La aguda escasez de medicinas

Correo a un amigo:

La cuestión, Malcolm, es que el problema del desabastecimiento de medicinas consiste en que no solamente es real sino también que es sumamente grave, y más que grave, gravísimo. Yo, como te dije una vez, soy hipertenso, por lo que tengo que estar tomando un fármaco diariamente para mantener controlada la tensión. Bueno, desde hace algún tiempo esa medicina, junto con otros antihipertensivos, desapareció del mercado y no sé como me las voy a arreglar para evitar un ACV, pues la última que me quedaba la utilicé hace cuatro días.

¿A qué se debe este desabastecimiento de medicamentos? Como mi esposa y yo logramos descubrir, se debe a la conspiración que factores contrarios al gobierno vienen desarrollando intensamente con el propósito de sacar a Maduro del gobierno. Al respecto, te cuento la siguiente anécdota que por sí misma es demasiado esclarecedora de lo que está sucediendo, y de la cual hablé en un artículo en Aporrea. Y aunque te parezca extraño, a pesar de lo delicado del asunto nadie se hizo eco de la misma. Y mucho menos el gobierno, que sólo está pendiente de sus reyertas con la oposición. Lo cual no sería criticable si no fuera porque por estar dedicado únicamente a esas rencillas y de mencionar logros y hacer promesas, ignora las cuestiones que afectan gravemente a la población y de las cuales jamás habla. Únicamente se ocupa en demostrar un aire triunfalista que nada tiene que ver con el que se respira, como dicen los narradores deportivos, a nivel de población. Te cuento la anécdota:

Resulta, que en vista de que el medicamento que estaba tomando para controlar la hipertensión estaba a punto de agotárseme, mi esposa se puso a llamar a varias farmacias para saber si lo tenían. Después de cuatro o cinco llamadas infructuosas, por fin se encontró una que contestó positivamente, es decir, que sí tenían la medicina. Mi amada costilla, ante aquel golpe de suerte, se vistió y se fue en busca de la misma. Y cuando llegó a la farmacia y preguntó por el medicamento ¿qué crees tú que sucedió? Que le dijeron que no lo tenían.

Claro, ante aquello, que mi esposa consideró una burla incalificable, montó en cólera y les dijo un montón de cosas. Y entre las cosas que les dijo fue que los iba a denunciar porque estaba segura que la tenían acaparada. Esta, al parecer, fue la frase mágica, el abracadabra, porque de inmediato le respondieron: "...pero, bueno, señora, por favor, cálmese, déjeme revisar de nuevo para ver si de repente aparecen algunas por ahí que no hayamos visto, espere un momento", y se alejó. Poco tiempo después reapareció diciendo que efectivamente quedaban algunas.

-Bueno, véndame tres cajas -respondió mi esposa-. Y les fueron vendidas las tres cajas. Algo insólito, porque normalmente no venden más de dos.

Por otra parte, me dedicaba ayer en la mañana a buscar por toda la ciudad la tan esquiva medicina. Era un trajín agotador, extenuante, que se hacía más insoportable debido al sofocante calor. Por eso decidí hacer un alto para refrescarme. Con esa finalidad entré en una fuente de soda para tomar cualquier cosa. Me ubiqué en la barra, y al rato de estar allí tomándome un jugo de naranja, se sentó a mi lado un señor con el cual no tardamos, como casi siempre sucede en estos casos, en entrar e conversación. En eso estábamos, hablando acerca de la situación del país, cuando la conversación giró de repente hacia un tema que ha estado generando mucha preocupación: la escasez de las medicinas. En relación con este problema, me contó algo que por supuesto no puse en duda, por cuanto era bastante coherente con los planes que la oposición viene desarrollando y que tiene por finalidad derrocar al gobierno, y con lo que nos había sucedido apropósito de la farmacia. Al respecto, me contó que por la frontera estaban sacando hacia Colombia bultos enteros de medicinas. Lo que no recuerdo bien es si me dijo que la GN había decomisado algunos de esos bultos o no.

Pero eso no es todo, porque una hija, maestra parbularia, entró en contacto con una muchacha que trabaja en una farmacia. Y lo que contó esta muchacha es algo que por insólito pareciera sacado de una novela de ficción, pero que sin embargo guarda estrecha relación con los mencionados planes insurreccionales de la oposición y el Dpto. de Estado. Esta informante le contó a mi hija que a la farmacia donde ella trabaja se apareció un grupo de personas y compraron todas las existencias de medicinas que tuvieran, especialmente aquellas que se pudieran considerar como estratégicas como antibióticos, antihipertensivos, antihistamínicos (decadrón, cortisona, etc.), antidiarreicos, contra el asma, contra la diabetes, antipiréticos, etc.

Ahora, si se relaciona el incidente de la farmacia con lo contado por el señor de la fuente de soda y con lo referido por esta muchacha, y si además de eso se toma en cuenta que las farmacias continúan abiertas con todo su personal completo y con los aires acondicionados y neveras funcionando normalmente, y todo eso a pesar de que es evidente que casi no están vendiendo para cubrir esos gastos, no se puede pensar en otra cosa sino que existe un plan diabólico contra el gobierno. Un plan que, para el logro de ese objetivo, no duda en sacrificar criminalmente la salud de la gente. Una conspiración, en fin, que no duda en matar la población, como lo han venido haciendo, pero esta vez negándoles las medicinas.

Antes de terminar estas líneas, no quisiera hacerlo sin referirme a la manera en que culminó la inútil búsqueda de la medicina. En efecto, terminada esa búsqueda y de regreso a la casa, me tropecé incidentalmente con el seguro social de Sabaneta. Aproveché la oportunidad para ingresar y tomarme la tensión que sospechaba que se me había disparado peligrosamente.Se trata, como pude comprobarlo una vez adentro, de unas instalaciones que, sin exageración, nada tienen que envidiarle a las mejores y más costosas clínicas de la ciudad -y cuidado si es al revés-. Con espaciosos salones que brillan por su pulcritud y limpieza. Con amplios ventanales de vidrio, que además de permitir una agradable vista al exterior, contribuyen a una perfecta iluminación de los ambientes. Y para completar y hacer más agradable la permanencia en esas instalaciones, la ventilación corre a cargo del aire acondicionado central.

Pues bien, llegué, y después de breves minutos en el salón de espera, me dirigí directamente al consultorio médico. Allí, una diligente enfermera al conocer el motivo de mi presencia en ese Seguro, me hizo sentar y me tomó la tensión con un aparato digital adosado a la pared (última tecnología). Me colocó la banda en el brazo y presionó un botón, lo demás lo hizo el tensiómetro. El resultado confirmó mi sospecha, pues la presión sanguínea la tenía en 22. Y no era para menos, si se toma en cuenta el sofocón que experimentaba en ese momento, producto del intenso ajetreo de la mañana.

De inmediato, la misma muchacha me condujo a un saloncito dotado de instalaciones para el suministro de oxígeno y un par de cómodas butacas. Me colocó la mascarilla y se fue. Me sentí tan bien y cómodo, que casi me duermo. No lo hice porque en ese instante se apareció la propia doctora de guardia quien me dio una pastilla para que me la tomara. No lo hice, sino que me la coloqué debajo de la lengua. Por eso supe que lo que me había suministrado la médica era nifedipino de 10 miligramo. Luego, pasada media hora, se volvió aparecer la muchacha.Me quitó el oxígeno y me condujo de nuevo, un poco a regañadientes de mi parte, hacia el tensiómetro. Me tomó la tensión y me quedé boquiabierto, pues no podía creer lo que con mis propios ojo estaba viendo. La presión había registrado un descenso tan drástico que se había colocado en 14. Y en vista de que me negaba a aceptar ese resultado, me la volvió a tomar y esta vez no registró 14 sino 13,.

Te cuento esto, Malcolm, y por esta vía, porque deseo desmentir todas las infamias que una oposición desequilibrada dice de nuestros hospitales públicos. Se les acusa, entre otras múltiple carencias e irregularidades, de que no cuenta con medicamentos. Y ya ves, tenía el Nifedipino que, como podrá comprobarlo, no se consigue en ninguna otra parte. Y no se consigue por las razones antes señaladas. Y no es que no haya problemas, las hay. Como el que se suscitó en esta misma instalación hospitalaria y que en su momento fue reseñado por Panorama. Me refiero al entierro de un lote de medicinas que se le hizo llegar a este centro hospitalario. Interrogada la directora del mismo acerca de los motivos que la obligaron a desechar esas medicinas, dijo "que las había descartado porque estaban vencidas". ¿Y por qué no las devolvió? ¿Por qué hizo que las enterraran? Fue la pregunta que al reportero se le olvidó hacerle a esta señora. Ahí queda eso.

NOTA: El problema de dejar de informar a la población de cuestiones acerca de las cuales debía estar informada, es y ha sido el talón de Aquiles de este Proceso. Hasta ahora, ninguno de los que han estado al frente de esa estratégica actividad han dado la talla.



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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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