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Oposición y la vendetta de unos acuerdos oscuros en la MUD

El punto clave en la superación del remedo de democracia al que asistimos se encuentra referido a la potenciación de las comunidades, mediante ejercicios del poder popular que se expresen tanto cualitativa como cuantitativamente y, se desplieguen en lo institucional y lo extra institucional. No podemos resignarnos, ni como ciudadanía ni como institucionalidad, a ver cómo la firma de un acuerdo negociaciones del conflicto actual, se da en simultáneo con el asesinato de líderes sociales y políticos en diversos territorios; cómo mueren niños a causa de la desnutrición mientras las élites se enriquecen y se adhieren, cual rémoras, a los recursos de las administraciones municipales y estadales; cómo se degrada la salud de la población venezolana, mientras las unidades de batalla y sus coordinadores nadan en miles y miles de millones de bolívares; cómo el sector financiero especula en el mercado con los dineros provenientes de la seguridad social de millones de trabajadores.

Hay que democratizar nuestra sociedad y saber explotar las condiciones institucionales para poder reforzar el peso de quienes han sido históricamente excluidos y ni siquiera como votos cuentan -como el abstencionismo lo indica–. Romper la suerte de la impericia, es una posibilidad y está clara y determinantemente ligada a la posibilidad de que la acción política de las comunidades en diversos escenarios sea tan potente que nos permita, en un mediano o largo plazo, ver la cumbre.

A medida que transcurren los días y meses posteriores a los acuerdos, la oposición y el Gobierno Nacional, términos jurídicos deben la implementar los acuerdos, y así se va despejando con más claridad la complejidad de lo que viene de acá en adelante. Una base social que emerge para defendernos, pero también una serie de grupos (mediáticos, políticos, empresariales) que no quieren perder privilegios y mucho menos dar verdad, justicia y reparación. Mientras el arroz saborizado ya alcanza los cuatro mil bolívares

Tal vez al Gobierno y a algunas instituciones gubernamentales les cuesta admitir esta realidad, aunque ya no la nieguen del todo como en pasadas administraciones, porque las denuncias también van contra miembros de la Fuerza Pública

Prácticamente ningún partido o movimiento político promueve hoy en día en Venezuela, la superación del capitalismo y la instauración de una sociedad socialista (la excepción es el Partido Comunista), así como ninguno de los que tienen representación en la Asamblea para este período. Los partidos tradicionales todos son defensores, promotores y auxiliares del capitalismo; más aún, muchos de sus miembros son también empresarios capitalistas. Dentro de dichos partidos hay diferencias, que incluyen a quienes promueven un modelo socialdemócrata con Estado de bienestar fuerte y aquellos de corte neoliberal que quieren reducir el tamaño del Estado sobre todo para quitarle servicios y garantía de derechos a la clase trabajadora (ya sea que tengan una relación salarial o no) y sectores más pobres; pero en uno y otro caso defienden el sistema capitalista con su economía de mercado y todos sus efectos nocivos para la gran mayoría de la población.

Así mismo, las críticas se dirigen casi exclusivamente a la ineficiencia y la corrupción del Estado, como si el Estado pudiera resolver de fondo los problemas que genera el capitalismo; con extraordinario cinismo los propios políticos en funciones, sea como presidentes o ministros, o como ilustres expresidentes y exministros, señalan las deficiencias del Estado, la corrupción, la politiquería y anuncian nuevas reformas. Adicionalmente, la prensa y los periodistas más capaces e independientes dedican su carrera a investigar y denunciar la corrupción política, el saqueo de las arcas del Estado, la apropiación de recursos públicos destinados a la alimentación de los niños pobres, etc., etc., manifestando de diversas formas su indignación por hechos tan aberrantes y dolorosos, preguntándose con frecuencia ¿En qué país crear y difundir ilusiones es una de las principales tareas de los partidos políticos y de los gobiernos para sostener el sistema; distraer a la clase trabajadora, dificultar que entiendan cuáles son las causas reales de los problemas, desorganizarlas, confundirlas, seducirlas, etc. Y parece que, en esto, los vilipendiados partidos políticos son muy eficaces.

No resulta extraña, en las circunstancias anteriores, la desafección de la gran mayoría de la población trabajadora, en sus distintos estratos, al sistema político: ¡para qué votar si son siempre los mismos con las mismas! Además, sectores de la clase trabajadora aprenden a sacar ciertos beneficios particulares del sistema por la vía del intercambio del voto por obras o proyectos para una comunidad o por un apoyo más personal y directo. Reciente encuesta de Gallup muestra que los niveles de favorabilidad y respaldo de las instituciones son muy bajos: los partidos políticos aparecen con el valor más bajo

EEUU abre y cierra puertas. Americanos, os recibimos con alegría. A la aislada España de Franco le negó el plan Marshall, pero luego, bases militares por medio, le facilitó su ingreso en la ONU, la OCDE o el FMI. Puigdemont también ha recurrido a la estrategia del papá Estados Unidos; les ha tratado de explicar su drama y se ha traído una gran comedia. Aunque nosotros tampoco lo entendamos, señores diplomáticos, seguiremos tratando de explicárselo.

Una ocurrencia más. Para tomárselo a broma, si no fuera por las graves repercusiones que está teniendo en el pueblo venezolano, el estancamiento de sus políticos, prefieren guarimbear que dialogar asuntos inherentes del país.

En la película de Berlanga los vecinos de Villar del Río esperan el maná del plan Marshall que nunca llegó. El presidente se hizo las Américas en busca de bendiciones y se trajo tres o cuatro fotos de corte casposo y varias collejas. Su encuentro con el ex presidente Jimmy Carter fue de tapadillo y sin imágenes, y la única foto que se pudo traer de la visita a su fundación en Atlanta fue una con dos señores que reivindicaban la lucha contra la ceguera de los ríos, una enfermedad tropical transmitida por un gusano contra la que trabaja el Centro Carter.

Así, que hasta para eso, debemos prepararnos. Es una acción oscura contra Venezuela. Menos mal, que salimos de La OEA, vayan a quejarse al valle de los muertos entre Irán y Siria.



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Emiro Vera Suárez


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