánto hay pa´eso”. Son sólo onerosos y antieconómicos intermediarios que retardan la aplicación de las leyes, y, lejos de mejorar su aplicación oportuna, las sobrerretardan, y de allí que cada día abunde más el infractor de los casos afrontados por la SUNDAE.

Es que, además, a los “caballos de Troya” los tenemos muy bien desparramados a lo largo y ancho de todos los ministerios, pero marcada y estratégicamente en los servicios y ministerios estratégicos: PdvsaGas1],  Corpoelec,  Hidrocentro,  Sundae (?) y afines.

Tales fallas constitucionales ameritan una terapia de urgencia, porque tendenciosamente, con rarísimas excepciones, la mayoría de esos burócratas, comisionistas o no, son susceptibles de ser asimilados a mercancía-son potencialmente corruptibles ante el billete porque han respirado, comido, descomido, bebido y desbebido en la atmósfera de la comercializadora burguesía-  

De poco sirve que el Presidente firme y apruebe tal o cuál presupuesto, tal o cual Comisión,  si a esta no la controla y el propio Presidente sanciona delitos directamente. La división de los poderes públicos, mediados por partidos políticos,  es la más perjudicial característica republicana burguesa, una suerte de maldición montesquiana hecha a la medida del pensamiento burgués.

 Es que cuando un Presidente aglutina y centraliza los poderes  se les  tilda  de DICTADORES y de antidemócrata, pero en otros casos el poder legislativo suele  encargarse de entrabar la gestión del Presidente ya que, por ejemplo, cuando la Asamblea cae en manos opositoras se encarga de socavar las bases del Poder Judicial, del  Poder ciudadano y del Poder Electoral en aras de aislar el poder Ejecutivo y sacarlo del juego. Si esos poderes no les obedecen a los diputados en cuestión, entonces esgrimen  venalidad o compra de parte del Presidente de la república.

En paralelo o complementariamente, el voto chavista es un voto mestizo desde su nacimiento. Chávez logró aglutinar los más diversos y encontrados criterios políticos que reinaron durante el Puntofijismo y cuya mejor amalgama se hallaba polarizada entre adecos, falsos izquierdistas (light) y copeyanos.

Los simpatizantes y afiliados a los partidos políticos[2] con tendencias  marxistas de la llamada izquierda han sido, por lo general y contradictoriamente, los más contrarios a la unión de los proletarios.

Cada líder de izquierda asume ser el mejor intérprete de las enseñanzas socialistas. No hay manera de negar que la unión de los trabajadores de izquierda es más exigente que la fugaz y deleznable unión de los trabajadores no socialistas.

Los acuerdos de, por ejemplo, el Gran Polo Patriótico, son eso, sólo acuerdos entre líderes, pero no unión de los trabajadores de los variopintos grupos y grupitos conformados por  asociaciones  políticopartidistas que han sido ejemplo de la  subyacente desunión lograda por la derecha con sus ejemplares, amplios y sostenidos individualismos burgueses.

Sobre esas bases, los líderes del partido PSUV y el grueso paquete del Polo Patriótico-ejemplo de desunión izquierdista-demuestran que es más fácil concientizar a los afiliados que a sus  líderes; estos suelen aferrarse a sus posiciones jerárquicas porque   suelen sentirse como  el semillero burocrático para potenciales ascensos burocráticos, locales, regionales y hasta nacionales.

Sobre esas bases, el gobierno preconstituyentista debe tomar urgentes medidas de saneamiento general de todo ese paquete de jefes y jefecitos de nuestro ministerios que tanto daño están causándole  al voto revolucionario y que podría trastrocar los aspirados y esperanzadores resultados de la ANC .

22/06/2017 01:51 p.m.


[1] En Valencia, los servicios de Corpoelec y de PdvsaGas y Barrio adentro (El Socorro, La Pastora) siguen deficientes, a pesar de las muchas  denuncias que ante autoridades sordas y cegatas  a diario formulan sus usuarios. Esta deficiencia es de vieja data.

[2] Los partidos políticos son el mejor ejemplo del divisionismo burgués, aunque se hayan vendido como  verdaderos defensores del pueblo. Sus integrantes suelen ser mestizos en sus profesiones y oficios, pero no pueden esgrimir sus desventajas laborales porque el partido se los prohíbe, o sea, les anula su independencia crítica (“Lavar los trapos sucios encasa”



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Manuel C. Martínez


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